Para el maestro Arnoldo Ramírez Amaya la perfección del auto de Fórmula 1 sólo es comparable con el trazo de un Da Vinci, a quien considera el maestro de maestros.
Las líneas orgánicas, composiciones que rozan con lo gótico, son un canto de la plástica a la máquina capaz de vencer a la fuerza de la naturaleza cuando la gravedad, la resistencia al viento y el clima se oponen al libre movimiento del F1.
Para Ramírez Amaya los diseñadores de los bólidos de la máxima categoría sólo tienen que recurrir a Da Vinci para encontrar los trazos perfectos que enunciaban ideas tan radicales como el principio del helicóptero, antes de la existencia de la aeronáutica.
Por Néstor A. Larrazábal B.
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