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Biocombustibles: ¿ahorro o amenaza?

Luego de Brasil y Estados Unidos, Guatemala es el tercer productor de biocombustibles a nivel mundial, del cual el 90 por ciento se exporta y el 10 restante queda para consumo local.
 
El tema de la producción industrial de biocombustibles en Guatemala de nuevo está en la mesa de discusión.  Según estudios de organismos internacionales, el país cuenta con la infraestructura necesaria para abastecerse con cuatro mil galones por día de este insumo y con ello disminuir la dependencia del petróleo.
 
Por sus características industriales, Guatemala es considerado el país centroamericano con mayor capacidad instalada para producir biocombustibles, gracias a la producción de azúcar que aporta como subproducto al etanol.  Esto lo convierte en el tercer exportador de combustibles verdes a nivel mundial.  También llamados combustibles renovables, sirven para el funcionamiento de motores de combustión interna de forma pura o mezclados con otro tipo de carburante.  Entre los que cuentan ya con manejo y producción formal están etanol, biodiésel y biogás.
 
En la actualidad, países como Alemania, Brasil, China, Estados Unidos, Francia e Italia producen y utilizan biocombustibles, lo que ha significado una reducción en el tonelaje de Gases de efecto invernadero (GEI).  Este podría ser el caso de Guatemala, pero en la actualidad el 90 por ciento de la producción va para Europa, Estados Unidos y México, mientras el país sigue dependiendo del petróleo y de las fluctuaciones de su mercado.

Otra ley inoperante

La idea de mezclar etanol con gasolina súper o regular no es un tema nuevo, pues con la emisión del Decreto Ley 17-85, Ley de Alcohol Carburante, se busca que el parque vehicular nacional utilice una mezcla de gasolina con el cinco por ciento de etanol (E5), lo que a la fecha no se cumple.
 
Es más, en 2008 la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó que para 2012 Guatemala tendría que iniciar un uso paulatino de etanol y biodiésel en su flota vehicular, para llegar a un E10 y un cinco por ciento en biodiésel.  La propuesta no hizo eco, aun cuando representaba el abaratamiento del diésel y la gasolina.
 
A sabiendas de que con la producción actual de etanol (65 millones de galones al año) se podría utilizar una mezcla de hasta 10 por ciento de este alcohol por cada galón, lo que parece no ceder es la voluntad política para crear programas de producción y uso de alcohol carburante en el país.
 
Gracias a que Guatemala es uno de los mayores productores de azúcar del mundo, hoy cinco grandes ingenios compiten para destilar la mayor cantidad de etanol, actividad que se multiplica a otras pequeñas empresas que ven en la producción del biodiésel una oportunidad de ganancia.


Producción nacional

De acuerdo con datos proporcionados por el Ministerio de Energía y Minas (MEM), las cinco destilerías en funcionamiento tienen una capacidad instalada de producción de más de 250 mil millones de litros de etanol por año.  En el caso del biodiésel, seis plantas de pequeña escala la tienen para generar unos cuatro mil galones por día.  Aunque en este último punto, Erick Estrada, catedrático universitario e investigador de biocombustibles, señala que el biodiésel no es una solución alternativa para el diésel derivado del petróleo, debido a que su producción es muy baja.  
 
Por otro lado, un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, califica a Guatemala como país idóneo para seguir expandiendo la producción de biocombustibles, por la extensa disponibilidad de tierras, amplia experiencia en el procesamiento del azúcar y otras materias primas, así como por su tecnología de punta en el área industrial.
 
En ese punto la OEA coincide al afirmar que en el país hay cerca de un millón de hectáreas que podrían utilizarse para el cultivo de especies para la producción de biocombustibles como piñón (Jatropha curcas), palma de aceite, soya o higuerillo.
 
Según cifras no oficiales de la Cepal, actualmente el país produce unos 90 millones de litros anuales de etanol, a partir de la caña de azúcar.  Sin embargo, Guatemala podría generar hasta un millón de litros diarios, con mejoras tecnológicas y expansión de sus cultivos, estima el estudio.
 
Como indica Kevin de Cuba, del Programa de apoyo de la Organización de Estados Americanos para el desarrollo de los biocombustibles en Centroamérica, el tema de la producción de biocombustibles es algo que no puede generalizarse, pues cada país tiene un perfil diferente para el uso de combustibles y un potencial para su producción.
 
'Nos interesa acercar a los gobiernos regionales para que en conjunto se pueda llevar el proceso consultivo a todos los actores para alcanzar un consenso y se haga un análisis holístico de todos los impactos, buenos y malos.  Un análisis adecuado permitirá comparar con el uso actual de combustibles que en este caso son el diésel y la gasolina', reflexiona.

¿Bueno o malo?

Como explica Aída Lorenzo, gerente de la Asociación Promotora de Combustibles Renovables de Guatemala (ACR), no existe un riesgo entre la producción de este tipo de combustibles y la seguridad alimentaria nacional, pues este es un subproducto de la caña de azúcar.
 
Esta posición es secundada por Pedro Ordóñez, catedrático de química de la Universidad de San Carlos e investigador del biodiésel, quien señala que producir los biocombustibles de manera responsable no representa mayores peligros para el país.
 
Pese a esto los detractores señalan que el cultivo y el procesamiento de la caña contaminan el suelo y las fuentes de agua potable, pues utilizan gran cantidad de productos químicos que van a parar a afluentes debido a un pésimo trato de aguas residuales.
 
Además aclaran que cada litro de etanol producido dentro del ingenio consume cerca de 12 litros de agua.  Por lo tanto, la producción de agroenergía representa un riesgo de mayor escasez de recursos naturales.
 
