| El 75 aniversario del Supermarine Spitfire |
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En 1936 voló el primer modelo de este avión que resultaría fundamental para ganar la Batalla de Inglaterra. Durante su carrera fue utilizado para reconocimiento aéreo, como bombardero, a bordo de portaaviones y para entrenamiento. Sin embargo, destacó en la Royal Air Force -RAF- para lo que fue diseñado: interceptor veloz de corto alcance y alta performance.
Y alta performance sí la tuvo. Tanto, que el público británico durante la Segunda Guerra Mundial lo percibió como la columna vertebral de la RAF, a pesar del alto número de Hurricane que volaron y combatieron junto a él. Su velocidad y maniobrabilidad, a pesar de ciertas limitantes como contar con una planta poder carburada (versus las inyectadas que utilizaba la Luftwaffe), lo hicieron perfecto para repeler los ataques alemanes. Por tanto, se le puede considerar héroe de guerra.

La vida útil de esta nave terminó oficialmente cuando los últimos en servicio fueron comisionados por la Irish Air corps en 1961. Para entonces, se calcula que Vickers-Supermarine había construido por lo menos 20,351 unidades, en efecto, la nave aérea más exitosa en la historia de la RAF. De hecho, después de la guerra, se convirtió en la estrella del comando de combate de esa fuerza y de muchas otras en diferentes continentes, creando una leyenda que pervive hoy en las 44 unidades que todavía vuelan.
Volviendo a 1931, el ingeniero aeronáutico Reginald Joseph Mitchell (1895-1937) empezó a diseñar este avión según especificaciones solicitadas por el ministerio británico del aire. Hombre y máquina quedarían unidos para siempre por la historia. La Air Ministry specification F7/30 demandaba una nave capaz de alcanzar los 404 km/h, ya que se veía como fundamental que fuera veloz para detener a potenciales bombarderos enemigos. El primer resultado fue un monoplaza abierto, el Supermarine Type 224. Este tenía una planta poder Rolls Royce Goshawk de 600 caballos de fuerza, enfriada por evaporación.

El resultado fue una gran decepción para Mitchell y su equipo, por lo que se dieron a la tarea de rediseñar por completo lo que consideraron fallido. Uno de sus esfuerzos, el biplano Gloster Gladiator, fue dado de alta para el servicio en la Real Fuerza Aérea. Pronto empezaron a lograr lo que deseaban. A pesar de eso, el siguiente proyecto, el Type 300, también fue rechazado por el Gobierno de Su Majestad Británica. Finalmente, con el apoyo del dueño de la fábrica, se le modificó y en 1935 se firmó el contrato AM 361140/34, dotado con £10,000, para la construcción del diseño F7/30. Su vuelo inaugural tuvo lugar tan solo cuatro meses antes que el correspondiente del Hurricane.
El prototipo K5054, así llamado, voló por vez primera con el piloto de pruebas Joseph -Mutt- Summers (1916-1954). Pronto se le equipó con una nueva hélice que le permitió superar los 557 km/h en vuelo nivelado y más tarde con un indicador de posición de las ruedas. La primera orden para fabricar 310 Spitfire llegó por fin y aunque se esperaba que se iniciara de inmediato se debieron superar algunos retrasos, a causa de que la fábrica estaba funcionando a plena capacidad. Señal de que los aires de guerra llegaban a la vieja Albión. El primer Spitfire, K9787, no rodó fuera de la fábrica, sino hasta mediados de 1938.

Una característica muy propia del Spitfiere fue su ala elíptica, creada por Mitchell desde 1934. Acusaciones de que la había copiado de un Henkel He 70 resultaron falsas. El ala era muy delgada, aun guardando el tren de aterrizaje. A diferencia de los Bf 109E, ni el Spitfire ni el Hurricane podían caer en picada debido a que el motor Merlin de Rolls Royce era carburado, el de los alemanes era inyectado. Sin embargo, sir Stanley Hooker defendió el uso de carburadores: “aumentan la performance del supercargador y por tanto la potencia del motor”. Para aminorar un poco el efecto de la gravedad sobre los carburadores, en marzo de 1941 se adoptó el uso de un diafragma de metal con un agujero en la línea de combustible. A este invento los jóvenes de la RAF le llamaron, no sin irreverencia, el orificio de la señora Shilling, porque Beatrice -Tilly- Shilling (1909-1990) fue su inventora.
El resto, señores, es historia. No se puede adivinar en ella, por tanto nunca sabremos cómo se hubiese desarrollado la guerra aérea sobre las Islas Británicas sin el Spitfire. Pero sí sabemos que con él el reino solventó uno de sus momentos más aciagos y que, a pesar de sus limitaciones, una de ellas era que a veces la cabina deslizante se atoraba, dejando al piloto encerrado, su excelente performance ayudó a ganar la guerra.
Aquellas alturas hoy están en silencio. La guerra terminó hace ya casi 7 décadas. Los protagonistas son recordados como héroes y sus máquinas, a la vista en museos de varias partes del mundo, son reliquias que atestiguan la grandeza de la voluntad y la valentía del ser humano.
Por León Aguilera
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