El verdadero precio del oro

Los expertos sostienen que ninguna actividad industrial es tan destructora desde los aspectos ambiental, social y cultural como la minería a cielo abierto.  Pese a ello, en Guatemala se ha desatado una fiebre por extraer oro, metal que no brilla para muchos.

La intensa explotación minera ha dejado su marca en San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, San Marcos.  Los vecinos de las aldeas Ajel, Nueva Esperanza y San José Ixcanichel recuerdan con nostalgia una hermosa montaña, famosa por su biodiversidad, donde se podía ver toda clase de aves y mariposas.  Hoy, es un inmenso cráter con escombros contaminados.

No es para menos, porque allí posó sus ojos la compañía Montana Exploradora de Guatemala, S.A., para comenzar uno de los proyectos más ambiciosos de la región: la Mina Marlin I, donde se persigue extraer anualmente 2.5 millones de onzas de oro y 35 millones de onzas de plata, durante 10 años.

Muy alejado de los debates, las agresiones y las hostilidades, Mundo & Motor realizó una visita a la región y constató lo que hoy te compartimos.

El costo de que esa región sea tan rica en oro ya ha sido alto.  Tres cerros como el San José, ubicado en San José Ixcanichel, han corrido la misma suerte: se han convertido en inmensos cráteres.

Alrededor de cinco mil toneladas de tierra son extraídas y trituradas diariamente.  Como consecuencia, el paisaje de esas comunidades está perdiendo su verdor.  Con la venia del Instituto Nacional de Bosques, Montana Exploradora de Guatemala ha talado 190 hectáreas de árboles.

El proyecto minero ha circulado con malla metálica los terrenos que compraron en las comunidades.  En el área de explotación se observa que la superficie ha sido devastada por la pesada maquinaria y ha modificado severamente la topografía del terreno.

El impacto sobre el medio ambiente es de gran magnitud.  Se está eliminando la vegetación y los bosques.  La misma suerte le espera a otras montañas que se encuentran en los 20 kilómetros cuadrados de tierra que ahora le pertenecen a la compañía.

Según los técnicos del Ministerio de Energía y Minas, MEM, el proyecto funciona en una región semi-desértica, cuando en realidad es la parte alta de la cuenca del río Cuilco y cumple una función primordial para el socio-ecosistema, pues es una zona de recarga hídrica, dicen especialistas de la Comisión Pastoral Paz y Ecología de la Diócesis de San Marcos, Copae.

A la par de ello, la preocupación de los campesinos y los ambientalistas por la contaminación de las cuencas de los ríos parece ser ya una realidad. 

De acuerdo con la Copae, el dique de colas de la mina Marlin está llegando a su límite de capacidad de almacenamiento de aguas residuales.

A ese enorme depósito se envían los desechos no minerales y los compuestos químicos como el cianuro, sustancia altamente tóxica utilizada para lograr la separación del oro del resto de la roca.  El agua de ese dique se mantiene de un color verdoso, lo cual denota una alta contaminación, dicen los especialistas de la Copae.  De hecho, Moisés Bámaca, un líder comunitario que se ha opuesto a la minería, señala que las aves que llegan a tomar agua a ese depósito corren gran peligro.  El campesino asegura que ha visto morir aves que tienen sus ojos y piel llenos de granos.   Desde que la mina comenzó las operaciones, sus animales se han enfermado, los maizales y aguacatales ya no dan como antes y las ranas han desaparecido de los ríos.

Pero lo que más le preocupa a Moisés es que “los niños se enferman más seguido, hasta uno de grande tiene tos, calenturas, dolor de cabeza”.
 
Los análisis que elabora cada mes la Copae han encontrado que desde octubre de 2007 a abril de este año el arsénico ha sobrepasado los límites permitidos por el Banco Mundial para minería a cielo abierto; la agencia de protección del medio ambiente de Estados Unidos, US EPA, y las normas del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales de Guatemala, desde 0.01 mg/l llegando hasta los 0.16 mg/l y  0.18 mg/l.

