| Jóvenes al volante |
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La Ley de Tránsito permite otorgar licencia para conducir a los menores de edad, a partir de los 16 años, con la autorización de sus padres. El trámite es fácil. Sin embargo, adquirir la habilidad para conducir con seguridad es un desafío difícil y esta impericia ha provocado muchas muertes de adolescentes cuando se ponen al mando de un vehículo.
Estuardo Hernández fue el único sobreviviente de un accidente de tránsito en el cual murieron cinco jóvenes, al chocar el vehículo en que se conducían contra un trailer, en la ruta al Atlántico.
“Mi amigo Carlos, de 17 años, era el que conducía. Le decíamos que no rebasara en curvas, pero iba muy emocionado con el vehículo que su papá le acababa de comprar”, expresa Estuardo, quien aún se encuentra en la Unidad de Traumatología del IGSS, recuperándose de una fractura en la pelvis.
En mayo del año pasado cuatro jóvenes también se dirigían a su fiesta de graduación y la conductora, de 16 años de edad, por tratar de encontrar un chicle en la bolsa de su chumpa se fue a estrellar contra un autobús. Todos murieron.
Esta triste realidad, según los expertos, se debe principalmente a dos factores: inexperiencia del piloto y falta de madurez para estar detrás del volante.
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Aunque no existen estadísticas sobre cuántos jóvenes mueren cada año en Guatemala, los cuerpos de socorro sí reconocen que un alto porcentaje de los automotores involucrados en percances son conducidos por jóvenes de entre los 16 y 24 años. De ahí que casi uno de cada cinco pilotos de 16 años de edad se vea involucrado en una colisión durante su primer año al volante.
Lo mismo sucede entre los infractores. “Los conductores jóvenes infringen con más frecuencia los límites que los pilotos maduros”, asegura Amílcar Montejo de la PMT. “Se arriesgan innecesariamente al conducir a gran velocidad y no respetan las leyes de tránsito”.
De acuerdo con los expertos, las causas de estos accidentes, en el 90 por ciento de los casos, no están ni en los vehículos ni en el entorno urbano, sino en el factor humano: consumo de alcohol o drogas ilegales, imprudencia, caso omiso de las señales y desconocimiento de las leyes de tránsito, así como exceso de velocidad, entre las más frecuentes.
Para el doctor Arturo García Aquino, jefe del Departamento de Traumatología y Ortopedia del Hospital de Accidentes del IGSS, lo más doloroso ha sido ver el 70 por ciento de las víctimas que llegan a ese centro asistencial son jóvenes de entre 17 y 35 años.
Muchos de ellos ven truncados sus sueños y futuro, pues llegan con lesiones cerebrales que les dejan secuelas motoras, de lenguaje, cognitivas, amputaciones y lesiones musculares, explica el galeno.
Las declaraciones del facultativo se confirman con una investigación de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, la NHTSA, de Estados Unidos, cuyos cálculos indican que los conductores adolescentes son cuatro veces más propensos a verse envueltos en un accidente y tienen tres veces más propensión a morir en él, porque van más rápido y asumen más riesgos que los pilotos de mayor edad.
En Guatemala, de acuerdo con Maycom, institución que se encarga de emitir las licencias de conducir, hay aproximadamente 230,268 jóvenes, de entre 16 y 24 años, autorizados para conducir un automóvil.
Sin embargo, Gustavo Raskosky, presidente de Maycom, señala que la licencia no les da la pericia ni mucho menos la madurez para medir el peligro.
Y en eso están de acuerdo los agentes de la PMT, quienes cada día observan en las calles cómo los jóvenes conductores sobreestiman su habilidad frente al volante, con lo cual ponen en riesgo su vida y la de otras personas, señala Montejo.
Pero esto tiene una razón. El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos publicó un informe científico en el cual explica que “los jóvenes perciben menos riesgos que los mayores”.
Según el informe, “la parte del cerebro que analiza los riesgos no se desarrolla por completo hasta pasados los 25 años”. Por eso, cuanto más joven es un conductor, menos sensación de peligro tiene al volante.
El especialista Jay Gieddinforme, quien dirigió la investigación, evaluó los cerebros de 2,000 personas de entre 4 y 24 años, que cada cierto tiempo, eran sometidas a resonancias magnéticas para estudiar la evolución de sus masas encefálicas.
El resultado concluye que una de las últimas regiones cerebrales en madurar es la que sirve para calcular las amenazas del entorno. Los investigadores han localizado esta zona entre el lóbulo frontal del cerebro y la corteza prefrontal, en plena frente.
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El tema de los seguros para los jóvenes conductores también es complejo, pues son considerados “conductores de alto riesgo”, señalan los expertos.
