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Luis Blanco, gurú de la autotrónica

La autotrónica tiene que ver con muchos temas del mercado automotriz, como la fabricación de millones de sensores y elementos micromecánicos relacionados con el crecimiento de la industria electrónica.  En la actualidad, cada automotor incorpora dispositivos electromagnéticos que actúan en áreas de eficiencia energética, seguridad y disminución de la polución.  Y en Guatemala, Luis Blanco es uno de los grandes dominadores del tema con 20 años de experiencia en investigación y enseñanza.

Comenzó dando clases de mecánica automotriz en el Intecap, participó en la elaboración del Laboratorio de Electrónica en esa misma institución y también colaboró en la fabricación del primer vehículo alimentado con energía solar en Guatemala.

El ingeniero Blanco, como le conocen sus alumnos y colegas, tiene más de 20 años de trabajar en el departamento de Autotrónica en Cofiño Stahl, en donde su prioridad es la investigación.  Ha recibido alrededor de 74 cursos en fábricas de 15 países alrededor del mundo.  Todo muy acorde con un científico que de niño desarmaba su televisor para saber qué tanto tenía adentro y luego lo armaba de manera perfecta para no recibir regaños.

Dentro del ámbito académico es coordinador de la Licenciatura en Empresas Automotrices, en la Universidad Galileo, y catedrático de Ingeniería Mecánica en la clase Autotrónica, de la Universidad Rafael Landívar.  Le gusta dar clases y cuando explica un tema lo hace con voz grave y pausada.  Tanto, que hace pensar que tal vez puedas entender con facilidad todo esto de la electrónica en motores en una de sus cátedras.

Mundo&Motor se reunió con él en el Laboratorio de Autotrónica de la Universidad Rafael Landívar, en medio de varios simuladores y computadoras, para platicar sobre la importancia de esta rama científica, así como sobre sus experiencias en el campo de la investigación y la enseñanza.

Para entrar en el tema, ¿qué es autotrónica?
Primero tenemos que definir mecatrónica, que es una rama de la ingeniería en la cual se realiza una acción sinérgica entre diferentes ramas como la informática, controles, mecánica y electrónica.  De la mecatrónica proviene la autotrónica, que es lo mismo que definimos, pero aplicado al automóvil.

Muchos creen que la autotrónica es la mecánica de carros...
He escuchado esa definición, pero no es así.  Esta rama lleva conocimientos más profundos de informática y controles.

¿Cuándo y cómo se dio cuenta de que la autotrónica sería lo suyo?
Desde niño tengo relación con los vehículos, pero más con la electrónica.  A los 10 años ya había desarmado la televisión de mi papá por la parte de atrás.  Recuerdo que me moría de la curiosidad por saber qué había detrás de la pantalla.  También me gustaban los vehículos y la mecánica.  Estudié en el Técnico Profesional y me inscribí en mecánica automotriz,  aunque me gustaba más la electrónica.  Fui combinando los conocimientos de electrónica a cada paso que daba en mecánica.  Antes no había mucha combinación, yo hacía cosas en casa que en esa época no eran comunes.  Por ejemplo, conectar el teléfono al equipo de sonido, muy novedoso.

¿Y de enseñar?
Siempre me gustó enseñar, y ahí se aprende más.

¿Ha necesitado hablar otros idiomas para recibir tantos cursos?
Hablo un poco el inglés, pero en la mayoría de cursos hay traducción al español.  Cuando se trata del tema del automóvil no tengo problemas con el inglés, porque todos los manuales están en ese idioma.  La mayoría de fábricas, cuando hay estudiantes de Latinoamérica, proveen un traductor.

¿Existe un tema o una parte de la autotrónica que le apasione?
Es una pregunta difícil.  La electrónica aplicada al auto incluye un entorno tan grande...  Es tan enorme que apenas logro ponerme al día cada año con la nueva tecnología.  Cuando uno siente que está totalmente al día, sale algo nuevo.  Me gusta mucho la innovación, nuevos combustibles y nuevas fuentes de energía.  Trabajo con vehículos eléctricos y desde el momento en que lo hice con energía solar me quedé con ese sueño, pero ahora hay más tecnología, cadenas de transmisión más livianas, materiales más ligeros y celdas solares más potentes.  En realidad es todo el tema el que me apasiona.

