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Freemont, el primogénito

La historia de la industria automotriz está plagada de amores, desamores, pleitos, concubinatos, amasiatos, casamientos y divorcios. 

En algunas ocasiones, parece que despertaría la más profunda envidia literaria de Grace Metalious.

Sin embargo, también hay momentos lindos, llenos de alegría, esperanza y sueños.  Inclusive, más color rosa que vestido de quinceañera.  Sobre esos momentos llenos de futuro vamos a tratar en estas líneas.

Específicamente, sobre el advenimiento del primer producto resultante de la unión de Fiat con Chrylser. 

Dicho sea de paso, unión formal, en la cual ambas partes han manifestado su compromiso para vivir en función de sus objetivos, de su futuro y, desde luego, no esperar a que la muerte los separe.

Los declaro…

Cuando Chrysler entró en una situación crítica, especialmente por su desempeño comercial en Estados Unidos de América, la empresa de la estrella y el pentágono empezó a buscar aliados, entidades que apreciaran su marca, viendo un fuerte potencial en ella.

Cerberus Capital Management, entidad dueña de Chrysler tocó las puertas de varias empresas, siendo Fiat S.p.A. la que hizo una tentadora oferta para ambas. 

En especial porque la marca norteamericana tendría acceso a plataformas, motores y transmisiones de parte de Fiat, mientras esta última utilizaría la red de distribución de Chrysler en todo Estados Unidos.

También hay otros escenarios producto de esta relación simbiótica: fabricación de Alfa Romeo para el mercado del norte de América, venta de autos Chrysler en Europa y otros países donde Fiat es muy fuerte, producción de autos Fiat en plantas Chrysler, entre otras ventajas.

De hecho, esto último ya se está dando, porque el Fiat 500 es fabricado en la planta Chrysler de Toluca.

Asimismo, de esta relación podría darse un fuerte lanzamiento de Alfa Romeo en Estados Unidos, mercado muy apto para productos fabricados por la marca del trébol.

Felicitaciones: es una SUV

La primera criatura de la unión italo-norteamericana es una lujosa camionetilla tipo SUV. 

Una rápida mirada muestra su parentesco directo con la Dodge Journey. 

De hecho, ese modelo aporta las características físicas, mientras que su alma proviene de Multijet de Fiat, en sus versiones de 2,000 cc.

La camionetilla Fiat Freemont monta tres tipos de motores: dos provenientes de Fiat con 2,000 centímetros cúbicos, de 140 o 170 caballos de fuerza y uno de Chrysler de 3,600 cc. 

Para las distintas motorizaciones se ofrece motricidad integral o tracción y caja de cambios manual o automática.

Dotada de un amplio conjunto de sistemas de seguridad, la Fiat Freemont tiene espacio para transportar a siete personas, en un ambiente rodeado de gran lujo.

Es fácil percibir que esta camionetilla tiene como mercado meta aquel donde los monovolúmenes de marcas europeas han tenido éxito.

Es decir, entrará a competir especialmente con marcas como Volkswagen, Seat, Skoda, Mercedes-Benz y otras preferidas por las familias del viejo Continente.

Todo indica que la Fiat Freemont es tan solo la punta del iceberg de una sucesión de atractivos vehículos para variados gustos, bolsillos y requerimientos.  Una familia numerosamente feliz.


Por Néstor A. Larrazábal B.
























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