Para Vinicio López, de la Copae, la presencia del arsénico indica que pueden existir descargas ilegales de aguas contaminadas del dique de colas hacia el el río Tzalá, que drena al Cuilco, y éste, a su vez, al río Grijalva que llega hasta México.

También cree que existe infiltración o fugas del líquido del dique de colas, que pasan inadvertidos, lo cual podría estar contaminando las fuentes de agua potable y los mantos freáticos.  En consonancia con los campesinos, el geólogo Robert Moran, especialista en estudiar la calidad del agua por contaminación de minas, y quien estuvo en Guatemala, señala que detener las filtraciones es casi imposible.  “Algunas minas colocan geomembranas debajo de las pilas de desperdicios, pero sólo retardan el movimiento de filtraciones hacia los mantos freáticos”, explica el experto.

Moran advierte que la destrucción de las montañas para triturarlas y quitarles el oro, por medio del cianuro, deja expuestos otros elementos químicos y, aun después del cierre de la mina, esos desperdicios despiden sustancias que se combinan con la lluvia y pueden contaminar los mantos subterráneos.

Los análisis de la Copae demuestran que hay presencia de metales pesados como hierro, aluminio y manganeso, los cuales están siendo liberados a las aguas en los puntos monitoreados, en general ubicados abajo del centro de operaciones de la mina Marlin.

A la par de esa contaminación los campesinos comienzan a ver con nostalgia cómo las fuentes de agua empiezan a secarse.  Un ejemplo claro es un nacimiento denominado Xkus, que fluía al Riachuelo Quivichil y que ya no existe.

Pero no ha sido sólo ese nacimiento.  Unos 10 mil vecinos de aldeas como  Salem, Guancache, Xabaj, Nueva Victoria, Poj, Catzal y regiones de Magüeyes, han visto cómo los pozos de agua se han comenzado a secar.


Estas agencias internacionales clasifican al arsénico como cancerígeno en el grupo A, debido a la evidencia de sus efectos adversos sobre la salud.  “La exposición a 0.05 mg/l puede causar 31.33 casos de cáncer de piel por cada 1,000 habitantes, señala un informe.


Los riachuelos que fluían por Sipacapa hasta hace tres años, desaparecieron con el correr de los meses, expresa con molestia Delfino Tema, jefe edil.  Y no es para menos, pues según el estudio de impacto ambiental de la misma empresa, el proyecto utiliza 250 mil litros de agua por hora.

El vital líquido lo toman gratuitamente del río Tzalá y de tres pozos que están dentro del área del proyecto.  “Decían que no iba a suceder nada malo, que lo único que iba a haber era desarrollo y hoy la gente se está dando cuenta de que es todo lo contrario”, expresa Tema.

Las denuncias del jefe edil y de muchos líderes comunitarios fueron respaldadas recientemente por una condena moral contra la empresa Montana Exploradora, S.A., por daños al ambiente, que dictó el Tribunal Latinoamericano del Agua, TLA.

“Hay alta probabilidad de liberación de aguas ácidas de los escombros de la mina, así como el riesgo de derrames con consecuencias graves para la población y el entorno en la cuenca del río Cuilco y subcuenca del río Tzalá, y para las especies acuáticas”, señala el veredicto del TLA.

Aunque la resolución del TLA no es vinculante, sí muestra que la situación es grave.  Por ello, es de la opinión de que la empresa debe indemnizar a la población de San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, por daños ambientales.

La condena va acompañada de una amonestación para el Gobierno de Guatemala por no corregir la situación de operaciones mineras de alto riesgo, y lo censuró por no aplicar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, al ignorar las consultas de esos pueblos.

Literalmente, están devastando las montañas, dice Magaly Rey Rosa, directora de la escuela ambientalista Sabia, quien ha expresado su rechazo a ese proyecto.


