| Un objeto que nos facilite la vida |
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La edición que está en sus manos es la segunda parte de la presentación de los carros de 2007. En este caso, trata sobre aquellas marcas sin representación comercial formal en Guatemala.
Además de invitarlo a que observe las maravillas automotrices expuestas en este número, también queremos exhortarlo a tomar unos minutos para que piense y medite sobre la importancia de su bienestar, integridad física, su vida y libertad.
Muchas veces no apreciamos esos dones porque los percibimos como algo normal que la vida nos da y son parte integral de nuestros días, por lo que llegamos a valorarlos sólo cuando los perdemos y en muchos casos, cuando ya es tarde.
En ese sentido, debe reflexionarse sobre el papel que juega nuestro vehículo. Yendo a las bases, el carro debe ser un objeto que nos facilite la vida, haciéndola más cómoda, ayudando a la eficiencia del uso del tiempo. Dando un paso más hacia el desarrollo social, el auto es una expresión de la forma de vida de una persona, de hecho, se convierte en una extensión de su casa. Por ello, cuando alguien personaliza su auto, lo que está haciendo es marcando su territorio.
Hasta allí, las cosas no han pasado a más, pero cuando el vehículo se torna en una extensión del ser mismo del conductor se da pie a un sinnúmero de actitudes primitivas que, casi siempre, generan problemas. Es decir, debemos estar conscientes de que el carro no es un arma para agredir a los demás, tampoco es una forma de mostrar qué tan dominantes somos y menos para exhibir el nivel de hormonas del conductor. Quienes así piensan deben ir al psicólogo lo antes posible para evitar hacer daño a otros y a sí mismos.
Por eso, si le tienta correr en las calles o medir su capacidad para ofender a alguien busque otros medios más justos, inteligentes y dignos de una persona pensante, como retar en un deporte a quienes pretende mostrar su plusvalía.
Asimismo, la alegría de las fiestas debería concluir al día siguiente, cuando, a pesar de tener una espantosa resaca, se percate de que la ha pasado bien, que amaneció en un lugar agradable y que la vida continúa.
No despertar, hacerlo en un hospital o en la cárcel es una verdadera desdicha. Evítelo, aprecie las cosas que le da la vida, no sea una cifra más en el reporte de heridos y muertos de fin de año.
Néstor A. Larrazábal B.
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