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Todos somos peatones

Los especialistas en conducta humana expresan diversas razones por las cuales, cuando un humano está tras el volante de un vehículo, transforma su carácter y actitud.  A los pasivos cuando caminan, pero agresivos al manejar, se les llama “transformers”, porque sacan a relucir sus más bajos instintos cuando conducen un vehículo.

Parece que todos, en distinto nivel de agresividad, sufrimos dicha transformación, producto inversamente proporcional al nivel de estabilidad emocional de quien maneja.  Es decir, cuanto más estable, menos cambio de personalidad, y viceversa.

Desde luego, si todos hiciéramos nuestro mayor esfuerzo por no tornarnos agresivos con nuestro aplastante carro-arma evitaríamos las situaciones de riesgo, especialmente para los peatones de calles, avenidas y carreteras por donde transitamos.

Es decepcionante aceptar que la violencia ha sido el mayor disuasivo para calmar los ánimos hasta del más pendenciero.  Dicho más claramente: el temor a ser agredido con un arma de fuego ha sido el factor apelado con más frecuencia para evitar provocar peleas por razones de tránsito.
Es irónico, pero este es el típico caso de combatir fuego con fuego, una primitiva reacción que responde a condicionantes zoológicas de sobrevivencia.

Ahora bien, existe una razón más civilizada y racionalmente válida para comportarnos de mejor manera con los peatones, con validez incuestionable porque parte de una propuesta sumamente lógica: todos somos peatones.

Es urgente tomar en cuenta que quien maneja, también es peatón.  Entonces, si todos podemos estar expuestos a la agresión de un conductor ¿no cree que es el momento más oportuno para considerar a aquellos transeúntes que, al igual que nosotros en otro momento, se desplazan cerca de nuestros autos?

Básicamente, no haga a otro lo que no le gustaría que le hicieran a usted.  Y si usted es de los conductores que abusan de su condición momentánea y circunstancial, de manejar un carro, recuerde que más temprano que tarde alguien le devolverá sus abusos con su misma moneda.

Así, hágase la firme promesa de ser cortés, considerado y sensato con los peatones, porque seguramente ayudará a mejorar su calidad de vida y solvencia emocional.




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