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Palabras que matan

La implementación de tecnología en nuestra vida debe mejorar la calidad de vida.  Sin embargo, toda acción tiene un costo de oportunidad, es decir, tendremos que sacrificar algo para obtener ese resultado.  En pocas palabras, no hay nada gratis: para lograr una cosa tenemos que renunciar a otra.

Ya nuestros abuelos lo decían: “No hay mal que por bien no venga”.

Encontramos muchos ejemplos a nuestro alrededor: el transporte que nos lleva de un lugar a otro rápida y seguramente contamina nuestro ambiente, muchas computadoras dedicadas a la comunicación nos alejan más de nuestra cercanía física, así como otro largo etcétera.

En muchas ocasiones las tendencias sociales o modas no sugieren, sino imponen.  Especialmente, este fenómeno se observa en quienes tienen un carácter débil o susceptible a la opinión colectiva.

El reto de la inteligencia emocional es manejar a la tecnología y a las tendencias sociales, de manera que la resultante negativa, o costo de oportunidad, nos afecte lo menos posible.

La telefonía móvil ha logrado grandes avances, tales como intercomunicarnos sin casi ninguna barrera geográfica, ha vuelto fotógrafos a quienes antes no se atrevían ni siquiera a tomar una cámara en sus manos, nos permite tener en minutos un médico o una pizza y miles de aplicaciones más.  Sin embargo, el envío de mensajes de texto, ya bautizado como “texting”, que es un servicio muy conveniente, puede ser una trampa mortal cuando se realiza al volante.

La situación es muy lógica: los ojos, la atención y una o las dos manos están ocupadas apachando teclas.  ¿Qué queda para conducir un auto?  Apenas algunos momentos de atención, mientras esa debería ser la acción que ocupe el ciento por ciento de nuestras habilidades.

En varios lugares se han registrado accidentes fatales cuando conductores que leían o contestaban un mensaje no se percataron de su entorno, chocaron y provocaron amputaciones y muerte.

Esperar a que las autoridades hagan algo al respecto sería casi como que la Penélope de Serrat encuentre al amor ideal.  Por nosotros mismos, debemos tomar conciencia del envío de mensajes de texto y manejarlos con criterio, con la seriedad del caso.

Es tan sencillo como una sola norma: no lea ni escriba mensajes de texto cuando maneje.  Si no la respeta, probablemente esas palabras hasta podrían matarlo.




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