La paz que antes se respiraba en las aldeas alrededor de la mina, ha sido alterada por las detonaciones.
A favor y en contra

El pueblo de San Miguel Ixtahuacán ya no es el mismo desde que llegaron los mineros.  La mina Marlin I es desde hace cinco años la manzana de la discordia.

Ha creado tensiones entre los vecinos que apoyan el proyecto y aquellos que lo rechazan.  Y entre las mismas familias ha causado divisiones, dice Vinicio López, coordinador de la Copae.

En las comunidades de los alrededores de la mina como Ajel, Ixcanichel, Siete Platos, Nueva Esperanza y Maquibil, los vecinos tienen una opinión dividida en torno a la minería.

Una minoría cree que sí ha habido progreso.  Pero son aquellos que se han beneficiado con empleo fijo o con trabajos indirectos que genera esa industria.   

Las actividades directas de la empresa minera, como las explosiones para triturar la roca de la montaña y el paso de unos 40 camiones al día, han alterado por completo la tranquilidad de la región.

En estas comunidades todos conocen el tema de la minería, aunque muchos expresan temor de hablar por miedo a las represalias de los mineros que se manifiestan a través de una red integrada por los mismos trabajadores del proyecto.  “Nos han dividido, nos amedrentan, han llenado los caminos públicos de guardias privados”, dice un campesino que prefiere no citar su nombre.

El escenario es hostil en aldeas como Ajel, Ixcanichel, Siete Platos, Nueva Esperanza y Maquibil.  Quienes se atreven a hablar, aseguran que la minera, desde que inició sus operaciones, ha desarrollado una relación conflictiva con las comunidades.

“La minería dicen que da plata ¿pero qué vamos a hacer nosotros si se contamina el agua, así nos pongan carretera de oro?”, dice un campesino.  La propietaria de una tienda discrepa con muchos detractores “a mí sí me ha favorecido que entre la mina, ahora hay más negocio”, dice.
 Sin embargo, Magda Pérez, una maestra de la comunidad de Ixcanichel, expresa que hace 500 años los engañaron los españoles, pero ahora son los mineros.  
Con resentimiento señala que a su padre lo presionaron para que vendiera sus terrenos.

Los líderes campesinos explican que la mina divide a los pobladores al crear organizaciones paralelas y llenar de obsequios a los que están a favor de esa actividad.

Así, en las comunidades alrededor de Marlin I, se pueden ver modernas casas de block, pero también humildes viviendas de adobe donde viven campesinos que no tienen relación con el proyecto.

“Ahora hay peleas entre vecinos y hasta familiares que se agarran a golpes”, comenta Moisés Bámaca.

En medio de este clima de hostilidades, los dirigentes locales, las organizaciones no gubernamentales y un sector de la Iglesia Católica, que brindan apoyo a las comunidades opositoras a la minería, aseguran ser víctimas de una campaña de desprestigio.

Para Vinicio López, director de la Copae, la empresa Montana Exploradora apela a mecanismos que desarticulan los grupos sociales en la zona y alimentan la desconfianza.

Los vecinos argumentan que los engañaron.  “Cuando vinieron los de la minera, nos dijeron que nos compraban nuestros terrenos, a Q4 mil la cuerda, y así los vendimos.  No nos dijeron que allí había oro”, relatan, decepcionados.


Montañas como ésta han cedido ante la constantes explotaciones de Montana.
Promesas, sólo promesas

Con los precios cercanos a los US$1,000 la onza, las cosas para Montana Exploradora no podrían estar mejor.  El proyecto minero superó la producción prevista en 2005, que totalizó 23 mil onzas de metales preciosos, 70 por ciento plata y 30 por ciento oro, a ello se suman las 337,055 onzas que han sido extraídas entre 2006 y 2007, que le representaron un promedio de Q1,293 millones.

