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Soluciones eficientes a los graves problemas

Por lo general las víctimas de acciden­­tes no han ejercido su derecho de no abordar un bus sobrecargado, no per­­mitir que el conductor esté ebrio, somnolien­­to o drogado y, con ello, se con­­vierten en cómplices de los desastres automovilísticos.  En una sociedad sumisa, con pésima infraestructura de transporte colectivo, alto grado de corrupción y poca o ninguna educación vial, como es la nuestra, este conjunto de actores pasivos se lleva la peor parte.

Cambiar nuestra idiosincrasia, erradicar la corrupción, perfeccionar nuestra educación y mejorar el transporte público parecen tareas para el próximo siglo, entonces la medidas inmediatas  deben ser eficientes y eficaces.

Por ejemplo, para bajar la velocidad en carreteras, calles y bulevares se han colocado boyaletas tipo vibrador, con tiempo de vida de uso de pocas semanas.  Más que inversión en seguridad se trata de un gasto que usted y yo, como contribuyentes, tenemos que pagar, es decir, ante esas desacertadas medidas también se afecta nuestro bolsillo.

Colocar más policías sólo beneficiará a las familias de la mayoría de esos agentes, porque el ingreso se verá incrementado por los fabulosos montos obtenidos por ellos en sus acciones de chantaje o mordida a los conductores.

Lo más indicado es hacer chicanas que obliguen a los conductores a desacelerar para poder transitar en sus dobles giros.  Estos sencillos diseños tienen una comprobada eficacia.

Por otro lado, las empresas de transporte  deberían ser responsables directas de las acciones de sus choferes.  No se dede permitir que la impunidad desemboque siempre en “el conductor se dio a la fuga”, porque significa que todo seguirá igual, no habrá quién pague culpas ni se resarcirá a los deudos.  Es decir, el dueño de una empresa debe ser el responsable directo, porque él debe comprobar que la licencia de sus pilotos sea legítima, esté vigente y acorde al vehículo que maneje.

A las empresas y sus dueños hay que golpearles donde más les duele: el bolsillo.  Las multas deberían ser de valor medio para desmotivar al chantaje, unos Q200.00, pero aplicadas con más frecuencia.  Otra medida es cancelar la línea, es decir, si una camioneta, camión o microbús provoca daños, muerte o heridas irreparables, debe anularse el permiso de operar a la unidad, sin reposición alguna con otro nuevo automóvil.




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