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Osman Barrios, la carrocería como lienzo

Por su imaginación y habilidad con el aerógrafo, Osman Barrios destaca en el selecto mundo del custom paint en Guatemala, en el cual sus diseños personalizan desde cascos de motociclistas hasta aviones y helicópteros.

Calaveras sonrientes, ríos de lava cubriendo esqueletos, figuras de grupos de rock metalero como Iron Maiden y Metallica, y personajes del cine fantástico como el Guasón y Predator son algunos ejemplos que rodean la obra visual de Osman Barrios, quien armado con aerosol se encarga de personalizar motocicletas, carros, cascos y guitarras eléctricas en su taller Barrios Custom.

Su camino en esta expresión artística comenzó en 1998 durante un curso de artes plásticas con Álvaro Olivares.  En 2001 viajó hacia Houston, Texas, donde aprendió a utilizar el aerógrafo.  Dos años más tarde regresó a Guatemala y abrió su propio taller.

Lleva diez años de pintar y seis de trabajar en nuestro país.  En 2010 recibió la propuesta de pintar cascos para la fuerza aérea guatemalteca y de trabajar para aviones A-37b y helicópteros UH-1 Huey.  También ha incursionado en carros de carrera del Autódromo Pedro Cofiño y vehículos drag junior.

Mundo&Motor se reunió con el artista para conversar sobre sus inicios en la aerografía, sus gustos personales en pinturas y la peculiar relación con sus clientes.

¿Cómo te iniciaste en la profesión de la aerografía?
Comencé desde pequeño, me gustaba dibujar.  Por casualidad estaba en Texas, donde mi prima tiene un taller de enderezado y pintura.  Ahí leí un libro sobre custom paint.  No recuerdo su nombre, pero lo leía todos los días y los dibujos me impactaron.  Luego recibí un curso en la ciudad de Pearland, Texas.  Más que todo he tenido una preparación autodidacta, pero el libro y el curso fueron el punto de partida.

¿Qué te gustó más de ese libro en Texas?
Un trabajo que se llama pinstriping, que consta de la aplicación de una línea de pintura muy delgada y recta.  Debe quedar perfecta.  Esa práctica me ha ayudado a mejorar mis diseños.  En cuanto a imágenes, las calaveras me gustan mucho, es una onda rara.

¿Por qué las imágenes de calaveras son tan recurrentes para diseños en motocicletas?
No surgen al azar o solo porque se vea malvada la imagen.  Existe una historia.  Esto surgió durante la Segunda Guerra Mundial.  Los soldados que participaron, sobrevivientes de tres o cuatro años de batallas sangrientas, son seres quienes vieron cadáveres y calaveras durante ese tiempo.  Cuando regresaron a sus casas y se encontraron sin empleos, muchos comenzaron a comprar motocicletas de posguerra.  A estos soldados, a quienes les dieron de baja, tuvieron la oportunidad de comprar sus motos a precio bajo, como a US$10.  Y las personalizaron pintándoles calaveras, águilas como sinónimo de libertad, fuego y dibujos violentos.  Fue la expresión del subconsciente.  Ahí arrancó la tendencia.

¿Cuáles son los diseños más solicitados por tus clientes?
Llamaradas y calaveras, aunque he pintado casi de todo, como águilas, rostros de personas que han muerto, homenajes a una madre o hermano.  También nos solicitan emblemas de motos viejas cuando la pintura original está deteriorada.  Motocicletas es lo más trabajado.  Como son piezas pequeñas en comparación a otras máquinas, no hay margen de error.  Y aunque existe poco espacio para agregarle el toque personalizado, aprovecho cada sector de las motocicletas y los cascos.  Trabajo muy pocos carros.  En Guatemala existe poca cultura de custom paint en carros porque resulta más fácil ponerles una calcomanía.

¿Y qué te gusta pintar más?
Para el artista no hay límite.  Me emociona que me exijan.  Uno busca evolucionar, no estancarse en un solo estilo.  Tampoco me llama la atención dedicarme a una sola técnica, porque me gusta expandirme y expresarme diferente, así mejoran mis técnicas.  Es agradable porque el cliente te dice que quiere detalles específicos, y a eso yo, como artista, le agrego mi punto de vista.  Hemos tenido una que otra mala experiencia por malentendidos, pero en la mayoría de los casos el cliente queda contento.

Muchos opinan que es un desperdicio manchar una moto o carro.
Nos hemos topado con ese tipo de personas, a quienes no les gusta nada.  Tienden a caer en el error de creer que una obra se devalúa solo porque no entienden el trabajo.  Gracias a Dios mucha gente confía en nosotros.  Ya han visto mi trabajo, me conocen y siento que estoy haciendo mi prestigio.  Y algo que me ha ayudado mucho son las recomendaciones personales.  No es fácil demostrarle a una persona que no pierde económicamente con colocarle arte en su pieza, al contrario, se vuelve una pieza única y tiende a subir de precio.

¿Cómo te describes como empresa?
Somos un taller pequeño, pero tenemos buenas ideas.  Eso les gusta a quienes nos visitan.  Llama la atención vivir la sensación de que es algo muy urbano y underground.  Nuestro público se formó de recomendaciones y sigue creciendo de boca en boca.  Dos patojos me ayudan en el taller, uno a preparar y desarmar piezas, y el otro es como el “jala jala, andá a traerme tal cosa” (sonríe).  Somos tres personas, a veces solo dos.  Trabajamos el fondo, la pintura, el arte y el acabado.

¿Qué es un aerógrafo?

Es un dispositivo neumático que produce un rocío fino de pintura, tinte o revestimiento protector.  Logra un terminado elegante y los efectos de pintura difuminada son casi imposible de igualar con pinceles.  El detalle de la superficie a utilizar se conserva casi intacto porque las capas de pintura son más delgadas.  Con el aerógrafo se logran sombreados, aclarar zonas y barnizar.  También aplica colores metálicos de manera uniforme y simula polvo.  Consta de un atomizador con forma de lápiz para aplicar la pintura con detalle perfecto.

Por David Lepe




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