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Contacto directo de la fórmula 1

El Gran Circo no es solamente una demostración de la máxima tecnología automotriz, sino un espectáculo de tal magnitud que todo amante del deporte motor debería verlo en vivo por lo menos una vez en la vida.

Para muchos, las competencias de Fórmula 1 son carreras cuya duración no excede las dos horas y que tienen lugar una veintena de domingos al año.  Pero tal apreciación no es más que el bosquejo simplista de un complicado deporte.

No obstante, al dar una segunda mirada, se evidencia la innumerable cantidad de variables presentes en este deporte-espectáculo, más conocido por su glamour y extrema tecnología aplicada en cada equipo competidor.

En el paddock…

En el área posterior a los pits se da una dinámica similar a la de cualquier tras bambalinas: personalidades vienen y van, los pilotos pasan sin vestir su indumentaria, algún dueño de equipo toma una taza de café, una leyenda del automovilismo sostiene una reunión informal y sigue un largo etcétera.
Esta área es semiprivada, destinada especialmente a los corredores de las escuderías de la Fórmula 1, los miembros de los equipos, los representantes de los patrocinadores y un reducido número de invitados.  La presencia de periodistas está prácticamente prohibida.  De esa manera, todos quienes están allí tienen alguna función específica dentro de este gran espectáculo, lo cual asegura que no habrá aglomeración y con ella molestia u obstrucción de las labores propias de la carrera.

Como el cinéfilo debe sentirse en la Meca al ir a la entrega de premios Oscar, así será para el motorhead o fanático de la F1 al estar en el paddock: se ve a Jackie Stewart por un lado, Jenson Button por otro, a Lucas Di Grassi saludando a Rubens Barrichello y una multiplicidad de personajes de tan alto rango del deporte-motor que son inaccesibles para la mayoría de quienes gustan de esta disciplina.

Emerson a bordo
La inesperada clasificación

El sábado a las 14:00 horas, empezó el proceso de clasificación para la salida del GP de Brasil.  Este lleva tres clasificaciones y, generalmente, al frente de la última y decisiva prueba quedan los más fuertes candidatos al título del año, sin embargo, con tan alto nivel de competencia el resultado fue impredecible.

Al empezar la Qualy 3, la pista estaba mojada y los tiempos eran bastante altos hasta que Nicolas Hülkenberg tomó la estratégica decisión de montar neumáticos para piso seco, llamados slicks, y salir a calentarlos a la pista.  La temperatura era de 24 grados centígrados y había un 84 por ciento de humedad relativa.

Cuando el asfalto se secó, el único que tenía llantas a temperatura óptima resultó ser el joven alemán de Williams, haciendo los mejores tiempos, a pesar de tener un auto no tan veloz como los de las escuderías del frente del pelotón.

Al tomar la pole position, Nico se ubicó como el piloto que los verdaderos punteros tendrían que pasar como requisito para disputar las posiciones de privilegio sin mayores sobresaltos.

Y a la postre, este alemán se convertiría en el tapón de la carrera de Alonso, quien no pudo pasarlo tan rápidamente como Vettel y Webber, haciendo una ventaja de diferencia tan grande, que prácticamente imposibilitó que el hombre de Ferrari tratara de pelear por el triunfo o, en el mejor de los casos, por el segundo lugar.

La pole de Hülkenberg fue un regalo inesperado para Frank Williams, quien ya había dado declaraciones con sabor a despedida para Nico, ante la posible llegada de los millones de petrodólares que llevaría en su maletín el venezolano Pastor Maldonado.

Si una sarcástica versión del conocido refrán sentencia: “No hay bien que por mal no venga”, precisamente, a quien la pole le pudo haber caído como balde de agua fría fue al as venezolano, quien luego de muchos trámites lo admitieron en Williams, no porque haya duda al respecto de su incuestionable capacidad, sino porque su cercanía con el gobierno venezolano provoca más que un rictus dentro del paddock.


La parte oscura del domingo más esperado
Ubicado en los suburbios de São Paulo, el autódromo está abarrotado por miles de seguidores.  A pesar de la gran presencia policiaca, en el ambiente hay un rumor que alarga las caras: después de las clasificaciones del sábado, Button había sido víctima de un frustrado atraco o intento de secuestro.

Conducido por un experimentado piloto de la Policía paulista, el atentado fue solventado con maniobras ofensivo-defensivas, dando lugar a que el campeón declarara: “Hoy, más que nunca antes, mi vida dependió de la habilidad de un buen conductor”.
Sin lugar a dudas, el evento llamará la atención de los organizadores de la Fórmula 1.  Los esquemas de seguridad, incluido el transporte aéreo para los equipos, serán revisados y mejorados.