En la actualidad, ¿cómo está la situación de los autos eléctricos?
Por la zona geográfica, Guatemala es un país privilegiado porque tenemos mejores condiciones de sol que en países que van a la vanguardia, como Alemania.  Lamentablemente, no se ha podido desarrollar en nuestro país, pero en otros, como en Alemania precisamente, hacen competencias entre universidades y también entre personas particulares.  Mi sueño es el desarrollo, investigación y la competencia.

Debe tener muchas experiencias en este campo...
Sí, una que me gustó fue haber instalado todo el sistema electrónico en un carro de carreras.  Fue con el que se ganó la última carrera en el Autódromo, porque se trajo todo un sistema electrónico de NASCAR para adaptarlo a un motor Beuwik de 3.0 litros.  Fue un éxito.  Calibrar las computadoras para que la potencia fuera la máxima fue una experiencia emocionante.  El carro era un Célica de tubos fabricado en Cofiño Stahl.  Nosotros adaptamos toda el sistema, pero yo sólo armé la parte electrónica.  Lo vi correr y ganar la última competencia.  Sentí una emoción muy fuerte.  Todos los conocimientos de controles electrónicos puestos en práctica, dieron el resultado esperado.  Había motores más grandes o parecidos, pero ganamos.

Cuando comenzaba, ¿se imaginaba el futuro así en Guatemala, arrancando?
Era muy difícil predecir cómo se iba a desarrollar la electrónica en el automóvil.  No lo podía saber.  Ni cómo sería y será la apertura de las universidades.  Es una sorpresa.  Mas es un sueño en el cual siempre he querido colaborar.  Espero que se me sigan abriendo puertas, y estaré ahí impulsando el conocimiento de la autotrónica.

¿Qué le puede aconsejar a los jóvenes interesados por estudiar esta disciplina?
Hay mucha juventud entusiasmada.  Se percibe en visitas a colegios, los alumnos se emocionan.  Ya no es como se pensaba antes, que aprender la tecnología del automóvil era meterse a un taller con tierra y llenarse de grasa.  Se puede hacer científicamente, con conocimientos de calidad y profundos, para desarrollar la investigación.  No sería raro que en un futuro cercano montemos una planta de ensamblaje.

Alta tecnología

Uno de los proyectos favoritos de Luis Blanco es el montaje y diseño del Laboratorio de Autotrónica de la Universidad Rafael Landívar, en el cual participó.  El orgullo de su obra es evidente, por lo que le hicimos otras preguntas:

Toda esta maquinaria, ¿para qué sirve?
Este laboratorio está equipado con la más alta tecnología de electrónica aplicada a los motores, o autotrónica aplicada a los autos.  Se encuentran desde sistemas multiplex, que es lo más moderno en informática que los carros están trayendo, hasta los sistemas de inyección más modernos de diésel de riel común y de gasolina.



También cuenta con un vehículo completo, pero montado en los diferentes subsistemas en tableros especialmente diseñados para la docencia.

En su opinión, ¿que beneficios trae este laboratorio?
En primer lugar, elevar el conocimiento de la autotrónica a nivel universitario.  Si se la quiere estudiar a profundidad no solo hay que conocer un poco de electricidad automotriz y mecánica, sino hay que tener conocimientos profundos de diferentes ramas de la ingeniería, enfocados a controles.  Esto merece que se lleve a un aula universitaria.

¿Cuáles son los títulos que reciben los alumnos?
En esta universidad la carrera tiene la opción de entregarle al graduando la mención en autotrónica, así recibe todo lo relacionado con la tecnología resumido en cinco módulos: aire acondicionado, sistema multiplex, sistema de inyección diésel, gasolina y electricidad básica.


Por David Lepe




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