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Política de tolerancia cero

Quienes gusten pisar el acelerador en estado de ebriedad deberán pensarlo mejor, pues una iniciativa de ley busca frenarlos con penas severas para reducir la siniestralidad causada por este flagelo.

A Carlos Garrido se le fue la vida en la madrugada del 3 de julio de 2009.  Ese día, después de salir de trabajar en un restaurante y mientras esperaba un taxi, un conductor los embistió con su auto a él y a su novia Alejandra.

Alejandra sufrió heridas en su pierna izquierda y Carlos, chef de 25 años, murió en el lugar debido a una fractura en el cráneo.  El conductor del vehículo iba ebrio.  Un examen de alcoholemia detectó la presencia de 1.39 gramos de alcohol por litro de sangre, casi tres veces más de lo permitido por la Ley de Tránsito.  Había pasado tres días bebiendo.

Pero este caso solo es una muestra de los cientos de personas que mueren y quedan lisiadas en Guatemala, producto de percances provocados por conductores borrachos.  Las estadísticas de la Policía Nacional Civil hablan por sí solas: de enero a abril de 2010 un promedio de mil 28 personas fueron detenidas por conducir así, mientras 484 murieron en accidentes de tránsito.

Según el vocero de la Policía Municipal de Tránsito, Amílcar Montejo, solo en la ciudad capital un promedio de 50 conductores son sancionados semanalmente por conducir bajo efectos del licor.  Para él, se trata de una conducta perniciosa y de intencional irresponsabilidad, por las consecuencias dolorosas que siguen a los accidentes provocados en tales condiciones.

De acuerdo con el funcionario, cada mes 15 menores son sorprendidos por las autoridades conduciendo bajo efectos del alcohol y de los 10 mil accidentes de tránsito que ocurren al año, el 70 por ciento involucra a adolescentes, entre las edades de 16 a 19 años, “lo cual nos preocupa, tanto por ellos como por sus familias”, dice Montejo.  La accidentalidad en el país tiene como una de las causas más frecuentes a la embriaguez de los conductores, concuerdan los cuerpos bomberiles del país.

Con mano dura

El clamor por imponer sanciones más severas a estos pilotos, que desde hace mucho tiempo han hecho varios sectores, encontró eco en los diputados de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales del Congreso, quienes han preparado un dictamen que propone medidas más drásticas contra este tipo de conductores.

Una de las primeras medidas que pretenden establecer es imponer la prueba de alcoholemia obligatoria y tecnificarla según los estándares emitidos por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif).  Y es que en la actualidad un conductor ebrio puede ser sancionado con Q500 de multa y, si no lo desea, no puede ser forzado a que se someta a la prueba de alcoholemia.

Para cambiar esto, los legisladores pretenden reformar el Código Procesal Penal y la Ley de Tránsito, con el objetivo de utilizar la prueba de alcoholemia para sancionar a los pilotos en estado de ebriedad, expresa el diputado Oliverio García Rodas, presidente de dicha Comisión.

También se incluirá un artículo nuevo en el que se establecerá que el máximo nivel de alcohol en la sangre sea de 0.5 g/L (gramos de alcohol por litro de sangre) en el torrente sanguíneo del conductor, y que para medir el estado etílico se utilizará el dictamen del Inacif, expresa el parlamentario Aníbal García, vicepresidente de la Comisión.

En el proyecto se contempla una reforma al Código Procesal Penal, en su artículo 264 bis, para que los conductores que provoquen accidentes de tránsito no gocen de arresto domiciliario si al hacerles un examen de alcoholemia el resultado excede lo permitido.

Según Oliverio García, en la actualidad determinar el grado de ebriedad del conductor queda a discreción de la autoridad que llega al lugar del incidente, lo cual sería más técnico con la nueva propuesta.

Mariano Rayo, diputado del Partido Unionista, propuso que se incluya la reforma a la Ley de Tránsito “para dar potestad a la Policía de Tránsito y que realice las consignaciones”; las sanciones propuestas van desde suspender la licencia del conductor en estado de ebriedad por 30 días y decomisarle el vehículo, hasta suspenderla en forma definitiva.

Sin embargo, para los pilotos de transporte pesado y público se deja establecido que tendrán tolerancia cero al alcohol.

