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Los recuerdos llegan en CD3

Cuando el famoso vuelo de los hermanos Wright cumplía 32 años, el Douglas DC-3 despegaba por primera vez.  Era el 17 de diciembre de 1935.



Antiguo aeropuerto de Flores, Petén, vista parcial.


Hace 75 años nacía esta leyenda de la aeronáutica que vuela hasta la fecha y convoca fans en todo el mundo.  Mundo&Motor le rinde este breve homenaje porque, como verán, se ha tratado de un transporte aéreo muy importante para Guatemala.

Todas las alas convocan sueños.  Y no solo las de los ángeles, sino también las de los aviones.  Pero algo tienen en especial las alas antiguas, esas que se ven en fotos en blanco y negro entre nubes densas, aterrizadas sobre pistas de grama o en aeropuertos de otras eras.



Uno de los aviones más conspicuos en esas imágenes es el Douglas DC-3, creado a partir del DC-2 gracias a constantes llamadas que hiciera el entonces CEO de American Airlines, Cyrus Smith, al CEO de Douglas, Donald Douglas, para que mejorara al modelo anterior.  Un equipo liderado por su ingeniero en jefe Arthur E. Raymond se dio a la tarea y logró ascender a los cielos a una leyenda de la aeronáutica, a una historia que aún no termina porque se calculan en alrededor de 400 de los DC-3 todavía vuelan por el mundo.

El DC-3 en Guatemala

Rafael Vettorazzi creció entre aviones, aeropuertos y pilotos.  Desde niño supo que le apasionaba la aviación y desde entonces ha documentado sus recuerdos.  Su vasta colección de imágenes de la historia de Aviateca, por ejemplo, es incomparable.  “Mi relación con el DC-3 es pasional, en una época de mi vida trabajé en Aeroservicios Turísticos.  Para mí, el ícono de la aviación es el DC-3 (o C-47, en su versión militar).  Ambos se distinguen más que todo por el tipo de puertas, la del primero tiene un batiente, la del segundo dos para subir carga.



Tres jóvenes lacandones -apodados San Juan, San Pedro y San Marcos- en la pista Lacandón, Petén, junto con el capitán Carlos Enrique -El Gato- Samayoa.


La mayoría de estos aviones que volaron sobre Guatemala eran C-47, modificados para uso civil.  Tal vez porque después de la Segunda Guerra Mundial muchas fuerzas aéreas convirtieron sus naves militares para uso civil y las vendieron.  Por esta razón, el Super DC-3, lanzado en la década de los años de 1950, prácticamente ya no encontró mercado.  “Hoy”, estima Vettorazzi, “el DC-3 es el avión que más ha sobrevolado el territorio nacional”.  “Eran tantos los vuelos que hizo Aviateca a todos los destinos internos, que por sus horas de vuelo acumuladas sin incidentes ni accidentes, ganó el Premio Latinoamericano de Seguridad y Servicio.  Y en gran medida se lo debe al DC-3, porque es muy seguro, muy confiable, a pesar de tener una aerodinámica deficiente.  El avión es una gallinota, en jerga aeronáutica, por lo fácil que resulta volarlo”.

Los primeros DC-3, según registros que se conservan, vinieron para la Fuerza Aérea de Guatemala, que entonces se llamaba Fuerza Aérea del Ejército de Guatemala, identificados como T1, T2 y T3, porque servían para transporte.  Eso fue en el año de 1946, cuando también se eligió para la entonces Aerolíneas de Guatemala el nombre con que se conoció durante décadas, Aviateca.  Pero no solo Aviateca y la Fuerza Aérea lo poseyeron, también personas particulares tuvieron algunos.




En esta foto sin fecha, el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes abandona el país en un DC-3 de Aviateca, tras el golpe de estado propiciado por el coronel Enrique Peralta Azurdia.


Aviateca voló a casi toda la república: a Cobán, Huehuetenango, Puerto Barrios, Quetzaltenango, Retalhuleu, Salamá, entre otros destinos.  Aparte, existió el sistema llamado Interpetén, que volaba desde Flores hacia Carmelita, Dos Lagunas, Melchor de Mencos, Naranjo, Paso de Caballos, Sayaxché, Tikal y Uaxactún, y a otros destinos más.  A pesar de que sí hubo incidentes y accidentes, algunos fatales como el que cobró la vida de la cantante Lilly Andreu y del compositor Paco Pérez (el DC-3 cayó poco después del despegue en 1951); por la cantidad de horas de vuelo registradas los siniestros resultan porcentualmente mínimos.

Entre los pilotos de aquellos años dorados estaban Julio Archila, Enrique Arredondo, Óscar -Coco- Arroyo, Jorge Barragán, Gustavo Barrios, Víctor Barrios -Vitiquín-, Alfredo Castañeda, Arturo Cosenza, Antonio Franco, Óscar Larrañaga, Roberto Lemus, Gerardín Mazariegos, Rubén Monzón, Horacio Peláez, Jorge -La Negra- Pérez, -El Negro- Roulette, Carlos -El Gato- Samayoa, Francisco Samayoa, Julio Sales, René Sarmiento, Luis Urrutia y Enrique Valladares.  Entre muchos otros, por supuesto.

Hay que tomar en cuenta que los procedimientos para volar a los DC-3 eran muy diferentes a los de la actualidad.  Entonces no existían  prestaciones como asistencia satelital.  Mucho dependía de la destreza y experiencia de aquellos pilotos.  Famosos unos, anónimos otros, pero todos labradores de la historia de la aviación nacional.

Mientras los recuerdos se van desvaneciendo para convertirse en registros históricos, los 400 DC-3 que mencionamos, siguen elevando su vuelo.  No tendrán la intimidante mole de un Galaxy C5A, ni la destreza de un F-22 Raptor, pero a cambio tienen tradición y una cuna noble que les dio haber sido diseñados y construidos para una era que no supo de obsolescencias programadas, repuestos morosos, agendas ocultas, ni de componendas industriales.  Por eso, aún hoy en corrillos aeronáuticos se dice que el único reemplazo para un DC-3 es otro DC-3.



Producción: 10,655 DC-3 fueron construidos en Santa Mónica y Long Beach, California, y en Oklahoma City: 10,048 para uso civil y 607 como C-47, para uso militar.  Unos 4,937 se hicieron bajo licencia en la antigua Unión Soviética, como Lisunov Li-2 (Cab, según código de la Otan), y unos 487 en Showa y Nakijama, Japón, como L2D2-L2D5 transporte Tipo 0.

Por León Aguilera

Fuentes: •  René Francillon: McDonnell Douglas Aircraft Since 1920: Volumen I.   • Jennifer M. Gradidge: The Douglas DC-1/DC-2/DC-3: The First Seventy Years, volúmenes I y II  • Arthur Pearcy: Douglas DC-3 Survivors, volumen 1.

Fotos: Cortesía de la colección de Rafael Vettorazzi  y Sector público, en Rusia;




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