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| Extraordinaria manufactura miniaturas de un motor de alrededor de 1890. Nótense las llaves de paso y las tubería de cobre. Todo funciona como en el ingenio original. |
Existe todo un mundo de ingenios liliputienses, con llaves miniatura, minituberías y calderas con minúsculos manómetros. Vienen como juegos para armar, o ya terminados, para deleite del perfeccionista aficionado a la mecánica fina.
Si usted tiene más de 45 años de edad tal vez recuerde aquella señorial tienda situada sobre la 6ª Avenida entre las 8ª y 9ª calles de la zona 1: Biener y Tabush.
En el segundo piso estaba la juguetería donde junto a mecanos, caballeros andantes, bandidos mexicanos y pequeños laboratorios de química, llamaban la atención unas pequeñas aplanadoras inglesas que funcionaban con vapor de agua. Era un juguete caro, pero sobre todo exclusivo porque pocos sabían apreciar la mecánica e ingeniería implícitas en su funcionamiento.
La buena noticia es que hoy aún se fabrican juguetes similares en Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos y, sobre todo, en el Reino Unido, donde la pasión por los autos, el motor y su nostalgia parecen ser un mal nacional. De seguro hay manufacturas en otras partes.
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| Modelo a escala de un motor portátil francés de finales del siglo XIX. La que fuera una máquina bruta es hoy un precioso mecanismo. |
Por razones de espacio consideremos sólo a Stuart Models, Historic Steam Models y Jensen Steam Engines. Los tres venden modelos terminados, repuestos para ellos o juegos para armar.
La opción que elija es cuestión de gusto personal. Los modelos terminados, prêt à-porter por así decirlo, tienen la ventaja de funcionar de inmediato, pero sin el aporte didáctico de los kits.
Los kits, por su parte, se consiguen en dos modalidades como un juego de piezas para ensamblar siguiendo un instructivo detallado o, si usted quiere demostrar su extrema habilidad, sólo como un plano de las partes, para fabricarlas de bloques de metal con la ayuda de torno, sierras, limas y otra legión de herramientas.
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| Las réplicas no se limitan a motores. Este modelo Stuart reproduce una fresadora industrial. |
La última alternativa lo convertirá en todo un señor modelista, pero requiere mucha más habilidad, paciencia y es más cara que las otras.
Al igual que las réplicas de trenes más avanzadas, las de motores estacionarios, los que dieron vida a la Revolución Industrial, son más bien juguetes para adultos porque se adaptan a muchas funciones. Por ejemplo, Jensen vende dinamos y bombillas pequeñísimas para que el motor se convierta en un microgenerador de electricidad (por supuesto la bombilla enciende).
Cuando uno los ensambla, siguiendo el paso a paso de la fábrica, enseñan el funcionamiento y los principios físicos básicos para hacerlos trabajar, constituyendo un entretenimiento que desarrolla destreza e intelecto.
Aun los más experimentados ingenieros mecánicos, como dice un sitio web sobre el tema, sonríen al verlos funcionar. Y espere su reacción cuando escuche el ruido de estas plantas poder, tan repetitivo y armónico como cualquier pieza de música concreta.
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