Según los ambientalistas, al producir melaza se obtiene vinaza, un desecho industrial que causa desoxigenación del agua.  Por cada litro de etanol producido se obtienen de 10 a 14 litros de vinaza, la cual puede causar graves problemas si no hay un manejo adecuado y responsable.
 
En tanto, los expertos de la Comisión Nacional de Biocombustibles, del MEM, son más cautos al explicar que el peligro de una competencia entre etanol, biodiésel y alimentos siempre existe, pero no supone un alto riesgo toda vez esté respaldado con estudios de impacto ambiental.
 
Aunque la producción de biocombustibles representaría un ahorro de millones de dólares en comparación con los combustibles, así como un alivio para la bolsa de los automovilistas, el hecho es que siempre habrá opiniones a favor y en contra y no se sabe qué tan bueno puede ser hasta que no esté disponible para el consumo popular.
 

Se debe tomar en cuenta que en el proceso de producción de biocombustibles se hace uno de combustión que obviamente genera emisiones, también es cierto que genera otros subproductos como la vinaza, que deben ser manejados con cuidado.

Entrevista:

El M.Sc. Kevin de Cuba, del Programa de apoyo de la Organización de Estados Americanos para el desarrollo de los biocombustibles en Centroamérica, estuvo de visita en Guatemala y compartió con Mundo&Motor.  He aquí el resultado:
 
¿Cómo ve la producción de biocombustibles a nivel centroamericano?
Cuando se trata el tema de biocombustibles se busca garantizar la sostenibilidad de los mismos.  A nivel regional esto se debe tomar caso por caso porque cada país es diferente, tiene un perfil para el uso de sus combustibles y tiene diferencias en potencial para la introducción de los mismos.  Esto significa acercar a los gobiernos para que en conjunto se lleve un proceso consultivo con todos los actores, para alcanzar un consenso y se haga un análisis holístico de todos los impactos, buenos y malos.
 
¿Hay avances en este campo?
Si vemos la matriz energética de muchos de los países de la región se nota que hay muchas actividades y progreso.  Se han implementado nuevas tecnologías de energía renovable, pero si uno ve el sector de transporte no hay realmente muchas alternativas para mejorarlo.  Los biocombustibles son una posible alternativa para mejorar ese perfil.  Facilitar el proceso de transferencias de las tecnologías existentes -comercialmente viables en otros países como Brasil, Estados Unidos y Europa- les da la oportunidad a los países de la región de implementarlas de forma fructífera.
 
¿Qué alternativas tiene Guatemala para la producción de biocombustibles?
Hay varios tipos de recursos primarios que se pueden incorporar en el sistema para convertir en etanol.  Por ejemplo, el uso de desperdicio orgánico que se genera a nivel urbano, actualmente se colecta y deposita en rellenos sanitarios, mientras que hay tecnologías para utilizar esa fracción y convertirlo en etanol.  También se está tratando de encontrar uso a la vinaza, residuo de la producción de azúcar.  Guatemala es líder en ese tema en particular, hay muchos desafíos, pero hay muchos ejemplos de pasos que se han tomado.
 
¿Qué ejemplos puede mencionar?
La producción de azúcar automáticamente genera vinaza como producto secundario o desperdicio.  En este caso en Guatemala hay ingenios que lo reutilizan como producto primario para generar biogás, que luego puede ser utilizado dentro de un proceso industrial y proveer otra fuente de entrada aparte del negocio de producir azúcar.  Hay buenos ejemplos en Guatemala y se tiene un potencial inmenso como para garantizar el desarrollo de un mercadeo doméstico utilizando biocombustibles de una manera sustentable.
 
¿Ve posible que Guatemala tenga una producción formal de biocombustibles?
Reconociendo las condiciones actuales, sí es posible.  ¿Por qué?  Número uno, el sector de producción de caña de azúcar ya está establecido y produce los volúmenes requeridos para proveer una mezcla de hasta el 10 por ciento de etanol con gasolina.  Las condiciones existentes son propicias, al menos a nivel técnico, para formular una ley de etanol E10 sin crear conflictos alimentarios.  Segundo, al utilizar todos los residuos de productos agrícolas, forestales y también de desperdicio en general, se tienen tres fuentes que generalmente se desechan y serían convertibles en algo útil, para ser menos dependiente de la importación de productos derivados del petróleo.
 
Esta producción ¿afectaría la seguridad alimentaria?
Depende del tipo de vegetación que se utiliza, por ejemplo la caña de azúcar tiene sus beneficios.  Pero hay que tomar en cuenta que muchas tierras son de mala calidad, por lo que es viable introducir un tipo de vegetación para recuperar la calidad del suelo, en ese contexto se puede pensar en cultivar especies que tienen como uso final convertirlos en etanol.
 
¿Cuál es el interés de la OEA en la producción de biocombustibles en Centroamérica?
Básicamente es el de procurar y facilitar el proceso de intercambio de tecnología en la región, compartir nuevos desarrollos de mercados y proveer las herramientas para lograr un desarrollo integral y sostenible, pero siempre reconociendo las diferencias de cada país.  Se trata de interactuar con los diferentes ministerios e intercambiar ideas que signifiquen mejores escalas económicas para la aplicación de tecnologías y de protección ambiental.

Se dice que la producción de biocombustibles perjudica más de lo que beneficia, ¿es cierto?

Se debe tomar en cuenta que en el proceso de producción de biocombustibles se hace uno de combustión que obviamente genera emisiones, también es cierto que genera otros subproductos como la vinaza, que deben ser manejados con cuidado.  Pero la cuestión más importante es que a la larga se logra un balance, pues si se siembran plantas se logra un balance al reducir la producción de bióxido de carbono.  El biocombustible es más amigable para el medio ambiente.  En resumen es más beneficioso que la quema de derivados de petróleo.
 
 
Por Jeovany Ibañez y Juan Carlos López 
 

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