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El costo de oportunidad de la tranquilidad

Se dice que el primer paso para la felicidad es la tranquilidad.  Sin embargo, si no hemos aprendido a vivir socialmente, es decir, respetando y haciendo respetar nuestras responsabilidades y derechos, será difícil edificar un estado de tranquilidad estable.

Si usted al manejar llega a un semáforo cuya luz roja le indica que tiene que esperar y, por el contrario, a la primera oportunidad atraviesa la calle solo porque no venía nadie en la otra vía, está violando la más sencilla norma de convivencia.  Si bien, muy probablemente no le pase nada en esa ocasión, incluso el Policía Municipal de Tránsito no haga absolutamente nada, le cuento que ha empezado con mal pie.  Usted no respeta las leyes con total apertura e impunidad.

Hoy será el semáforo, mañana pueda apropiarse de algo que no le pertenece y allí irá, incrementando la gravedad de sus faltas hasta llegar a delinquir.  Y, desde luego, desde ya empiece a recordar que la mejor enseñanza se logra con hechos y sus hijos, sentados en el asiento de atrás, serán sus mejores alumnos, de forma que ya les estará forjando un futuro bastante errático, irresponsable y quién sabe hasta una lamentable carrera criminal.  Luego, no vaya a cuestionar a Dios ni se pregunte por qué le ha pasado tal o cual cosa a sus retoños, si usted les dio el peor de los ejemplos.

Parece irónico, pero los especialistas en conducta indican que son las pequeñas faltas las que cimientan actitudes negativas y generan un ambiente propicio para cultivar una conducta antisocial, empezando paso a paso.

Por eso, lo mejor es tratar de mantenerse en el contexto de las acciones normales, acatando las leyes de tránsito, siguiendo las instrucciones de los agentes de las policías y manteniendo el respeto como premisa de vida.  Si bien eso no lo hará inmune a los múltiples males padecidos por nuestra sociedad, a menos será responsabilidad de otros y no suya, sus hijos tendrán un buen ejemplo, podrá edificar un sano estado de estabilidad emocional y, desde luego, la felicidad estará a un pequeño paso.

Ahora bien, si tiene problemas con acatar las imágenes de autoridad y le cuesta trabajo conducirse correctamente, lo mejor es que, a la brevedad, visite al psiquiatra más cercano o de su mayor confianza, porque usted no es capaz de pagar el costo de oportunidad de vivir mejor para llegar a un estado de tranquilidad plena.




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