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¿Quién enseña a manejar?

Parece que la única condición necesaria para constituirse en “instructor de manejo automotriz” es tener licencia profesional tipo A.  Este permiso es emitido cuando se cuenta con algunos años de tener las livianas tipos C o B, las cuales sólo Dios y quien la posee saben en qué circunstancias fueron emitidas.

Choferes de microbuses de 17 años de edad, licencias falsas, emisión de licencias sin haber pasado por una prueba práctica de la habilidad al volante, entre otros, son los condimentos más importantes, así como determinantes para provocar un ambiente de riesgo vial en nuestras calles y carreteras.

Si la eficacia de un proceso se mide por sus resultados, no cabe la menor duda de que el aprendizaje para conducir tiene serias deficiencias, vicios y malas prácticas.  De lo contrario todos los poseedores de licencia, quienes antes debieron haber tomado clases y someterse a un examen práctico, contarían con buenos hábitos, respetarían las leyes, e indudablemente el número de accidentes sería mucho más bajo.

La pregunta base es: ¿quién ha “enseñado” a manejar al llamado “instructor”?, ¿tiene él capacidad y experiencia para hacerlo?, ¿maneja bien?, ¿conoce las leyes de tránsito?, ¿las respeta?  Esto es sólo parte de un largo listado de dudas que probablemente tendrían una respuesta negativa.
Al igual que en la aeronáutica, los instructores automotrices deben tener sobrada e incuestionable capacidad formal para serlo.  En otras tareas y carreras es similar, si una persona quiere trabajar como enfermero o técnico en panadería, igual tendrá que prepararse en la materia específica de su competencia.

Los conductores son una pieza del rompecabezas de la seguridad vial y, de acuerdo a los principios básicos, se debería establecer una escuela de instructores con credenciales suficientes para garantizar una formación técnica adecuada.  La educación formal sobre el tema es importantísima para romper el actual círculo vicioso causa-efecto.

Cambiaremos la calidad de nuestro tránsito vehicular cuando haya educación vial a todo nivel y, desde luego, cuando los instructores encargados de enseñar a manejar sean producto de un proceso formal de aprendizaje, como se hace en otros países.  Ojalá las nuevas autoridades tomen decisiones orientadas en este sentido, de forma que las mejoras se perciban a corto plazo. 




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