| Lo importante ha sido relegado por lo urgente |
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Al preguntarle al escritor mexicano Carlos Cuauhtémoc Sánchez sobre los cambios en los valores humanos actuales, expresó la frase con la cual se titula esta columna. Certera, lapidaria y polivalente, dibuja el escenario nacional en comparación con el contexto global.
Mientras en Europa los caballos de potencia, los Newton-metro y la aceleración de cero a cien han cedido el lugar a los gramos de CO2 por kilómetro, en nuestro país manifestamos un total desprecio por el medio ambiente.
La mayoría de la población sueña con ir a traer un carro usado a Estados Unidos, comprarlo a algún pariente dedicado a ese comercio informal o aprovechar una ganga.
Si es necesario, para personalizarlo, colocarle llantas más anchas con las cuales se tiene mayor resistencia al avance y, por lo tanto, mayor consumo y valores más altos de contaminación. Desde luego con un aparato de sonido, con potencia más allá de la soportada por el oído normal, para generar contaminación sonora. Y así podrían mencionarse un sinfín de acciones tendentes a empeorar la calidad de vida.
El costo político de tomar medidas para regular las emisiones de gases contaminantes parece no dar un paso al auténtico desarrollo, no al que nos alimente hoy, sino al generador de mejor calidad de vida en el corto y largo plazos.
Similar es el caso de la importación de automóviles usados, práctica que debería ser gravada a través del precio a la primera placa de circulación, con un monto del 50 al 100 por ciento del precio facturado.
Los cambios provocados por nuestra negligencia ecológica están pasando factura. Más enfermedades, más accidentes, mayor estrés y menor bienestar.
En medio de todo este caos parece ser que sólo el Transmetro, con todas sus aristas, resulta ser una luz al final del túnel, un acierto actual con repercusión positiva a mediano y largo plazos. Lo ideal sería continuar con el proceso del eje este-oeste que atraviese la ciudad.
Debemos abrir los ojos hacia un horizonte más amplio, donde el bien común sea el producto de la convivencia más humana, es decir, tomar medidas para solventar no solamente lo urgente, sino lo importante.
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