 |
A nadie le gusta que le toquen el bolsillo. Y menos si nuestro dinero va a parar a las arcas comunes del Estado o instituciones públicas cuando tenemos décadas de cuestionar su eficiencia y eficacia.
Sin embargo, debemos estar conscientes de que la única forma de mantener el balance entre lo que gasta el estado y lo que recibe es evitando la inflación a través de la captación de impuestos, tasas, multas, arbitrios y otros ingresos provenientes de la población.
A veces, suspiramos por vivir en una sociedad con mejor calidad de vida, similar a las europeas o norteamericanas. Pero no investigamos sobre la carga impositiva de esos lugares, donde si bien casi todo lo provee el Estado, para ello se requiere pagar una altísima parte del sueldo devengado. Y desde luego, no hay quien diga que en esas condiciones no duele pagar, sin embargo, es una situación de causa efecto: ¿qué debemos hacer antes, pagar o exigir una mejor calidad de vida sin siquiera tener la solvencia para hacerlo?
La respuesta es simplemente lógica: primero pague y luego exija. Ahora bien, si usted es de las personas listas que compran un carro cuyos aranceles de importación no fueron pagados regularmente, o bien esté entre quienes compran en tiendas que no extienden facturas, y creen que han hecho el negocio del siglo al haber conseguido un descuento del 12 por ciento en el pago final, entonces, mejor no exija nada.
La complacencia de las autoridades es extrema. La recaudación a través de la imposición de multas por mal manejo podría generar recursos para varias plazas laborales, al tiempo que hacen que el tránsito sea mejor. Es decir, son de beneficio doble al generar ingresos para policías e incrementar la calidad del movimiento vehicular.
Asimismo, si es de los que se pasan las luces rojas de los semáforos y algún día se hace merecedor a una sustancial multa, tampoco vaya a apelar a su condición económica, urgencias o desconocimiento de la transgresión para ablandar el corazón del policía de tránsito, porque deberá pagar para aprender.
En pocas palabras, si usted se mantiene en el ámbito de la informalidad no exija un mejor país. Pague sus impuestos y luego podrá, con toda autoridad moral y fiscal, exigirle a sus autoridades.
| Otros artículos en esta sección |