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Manfredo Lippmann, pionero del automovilismo deportivo nacional

Las competencias automovilísticas formales empezaron hace unos 60 años en Guatemala.  La cercanía geográfica y cultural con El Salvador provocó que la amistad y rivalidad entre pilotos formaran una edificante fraternidad deportiva.  Manfredo Lippmann es uno de los pioneros de esa disciplina en nuestro país.

Manfredo Lippmann Grossmann nació el 28 de diciembre de 1926 en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos.  Desde joven gustó de los deportes y actividades que involucraran velocidad, vértigo y precisión.

Fue así que su primer encuentro con los motores fue a través de una moto Harley-Davidson, a los 14 años de edad.  Unos pocos años después tomaba sin permiso de sus mayores un Buick 1932 para dar unos paseos por su pueblo.  Sin embargo, la travesura duraba muy poco porque casi no había carros en Guatemala y aún menos en su pueblo natal.

Su trabajo como cafetalero le dio la oportunidad de salir al extranjero, y así se encontró con las máquinas del aire.  Los aviones le gustaron, pero los helicópteros captaron toda su atención.  Por eso se constituyó en el primer piloto aviador privado de helicóptero de Guatemala, con licencia vigente hasta la fecha con el número 01.

Su identificación por los vehículos ha sido una constante en su vida, como deportista, coleccionista e importador.

Piloto de carreras

Los ases de principio de 1950 corrían en la 7ª. Avenida y Avenida La Reforma.  Con la finalización del asfalto del tramo de la carretera de Guatemala a Patzicía, Chimaltenango, se iniciaron las carreras de mayor duración.  Y esa fue la ruta de la primera gran carrera patrocinada por Don Umberto Mandolini, siendo Manfredo Lippmann quien se alzaría con la victoria.

Entre los participantes se encontraban nombres de gran prestigio como Willy Girón Cirión, Guillermo Suhr y Jorge Toriello.
Con la venida a Guatemala de Jaroslav Juhan se dio un período de organización, aprendizaje y maduración de la actividad.  El mismo Jaroslav promovió la venta de autos Porsche para participar en las competencias y, especialmente, en La Carrera Panamericana-México.

En la IV Edición, en 1953, Lippmann se hizo de un Porsche 356 S y formó parte de la exitosa delegación chapina.  Lo condujo magistralmente, llevando a Carlos España como copiloto.  Al cambiarle llantas al auto, el comportamiento del carro cambió y tuvo que abandonar.  Sin embargo, el mismo Don Manfredo dice que se llena de alegría por la victoria de José Herrarte.

Para el siguiente año compró un OSCA, vehículo fabricado por los hermanos Maserati, quienes no podían utilizar su apellido como marca de autos, ya que habían vendido los derechos a Ferrari.  El OSCA tenía una relación de engranajes de caja poco adecuadas para la competencia y tendría que volver a abandonar.  El auto lo resultó vendiendo a Pedro Natalio Rodríguez Quijada, quien lo adquirió para que sus hijos lo corrieran.  Ellos se llamaban Pedro y Ricardo Rodríguez, famosos pilotos mexicanos, en cuyo honor se ha nombrado el autódromo del Distrito Federal México.

La inquietud por destacar internacionalmente, llevó a Don Manfredo Lippmann a comprar un Ferrari para correr las 12 horas de Sebring.  Sin embargo, su coequipero dañó la máquina y tuvieron que abandonar.

Al preguntarle a Don Manfredo: ¿Qué cree que hubiera pasado en su vida si hubiera ganado la Carrera Panamericana-México?  Casi inmediatamente, responde: “Ya estuviera muerto.  La gran mayoría de los pilotos de esa época murieron a bordo de sus autos.  En cambio a mí, Dios me ha dejado aquí para que haga otras cosas”.

El hombre de la estrella

En uno de sus viajes a Santa Ana, El Salvador, compró un Mercedes-Benz 170D a don Antonio Molismelis.  Es pertinente señalar al MB 170D  como el carro que popularizaría el diésel como combustible para vehículos de transporte personal.

Cuando el Barón Von Korff fundó en Argentina la oficina de Mercedes-Benz para América Latina, supo que en Guatemala había un vehículo de la marca representada por él.  Viajó para conocer al dueño y así propuso a Don Manfredo Lippmann que tuviera la distribución oficial para nuestro mercado.  A mediados de los años de 1950, el señor Lippmann fundaría Europa Motors Company, S.A., primer distribuidor de Mercedes-Benz para Guatemala.  El primer pedido incluyó cinco unidades del modelo 300SL, de las cuales se cree todavía hay una en el territorio nacional, en una colección privada.  La sala de ventas estaba ubicada en la 7a. Avenida de la Zona 4.

Años después vendería el negocio para centrarse en su especialidad de toda la vida, el café.





Un gran hombre sencillo

Don Manfredo Lippmann ha sido considerado como un coleccionista muy serio de autos dentro del circuito norteamericano.  Sus carros han participado en los concursos de elegancia más importantes del mundo.  Pero se llena de alegría cuando adquiere un carrito a escala de los que él mismo corrió, o bien cuando se encuentra con una pieza de colección para su museo privado.



Don Manfredo Lippmann es un caballero a carta cabal, de sonrisa franca y sencillez propia de la sabiduría.  Y para aquellos que al conocerlo dudan de su autenticidad, basta con leer un rótulo sobre su escritorio, el cual dice: “El poder marea a los tontos y enloquece a los pendejos”.



Jovial y siempre atento para platicar sobre los más variados temas, Don Manfredo Lippmann es un digno representante de los pioneros del automovilismo deportivo, la aeronáutica, el comercio de autos, del desarrollo agrícola cafetalero y tantas otras disciplinas.  Un verdadero ejemplo de un hombre sencillo y grande.




Por Néstor A. Larrazábal B.










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