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Hechos son amores, no buenas razones

Estamos ya en plena actividad política y muchos candidatos para los puestos de elección del país, han empezado a tener más presencia mediática, acercamiento con sus electores y mayor exposición pública.

Pero como indica el refrán español tomado para el título de esta columna, algunos candidatos ofrecen ir más allá de lo que la lógica jurisdiccional de sus cargos puede permitir, con lo cual sus discursos lucen como insultos a la inteligencia o abuso ante la ignorancia.

A quienes conducimos nos deberían importar las propuestas serias sobre organización del transporte, administración y desarrollo del transporte colectivo, proyectos de combustibles alternativos, modificaciones a la política fiscal para recaudar más impuestos, provenientes de una tasación adecuada a la importación de vehículos, ventajas fiscales para aquellos carros menos contaminantes o de cilindradas reducidas y, en fin, lo que pueda mejorar nuestra calidad de vida, no solo a bordo del carro, sino para nuestra sociedad total.

En realidad, las cancioncitas y estribillos, los acalorados discursos, las rasgaduras de vestimentas, las promesas casi bíblicas, los besos a niños y abrazos a ancianos ya deberían haber sido superados por quienes pretenden ganar nuestra preferencia al votar.  ¿O acaso somos tan primitivos que todavía, como electores, no hemos ya pasado a un nivel de mayor análisis serio de nuestro poder de voto?

Por eso, debemos recurrir a la realidad.  José Martí decía: “La mejor manera de decir es con hechos”.  Y es allí donde debemos analizar lo que cada candidato ha hecho realmente por mejorar nuestro transporte, la calidad del aire, incrementar las posibilidades de evitar ser parte del proceso de eliminación de desechos sólidos de otros países, como neumáticos, piezas usadas y autos chatarra.




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