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Radio y carro

Toda la música que escuchemos dentro de un auto tendrá necesariamente como coro de fondo el ruido del motor y del ambiente por donde se conduzca, con mayor o menor intensidad, según lo bien aislada que esté la carrocería contra el exterior.

Aun así, según una reciente encuesta de la industria discográfica de Estados Unidos, el 87 por ciento de los conductores la escucha mientras maneja y más del 71 por ciento canta al mismo tiempo.  No es seguro afirmarlo, pero en Guatemala se pueden sospechar similares porcentajes, sobre todo en las horas pico.

Las implicaciones de estas estadísticas son diversas.  Por ejemplo, podría colegirse que un auto sin equipo de sonido tendría menor valor de reventa, a pesar de encontrarse en perfectas condiciones mecánicas.  También afectaría de manera más sutil incluso a los hábitos que se han formado para escuchar música, así como al propósito de la misma.

Al respecto, el periodista Dorian Lynskey analiza así en The Guardian el caso de Born To Be Wild (Steppenwolf, 1968): "En su origen fue un himno de la contracultura inmortalizado por el filme Easy Rider, pero sus constantes salidas al aire lo convirtieron en un todo propósito que hace sentir al conductor como si fuera un gran forajido rockero, aunque en realidad se dirija a una reunión de ventas en Iowa".

Según el citado, la era dorada del manejo con música quedó atrás cuando pasó de moda el rock pesado.  Disentimos con él.  Hoy casi todos disfrutamos de una canción o de la compañía de un locutor mientras manejamos y por eso las horas pico son más valiosas para la radio.  Al fin y al cabo, nadie lee cuando maneja.




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