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Empecemos por nosotros mismos

Si usted se ve afectado por la mala conducta colectiva de nuestra sociedad es momento de reflexionar y actuar para cambiarla. En otras palabras, si ha considerado lo mal que se maneja en el país, lo menos que puede hacer es mejorar su propia técnica.

Desde luego es más fácil diluir, delegar y enmascarar la responsabilidad en la colectividad, que hacerse responsable de manera alícuota, porque no existe una cultura orientada a fomentar valores. Lo más común es encontrar quien piense que la ley está para los demás pero no para él, lo cual es sustentado con chantajes cuando esa persona sufre las consecuencias. Esta actitud es cultivada y desarrollada en un marco de resentimiento social de proporciones insospechadas.

Por ejemplo, alguien a quien cualquiera puede considerar un buen conductor circulaba en su auto de reciente modelo sobre la Calzada San Juan, cuando un hombre maduro salió de una bocacalle sin ningún cuidado, chocándolo. El argumento del culpable absoluto fue: “Yo venía saliendo con mi carrito viejito, usted en su flamante carro circulaba sin cuidado por la calzada y por eso lo topé”. Luego agregó: “¿Quién me va a pagar la compostura de mi parachoques?”.

Y ¿qué decir del chofer de autobús que recriminó a las autoridades de la Policía Municipal de Tránsito porque, según sus propias palabras ante las cámaras de televisión, “no lo dejan trabajar a uno. No tengo la licencia de conducir, pero ando trabajando. ¿O quieren que uno se vuelva ladrón?”. Es decir, chantajea con el argumento: o se le permite una falta mayor o delinque.

Lo peor de esos caraduras, con sus argumentos privados de la mínima lógica, es que se salen con la suya, porque para evitar mayores molestias el buen conductor optó por hacerse cargo de los daños de su propio auto y, en el reportaje televisivo, no se indicó a qué juzgado fue enviado el chofer de bus, quien pretende chantajear a toda una sociedad por no orientarse hacia un trabajo digno y lícito.

A esto se une el vacío de liderazgo existente porque no hay una entidad generadora de respeto, solidaridad y guía, teniendo como resultante un caos vial donde manejar un auto, más que una tarea, es una aventura extrema.

Urgen cambios y los llamados a realizarlos somos nosotros mismos, en nuestros hogares, con nuestros amigos, en el trabajo. Démosnos el lujo de ser respetuosos de la sociedad, distingámosnos por ser buenos. Si nosotros no generamos nuestro bienestar, no esperemos que lo haga otra persona. Empecemos por nosotros mismos y así podremos exigir a los demás.




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