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| “Cuando no corro, me imagino que estoy corriendo” |
El piloto guatemalteco batalla, en una nueva etapa de su carrera, estrenando automóvil y cambiando de categoría en las competencias. El optimismo con el cual recibe los nuevos retos asombra a rivales y amigos por igual.
Detrás de un rostro serio y distraído en apariencia, el piloto nacional Jordi Jardi maneja una fuerte atracción por la adrenalina mientras brotan de él muchas ideas optimistas. Esto es vital para enfrentar los nuevos desafíos de este año dentro de la pista de carreras. Después de tres años de competir en Super Sport con un Honda Civic, ahora le toca el turno a un Seat Ibiza Cupra, con motor turbo, en la categoría Turismo.
A este corredor de 29 años le preguntan de manera constante si su origen está en otro país, pues es inevitable percibir cierto acento en su forma de hablar. Su padre es catalán, he ahí la respuesta. “Tengo que mejorar eso, lo tengo pendiente desde hace años”, bromea Jordi, mientras se sienta con Mundo&Motor para platicar sobre sus inicios en el automovilismo, sus sueños y sus metas para el resto de 2010.
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| “La línea que divide disfrutar o sufrir las carreras es muy delgada”. |
¿Cómo fueron tus inicios en el automovilismo?
Desde niño me gustaron los carros. Aunque no podía manejar, quería verlos. Los domingos prefería lavar el carro antes que hacer cualquier otra actividad. La primera competencia la realicé cuando tenía 15 años. Se corrían rallys y si uno se inscribía con un Seat, entonces regalaban la inscripción. Fui con mi padre, él de piloto y yo de copiloto. Mis papás debían firmar una carta para autorizar mi participación. Fue mi primer contacto con los carros como deporte. Luego, en el Autódromo Internacional El Jabalí, de El Salvador, existía una categoría llamada Iniciación. Llegabas en el carro que quisieras y corrías. Era 1993, en ese año no había pista en Guatemala. Tenía que viajar hasta allá con mi carro de todos los días, un Seat Divisa. Cuando abrió el autódromo en Guatemala comencé a correr en la categoría de principiantes, la cual ya no existe.
De niño, ¿te imaginabas corriendo de manera profesional?
Cuando era pequeño y no manejaba, me sentaba dentro del carro de mis padres en el parqueo y me imaginaba corriendo y cambiando velocidades. Verme como corredor profesional, para nada. No me veía en ese plan. Tal vez ahora, a un niño que va al autódromo se le facilite verse compitiendo, pero yo no tuve eso.
Corres en una categoría diferente a la del año pasado, la de Turismo. ¿Qué opinas sobre eso?
Yo diría que es la categoría más competitiva en el Autódromo Pedro Cofiño, porque la mayoría de pilotos tienen experiencia y han invertido mucho dinero en sus carros. Me atrevo a decir que el 90 por ciento de carros que corren en Turismo, lo tienen todo. Con buenos pilotos y buenos autos, se convierte en una categoría de alto nivel. Me gusta dar batalla. No quiero estar en una categoría donde quede de tercero cuando sean solo cuatro los participantes.
¿Qué esperas de este año?
Primero, quiero tener paciencia, terminar todas las carreras y aprender a correr el carro. El Honda ya lo dominaba, pero este nuevo Seat es diferente. Terminar todas las competiciones y ser más rápido que en la anterior es mi finalidad. Siempre buscando ganar, no creas que solo así correré, pero sería un fanfarrón si digo que ganaré todas las carreras.
En ocasiones has mencionado sentir atracción por la adrenalina...
Te lo explico así: cuando no corro, me imagino que estoy corriendo. Y solo con eso ya me emociono, me imagino los cambios, y ¡bum, bum, bum!, y es algo que en el momento, por la concentración uno no se da cuenta de que se disfruta esa adrenalina en el cuerpo (respira de manera agitada). Pero siento que hace falta eso de pegarse a los carros, rebasar, imaginar estrategias.
¿Qué dicen tus amigos sobre eso?
A mis amigos los divido en dos. Unos son quienes gustan de los carros. Siempre preguntan sobre las competiciones y están pendientes, se emocionan, van a las carreras. Ahora, los amigos que no están involucrados, no lo entienden, porque ven que le dedico mucho tiempo, mucho gasto y aparte es peligroso. “¿Cuál es la gana de estar haciendo eso?”, me preguntan, porque ven que sufro. Me dicen que es más fácil dejarlo o más seguro no hacerlo. Dejame decirte, la línea que divide disfrutar o sufrir las carreras es muy delgada.
Como no tienes un promotor, ¿tú mismo buscas tus patrocinios?
Sí. Aparte de integrar el Team Movil, también me patrocinan la agencia de Seat, Liquimoly, Agua Pura San Gil y el Ministerio de Cultura y Deportes.
¿Qué actividades realizas aparte del automovilismo?
Si no pienso en correr carros, es porque estoy trabajando. Y de pasatiempo, pues... no se puede decir en público (risas). Bueno, entre las cosas que me gusta hacer está disfrutarme la vida. Si hay sol me pongo pantaloneta, voy a la piscina y lo disfruto. Si hace frío, qué rico, tomo chocolate caliente. Si llueve, huelo la tierra mojada. Me gusta sentir la vida, ser feliz. Y para ser feliz, no se necesita gran cosa, solo ver lo que ya se tiene.
Tu personalidad es optimista, ¿crees te ha ayudado para tu profesión en el automovilismo?
Sí, porque no todo son glorias en la pista. He ganado carreras, pero también he fundido motores y roto cajas de velocidades. Yo veo lo positivo, como terminar la carrera y el estado del carro. Y con los patrocinadores, la actitud cuenta mucho. El optimismo me ha ayudado a conseguir gente que me ayude, porque no solo apoyan su marca en el carro o en el uniforme. Ellos confían en el corredor y ganarse esa confianza es un gran reto.
Por David Lepe
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