El costo del seguro de un automóvil conducido por un joven se eleva considerablemente, expresa el licenciado Mario Mendizábal, presidente de la Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros, Agis, por los altos riesgos que se corren.
Mendizábal añade que un seguro para un conductor de 16 a 18 años, puede llegar a pagar hasta 50 por ciento de la prima. Y los de 18 a 25 años pagan 25 por ciento.
“Lo que muchos padres de familia hacen es contratar una cobertura adicional de un seguro normal”, explica el licenciado Bernardo Pineda, gerente de la Aseguradora La Ceiba. “Lo más económico es asegurar a los hijos en la misma póliza y no de forma separada”, añade el profesional en seguros.
“Los seguros para adolescentes son más caros porque la mayoría de los jóvenes conducen muy rápido y son, por lo general, más descuidados y por eso representan un peligro mayor en las calles”, explica.
Según los estudios, los adolescentes al volante no son capaces de concentrarse en lo que están haciendo y se distraen con suma facilidad por el ambiente que los rodea.
No obstante, las opiniones de los expertos contrastan con el pensamiento de los jóvenes conductores. Según un estudio realizado por el Instituto Mapfre de Seguridad Vial, de España, un 47 por ciento de los adolescentes entrevistados se considera muy capaz para conducir. Además, un 29 por ciento cree que conduce mejor que los adultos, a quienes consideran un grupo de riesgo.
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De acuerdo con la Ley de Tránsito, los jóvenes pueden obtener su permiso antes de cumplir la mayoría de edad, con la autorización de los padres, a partir de los 16 años.
Para ellos adquirir una licencia de conducir, además de ser una ventaja social los hace sentirse independientes, sentimiento que los lleva a adoptar conductas “exhibicionistas en grupo y sobrevalorar su capacidad para conducir”.
Pero los expertos van más allá de una simple autorización de los progenitores y el cumplimiento de algunos requisitos. Por ejemplo, el ingeniero René Valle, de SAFHECO, sugiere que en los últimos dos años de educación a nivel medio se incluya un curso de manejo defensivo-teórico a todos los estudiantes que están por graduarse.
Luego sugiere modificar las leyes y requerimientos para obtener la licencia de conducir. Como primer paso debería ser obligatorio tomar y aprobar el curso de manejo defensivo de 8 horas.
El experto en manejo defensivo propone que al obtener la primera licencia se le acrediten al conductor 12 puntos, los que al cometer algunas infracciones de tránsito se le irán restando. “Por supuesto, aparte del pago de la multa correspondiente dependiendo del tipo de infracción”, señala Valle.
Cuando llegue a 0 puntos se le suspenderá el privilegio de conducir por tres meses, luego debe empezar el trámite como si fuera primera licencia y empezar con los 12 puntos otra vez.
Además deben aplicarse algunas restricciones como la circulación en horas nocturnas e ir acompañados, pues esto representa mayor distracción. A la segunda vez se le suspenderá durante seis meses y a la tercera, indefinidamente.
“Creo que esto ayudaría mucho a la educación vial de los jóvenes pilotos y a reducir accidentes de tránsito”, expresa Valle.En fin, en casi todas las ciudades los jóvenes constituyen el factor de riesgo más elevado en la seguridad vial. Sin embargo, implementar nuevas medidas al otorgar los permisos de conducir e instruirlos en educación vial desde la primaria puede ayudar a salvar muchas vidas.
Las tres fases son: Un primer permiso para el aprendizaje supervisado, seguido de una licencia intermedia que permite manejar sin supervisión en determinados momentos y/o situaciones y, finalmente, la emisión de una licencia con todos los privilegios y obligaciones regulares de un conductor.
Para asegurar la efectividad del programa entre los jóvenes conductores, la primera etapa suele exigir un período mínimo, por lo general de unos seis meses, durante el cual el joven maneja bajo la supervisión de un adulto.
En la tercera etapa se le otorga una licencia definitiva. En todos los casos la tolerancia a las infracciones es de cero y una de las faltas más severamente penalizadas es manejar bajo la influencia de bebidas alcohólicas o drogas. Para que el joven reciba su licencia definitiva debe desempeñarse de una manera correcta y no cometer ninguna ofensa a las leyes de tránsito en ese período de prueba.
• Los accidentes de tránsito son la primera causa de mortalidad entre los adolescentes.
• Uno de cada cinco jóvenes de 16 años de edad está involucrado en un accidente.
• El 36 por ciento de las muertes de adolescentes están relacionadas con el alcohol.
• Los adolescentes usan menos el cinturón de seguridad que otros conductores.
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