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Bling bling automotriz

No puedes llevarte tu casa contigo.  Tienes que invitar a tus amigos para que la visiten. 

No así tu auto, él te lleva a donde todos te pueden ver.  Tal vez por eso se personalizan, a veces con extravagancia, dejando atrás a la performance, la marca y hasta el buen gusto.  Quienes pueden pagarlo y tienen ese gusto los transforman con plata, oro, platino y diamantes.


Se entiende que el Bugatti Veyron Super Sports es el auto legal más caro que se produce para circular en cualquier calle.


Su precio alcanza los US$2,400,000.  ¿Los merece?  Depende de tu gusto, pero al pagarlos obtienes una aceleración de 0 a 100 km por hora en 2.5 segundos y una velocidad máxima de 429.69 kilómetros por hora.  Te sentirás muy bien con él si te gustan la velocidad y la emoción, y si posees una billetera sin fondo.


Mas he aquí que encontrarás quiénes pagan aún más por un auto que ni por asomo se le acerca en desempeño al Bugatti.  ¿Cómo es posible?  Simple, a un Rolls Royce agrégale oro a su carrocería. 

He aquí el más reciente caso (sí, desde hace décadas se ha hecho esto, pero no a la escala de estos tiempos de incertidumbre económica):














El Rolls Royce Phantom Solid Gold

Resultado de una solicitud anónima, pero se sabe que se trata de un acaudalado hombre de negocios del Medio Oriente, esta joya sobre cuatro ruedas fue fabricada por Stuart Hughes, de Liverpool, y Eurocash AG, de Suiza. 


La primera es una empresa dedicada a convertir todo lo que puede en oro: desde pantallas de televisión a consolas de PlayStation, laptops y tablets, celulares o botes.  En cuanto al Rolls, para satisfacer el pedido se utilizaron 264.55 libras de oro de 18 quilates (es decir, 198.4125 libras de oro de 24 quilates). 

El metal se aplicó por medio de moldes internos, luego se hicieron láminas.  Aparte, se le dotó con un blindaje certificado por Beschussamt München, capaz de resistir concurrentemente ataques de Kalaschnikov (AK-47), Dragunov (570 tiros) o de dos granadas DM 51.

 Las empresas tardaron 18 meses en terminar el trabajo y el costo final fue de  £5 millones (alrededor de US$8.067,984.97).  Stuart Hughes certifica los metales que utiliza para modificar las carrocerías, así como sus diamantes, por medio de valuadores autorizados para ello en el Reino Unido. 

Una vez tengas esta extravagancia en casa debes sumar el costo de mantenimiento, más el cuidado para tratar al metal precioso, para evitar nada elegantes rayaduras.
Fuente: www.stuarthughes.com  www.eurocashag.com







Poderío ruso
Con 40 libras de oro de 22 quilates, un empresario ruso laminó este Porsche, según diseño de la empresa Visualis, incluyendo los aros.





Sueño de James Bond
Como no era suficiente tener un Aston Martin DB7, considerado por la crítica como uno de los mejores deportivos basados en la plataforma de un Jaguar XJS, a esta unidad se le laminó con oro de 24 quilates (oro puro) y platino.  Tal vez como referencia a James Bond se le incrustaron siete diamantes a la carrocería.


Extravagancia italiana

Fenice Milano no solo transformó a un Rolls-Royce Ghost con oro en el capó, la persiana, los lados y los espejos, sino le dio el toque de Midas al interior también.  Para hacer juego utilizó alcántara para los asientos.  Otra obra de esta casa fue un Fiat 500, del cual para fines de caridad se hicieron dos modelos: La Dolce Vita y el Sportiva.  Con aros de oro de 17 pulgadas y más de ese metal en pilares laterales, espejos externos, luminarias e incluso en el escape, dice un crítico, “de seguro hará babear a los coleccionistas”.

¿Por qué es tan fascinante el oro?  En parte porque es muy escaso, se calcula que hasta 2009 se habían obtenido durante toda la historia un total de 165,000 toneladas, equivalentes a 8,500 metros cúbicos o a un cubo de 20.4 metros por lado. 

La mayoría, un 50 por ciento de la producción mundial, sirve para joyería, 40 por ciento para inversiones y un 10 por ciento para usos médicos e industriales.  Se dice que Colón afirmaba que el oro abre las puertas del paraíso.  En la Tierra abre muchas puertas, por lo visto, incluso las de ciertos autos.


Por León Aguilera




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