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De la mesa a los motores

Dos catedráticos universitarios se han convertido en verdaderos quijotes peleando contra la contaminación del medio ambiente en Guatemala, al impulsar un proyecto pionero para reciclar aceite de cocina y transformarlo en biodiésel.

Dos veces a la semana, desde muy temprano, Pedro Ordóñez y Erick Estrada, licenciados en química y catedráticos en la Facultad de Farmacia de la Universidad de San Carlos, se disponen a recorrer restaurantes y casas particulares con la intención de recolectar el aceite que ha sido utilizado para cocinar.

Armados con tambos de cinco galones y de mucha paciencia van llenando los recipientes debidamente acomodados en un pickup y al final de la tarde los llevan a la casa de Pedro. 

Allí la tarea continúa, pues deben vaciar el aceite en depósitos ubicados en la terraza de la vivienda.  El trabajo vale la pena, pues éste es la materia prima que les sirve para hacer el biodiésel, un proyecto con el cual soñaban desde hace muchos años, hoy convertido en realidad.

En una planta de tratamiento que Pedro y Erick crearon y montaron, dedicando tiempo y recursos, comienza la etapa de procesamiento del aceite. Todos los días, vestidos con overol, estos dos químicos le dedican tiempo a cada etapa del tratamiento, hasta la última, que es el control de calidad, para comprobar que el biodiésel está en un grado óptimo.  Luego, por la tarde, se dirigen a sus tareas de catedráticos universitarios.

Pedro Ordóñez reconoce las dificultades afrontadas durante los primeros dos años.  Tocaron las puertas de varias instituciones, pero nadie les quiso ayudar.  Sin embargo, no desistieron y con recursos propios decidieron iniciar la aventura.

Hoy comienzan a ver algunos frutos.  Cada semana logran procesar un promedio de 500 galones de biodiésel y, aunque lo hacen de una forma casera, los resultados valen pues ahora, cuando Pedro necesita combustible no va a la gasolinera; en su propio garaje llena el tanque de su Nissan Frontier, el cual funciona ciento por ciento con este tipo de diésel.

Pero no sólo eso, hay algunos transportistas que han comenzado a confiar en el proyecto y le compran biodiésel a Pedro y a Erick, para sus camiones.

Erick reconoce que la planta tiene la capacidad de producir 1,000 galones al día de combustible.  Sin embargo, la limitante es la cantidad de materia prima que se  consigue, pues en Guatemala no existe una cultura de reciclaje.

Ése es el otro propósito del proyecto, ya que el destino que se le da habitualmente al aceite empleado en la elaboración de comidas genera un impacto ambiental al ir a los desagües y contaminar el agua.

¿Y los motores?

Pero la pregunta de muchos es que si el biodiésel funciona en cualquiermotor diésel y qué modificaciones se le deberían hacer.  Erick aseguraque todos los vehículos con ese motor pueden utilizar este carburante ecológico sin necesidad de hacerle cambios.

Además el biodiésel, según algunas pruebas, mejora el rendimiento y alarga la vida del motor y de sus componentes, en especial los que están en contacto con el combustible, debido a su alto poder lubricante: reduce la fricción, el desgaste y el ruido y mejora la combustión al optimizar la potencia de la mecánica.

El ingeniero Pedro Ordóñez explica que las propiedades son similares al combustible diésel de petróleo, por lo que pueden mezclarse ambos en cualquier proporción, sin ningún tipo de problema.

Ordóñez ha comprobado en su pickup que el rendimiento y consumo son prácticamente idénticos a los del combustible tradicional.



En blanco y negro

Los cultivos destinados a biocombustibles ocupan tierras valiosas que podrían usarse para cultivar alimentos, especialmente en países empobrecidos.  Hay estimaciones realistas que sugieren que generar energía a partir de cultivos requiere más energía fósil que la energía producida, y que no reducen sustancialmente las emisiones de gases con efecto invernadero, cuando se incluyen todos los factores en los cálculos.



Por Jeovany Ibáñez

Infografía: Sergio Espada y Gerber Sarazúa




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