Nestor Larrazabal y Emerson Fittipaldi
Después de casi 3 décadas…

Como prólogo del Gran Premio de Brasil, salió a la pista el Lotus 72D/R7 con el cual Fittipaldi se coronó campeón del mundo en 1972, y nada menos que con el mismo Emerson al volante.

Apreciar una joya automotriz en su máxima expresión, conducida por esa leyenda brasileña, es más que un aperitivo para un plato fuerte de lujo.
Esa maravilla que anda como en sus mejores tiempos y con casi tres décadas de edad, todavía hace vibrar a los miles de espectadores presentes en el autódromo José Carlos Pace, de Interlagos, São Paulo.






A esos carros les dieron alas…

Con todavía 24 grados centígrados de temperatura y 0 por ciento de probabilidad de lluvia, se dio el banderazo de salida a los autos más sofisticados de la tecnología motriz del planeta.  En los primeros metros, Vettel y Weber se hicieron con la punta, mientras el Williams de Hülkenberg no podía ser adelantado por el Ferrari de Alonso.  En este punto hay que hacer notar que si bien el carro de la Scuderia era más veloz que el Williams, no lo era tan suficiente como para hacerle un pase sobre velocidad máxima.

Fue hasta cuando Vitantonio Luizzi chocó justo frente a la sección E, donde estaba quien aquí escribe, provocando la salida del carro de seguridad, que se redujo la calendárica diferencia, que los Red Bull habían puesto entre ambos carros y el pelotón.

Al volver a arrancar la carrera, Alonso pasó a Nico y trató de pegarse a los dos punteros, pero sus carros tuvieron un comportamiento extraordinario hasta el final de la competencia.  El Ferrari del asturiano tuvo un mejor final, gracias al comportamiento mejorado de las Bridgestone en el último tramo de la competencia, pero la mejora de su auto no fue suficiente para siquiera hacer sombra a los dos primeros lugares.

Al final del Gran Premio de Brasil, las especulaciones matemáticas daban oportunidad para que la corona fuera ceñida en la testa de Alonso, Vettel, Webber o Hamilton.  Una vez más, el Campeón sería definido en la última carrera.

El séptimo pecado capital

La historia ya está escrita: Vettel es campeón y Alonso quedó en segundo lugar.  Pero es conveniente hacer una reflexión al respecto, y es con relación a la actitud.

A pesar de declararme abiertamente seguidor de Ferrari, esa inclinación no puede reñir con lo evidente, objetivo y lógico.  Y es la forma en que Ferrari encaró la última carrera en Abu Dhabi.

La confianza manifestada constantemente sobre la ventaja de Fernando Alonso, las apuestas a su favor y hasta la inauguración del parque temático Ferrari World Abu Dhabi, fueron una clara muestra de que la Scuderia se sentía más que sobradamente superior a los demás equipos.

Los escenarios planteados: que si X llega primero y Alonso segundo, que si Alonso cuarto y Vettel no hace puntos, que si Hamilton, que si Webber y más, recuerdan a las expresiones típicas de quienes consideran la posible llegada de la Selección Nacional de Guatemala a un Mundial de Fútbol; es decir, puras especulaciones cargadas de esperanzas, con juegos matemáticos similares a los problemas del libro de Malba Tahan, El hombre que calculaba.  Al final de cuentas, tuvieron el mismo resultado: no llegaron al triunfo.

Así como nadie pensó en el terrible efecto de un error estratégico al hacer entrar a Alonso a pits, el resultado fue más que inesperado, pero bastante justo, para un Vettel que ha demostrado su incuestionable calidad al volante, un equipo que ha trabajado durante cinco años y una actitud de guerreros llenos de coraje para lograr el triunfo final.

Todo luce como que Ferrari entró en un período de ebriedad por vanidad, no midió las consecuencias de bajar la guardia, de no ir más allá de lugares en el podio, en lugar de buscar la victoria, de creer que se tenía ganado el título antes de completar las 55 vueltas del Gran Premio de Abu Dhabi.

En la vida diaria, en las acciones empresariales y en los deportes, la vanidad se paga tarde o temprano.  Y a Ferrari, ya le llegó la factura.


Por Néstor A. Larrazábal B.  Invitado de Bridgestone al Gran Premio de Brasil en São Paulo.




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