De acuerdo con los parlamentarios los incidentes provocados por pilotos ebrios ascendieron a 17 mil el año pasado, lo cual es preocupante y por ello se debe legislar en este sentido.

Educación vial, un tema pendiente

Muchos expertos creen que la suspensión de la licencia de conducir y otros castigos son medidas atinadas, pero no necesariamente son las más eficaces.

Se debe trabajar para crear conciencia sobre las consecuencias de manejar ebrio, y educar a los jóvenes y público en general en que la bebida y el volante no se mezclan, dicen los especialistas del Consejo de Prevención de Accidentes y Educación Vial.

Pero a la par de ello, se necesitan acciones coordinadas con otros sectores.  Cualquier iniciativa de prevención debe estar basada en un análisis profundo del problema, en evaluación e instrumentación de políticas destinadas a todos los sectores sociales, sin exclusión alguna.

O blanco o negro

Si bien los cambios propuestos por los congresistas han sido aplaudidos por muchos sectores de la población, hay quienes no están totalmente de acuerdo.  Por ejemplo, Guillermo Bran, presidente del Consejo de Prevención de Accidentes y Educación Vial, señala que la tolerancia cero al alcohol debería aplicarse a todos los pilotos.

La inconformidad de Bran tiene su fundamento en un estudio del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, el cual señala que con 0.5 g/L cualquier piloto puede presentar efectos farmacológicos como disminución de las inhibiciones y de la atención, lo cual puede ser ya peligroso.  Quizás por eso han propuesto un nuevo Reglamento de Tránsito, para que se impongan otro tipo de sanciones, como multas más altas y retiro de la licencia de conducir.

De acuerdo con algunos estudios, conducir con una tasa de alcoholemia de 0.5 g/L o superior triplica el riesgo de sufrir un accidente.  Si bien hay ciertos factores que pueden modificar la intensidad de los efectos del alcohol, las alteraciones del comportamiento debidas a su consumo aumentan con la tasa de alcoholemia, y paralelamente a ella lo hace también el riesgo de causar un accidente.

Según los análisis, se estima que la ingesta de una lata de cerveza (33 centilitros), de un vaso y medio de vino (60 cl) o de un vaso de whisky (45 cl) bastaría a un hombre de alrededor de 70 kilos para llegar a arrojar el resultado de 0.3 gramos de alcohol por cada litro de sangre.

Dicho parámetro alcanzaría los 0.5 gramos de alcohol con dos latas de cerveza, dos vasos y medio de vino o dos vasos de whisky.  Por su parte, una mujer alcanzaría con menor volumen de alcohol los límites permitidos.  Así, una fémina de alrededor de 60 kilos alcanzaría los 0.3 gramos de alcohol en la sangre con la toma de entre media y una lata de cerveza, o un vaso de vino o medio de whisky, y los 0.5 gr/L con dos tercios de cerveza, 2.5 vasos de vino o dos de whisky.

Con dicha tasa de alcoholemia, según los expertos, aumenta el tiempo de reacción de un piloto, se subestima la velocidad y comienzan a darse problemas de coordinación.

Por ello, quienes también están de acuerdo con la tolerancia cero para todos los pilotos son las autoridades de la Policía Municipal de Tránsito, quienes a través de pantallas gigantes ubicadas en los bulevares Vista Hermosa, Los Próceres, carretera al Atlántico y Calzada Roosevelt, transmiten mensajes como “0 por ciento de alcohol, 0 por ciento de drogas y ciento por ciento de control”.

La ley actual establece en 0.08 gramos, por litro de sangre, la máxima concentración permitida para salir a manejar.  Sin embargo, este límite es cuestionable pues, según señalan los especialistas, un poco de alcohol afecta la coordinación motora.  Si alguien bebe más de una copa está en riesgo, expresan.

Para Amílcar Montejo, intendente de la PMT, se necesitan sanciones más fuertes, por ejemplo tipificar como delito al hecho de conducir en estado de ebriedad.  El funcionario señala que un piloto en tal estado es un asesino tras el volante.

Elevar a la categoría de delito la conducción en estado de ebriedad sería un paso en la dirección correcta, como también lo sería la imposición de una pena para quien abandone el lugar de los acontecimientos después de haber atropellado a un peatón o colisionado con otro vehículo.







Por Jeovany Ibañez




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