| Stephen King, piloto embrujado |
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El mundo automotriz, con sus mitos y leyendas, se refleja en la obra de este escritor estadounidense, uno de los más leídos a nivel mundial y cuyas obras han sido llevadas más veces al cine, gracias a que su pluma explora con obstinación a personajes víctimas de sus automóviles.
Haber caminado al lado de la ruta 5, en Center Lovell, Maine, una tarde de 1999, resultaría una decisión casi mortal para el emblemático novelista. Un conductor distraído lo embistió con una camioneta Dodge Caravan modelo 1985, arrojándolo en una zanja a cuatro metros del pavimento. El saldo físico del accidente fue considerable y, meses después, el autor de Christine, una novela sobre un Plymouth Fury 1958 poseído por una fuerza sobrenatural, solicitó a su abogado comprar la camioneta. Producto del dolor físico y emocional del accidente, King admitió en una entrevista haber querido pulverizarla con un gran mazo.
A principios de ese año había escrito la novela From a Buick 8, en la cual uno de los personajes muere en un accidente automovilístico bajo circunstancias similares a las que viviría en carne propia el 17 de junio. Como un presagio curioso, el conductor de la camioneta murió en 2000 un 21 de septiembre, fecha de nacimiento del narrador. Otro aspecto irónico de estos acontecimientos es su fobia a los vuelos, y talvez por ella ha escrito sobre escenarios terrenales y urbanos, donde palpita “nuestra fascinación hacia cosas mortales, nuestra obstinación por buscar respuestas donde no las hay y el terror y coraje ante lo desconocido”.
Durante una de las giras promocionales de From a Buick 8 le prestaron precisamente un Buick 1954 color azul medianoche. Entonces, un trabajador anónimo de General Motors afirmó que el vehículo estaba embrujado, justificando semejante declaración porque observó que una de las puertas se abrió por sí sola, mientras el carro estaba en marcha; además sucedió una inexplicable explosión en la batería y hubo una sospechosa fuga de líquido anticongelante, sin razón aparente.
Atribuirle espíritu a un automóvil no es algo exclusivo de este escritor, sino es uno de los mitos urbanos más persistentes de nuestros tiempos, presente en todos los conglomerados humanos, desde los más rurales hasta las más avanzadas sociedades posindustriales. Sin embargo, todo conductor sensible estará consciente de que en cualquier bólido de metal, plástico y vidrio habita y se transforma la energía, como la definen las leyes de la termodinámica, sea ésta oscura o luminosa, y que el auto, más allá de estos componentes, simboliza una parte de nuestra creatividad e inteligencia. Incluso puede inspirarnos sentimientos como apego, deseo y también temor.
Homenaje detrás del volanteEl escritor Stewart O’Nan, en su novela The Speed Queen, elige a Stephen King como entrevistador hipotético de su personaje Marjorie Standford. La antihéroe de O’Nan, condenada a muerte, es fanática de King: “Ha vivido como sus personajes y lo reconoce previo a admitírselo”. La mencionada novela es una parodia del hedonismo estadounidense, relacionado con los grandes vehículos y los placeres mundanos sin freno.
Huellas en la carreteraEl automóvil como un arma o un espectro detonador de tragedias e ícono cultural, siempre ha caracterizado la obra literaria de King, así como sus guiones para cine:
Riding the bullet -Viajando sobre la bala-: el primer libro virtual de King narra las travesías de Alan Parker, un estudiante universitario quien acepta viajar como copiloto de oscuros personajes, entre ellos un ángel de la muerte.
Misery -Miseria-: El personaje Paul Sheldon, un escritor, se accidenta en las montañas de Colorado y es rescatado por una perturbada fanática de sus obras, quien lo mantiene a su merced provocándole fracturas para que no la abandone.
Pet cemetery -Cementerio de mascotas-: La adaptación fílmica de su novela, donde el propio King hace una breve aparición como un sacerdote que oficia un funeral, incluye una escena en la cual el piloto de un trailer cambia el agradable picnic de la familia Creed en tragedia, porque mata sin querer a su miembro más pequeño sobre la carretera.
Luis Fernando Alejos y León Aguilera Radford
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