De acuerdo con datos de la Dirección General de Minería y la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT, desde que empezó a operar la mina Marlin, entre regalías e impuestos, el aporte para el Estado ha sido de unos Q200 millones.

Quizás por ello piensan quedarse en San Marcos más de los 13 años previstos.  No obstante, la realidad para las comunidades de alrededor es otra.

Eduardo Patrocinio Aguilar, tercer concejal de la Municipalidad de San Miguel Ixtahuacán, hace esfuerzos por traer a la memoria los beneficios que ha dado la minera a su comunidad.  “Ah sí, se hizo una carretera de aproximadamente 20 kilómetros”, dice el funcionario.  Sin embargo, la construcción de ese tramo carretero, con una inversión de Q80 millones, fue financiada conjuntamente por Montana, el Estado y la municipalidad de la localidad.

Aguilar también menciona que la comuna tiene ahorrados siete millones de quetzales, producto de las regalías que da Montana, con los cuales comprarán maquinaria para arreglar los caminos de las comunidades.  Aparte de ello, están en negociaciones con Montana para construir un hospital en la localidad, pues por ahora sólo funciona un centro asistencial y dos puestos de salud, donde atiende un solo médico y auxiliares.

En las comunidades vecinas los beneficios se resumen en la construcción de muros perimetrales, proyectos de agua potable, construcción de cuatro escuelas, alcaldías auxiliares, drenajes y la contratación de algunos maestros, según Jacinto Pérez, alcalde auxiliar de la aldea Ajel.

En cuanto a la generación de empleos, la Copae señala que al principio todo fue una espuma, pues en la fase de construcción de un año la mina Marlin requirió alrededor de 1,000 trabajadores.  Sin embargo, durante la fase actual de explotación, sólo genera alrededor de 300 empleos.  Trabajan como choferes de camiones, cocineros en los comedores de la empresa o en el mejoramiento de los caminos.

Pero Robert Moran va más allá al señalar en un informe que “cuando cierre la mina el personal que opera la clínica se va, los que operaban la planta de agua se van... al final, la comunidad se queda sin nada”.

Lo que más le preocupa al experto es que el cianuro que están emp leando en el proyecto se convierte en otras formas químicas, como el cianato y otros compuestos que siguen siendo tóxicos, en especial para organismos selváticos.  “Pero eso nunca se ve a corto plazo, sino después de mucho tiempo”, explica el experto.

Quizás por eso Magalí Rey Rosa opina que no hay pago que compense la contaminación y que lo ideal sería evitarla por completo.  “Cualquier cantidad de dinero o beneficios es insignificante para el daño que va a ocasionar”, expresa.

Por su parte Monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño ha expresado su rechazo al proyecto minero.  “Nos molesta la injusticia, la miseria de dinero que queda en Guatemala y los millones de dólares que se van al extranjero”, dice el jerarca de la Iglesia Católica.  “No hay que reírse de los pobres; es fácil porque esos daños no se hacen en las fincas de los funcionarios, sino en terrenos de la gente pobre”, opina Monseñor.

El ministro de Ambiente y Recursos Naturales, Luis Ferraté,  reconoce que la minería afecta de diversos grados.  Pero expresa que el ministerio a su cargo no cuenta con la potestad para detener un proyecto minero que no tenga los estudios correctos y atente contra el medio ambiente.  El funcionario se limita a señalar que debe derogarse la Ley de Minería que existe y trabajar en una nueva, para que se permitan las inversiones, pero sin su cauda de destrucción ambiental.

En fin, mientras eso sucede, la maquinaria de Montana Exploradora continúa devorando las montañas de San Miguel Ixtahuacán.

Mundo & Motor contactó por teléfono en tres ocasiones a la relacionista pública de Montana Exploradora para que explicara la posición de la empresa en el conflicto.  Sin embargo, su respuesta fue que todo lo que tenían que decir, era ya del conocimiento público.

 

Por Jeovany Ibañez




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