| ¿Por qué no baja la gasolina? |
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Los consumidores sostienen que las alzas del petróleo se trasladan mucho antes al precio de la gasolina que las bajas. Las petroleras argumentan que fijan sus precios en función de la cotización internacional de los carburantes y no del crudo. Cómo funciona este estira y encoge en Guatemala, es un misterio que intentamos explicarte.
La subida del precio de las gasolinas es uno de los problemas que más aflige en estos momentos a la economía guatemalteca y a los bolsillos de los consumidores. En 2008 el barril de petróleo alcanzó un récord de US$147 por unidad, hoy ha bajado hasta los US$80; pero este descenso no se percibe en las estaciones de servicio. Muchos se preguntan si lo poco que ha bajado el precio es coherente con el precio del petróleo a nivel internacional.
Y ante ello, las preguntas obligatorias son ¿por qué la gasolina no baja de precio?, ¿por qué los precios en el mercado nacional no reflejan el comportamiento del costo internacional del petróleo? y ¿cuánto más subirá?
Ante esas interrogantes, expertos en el tema y funcionarios de gobierno dan muchas explicaciones que al final no convencen a quienes a diario tienen que pagar en las estaciones de servicio. Por ejemplo, Fausto Velásquez, gerente de ventas de Shell Guatemala, una de las principales importadoras de combustible, señala que en este tema es preciso conocer algunos de los factores que mueven a este mercado.
El empresario explica que al igual que los demás mercados internacionales, los precios de los hidrocarburos (crudo y productos refinados) dependen de la oferta y la demanda agregada y, sin duda, la alta demanda de países como China, India y Estados Unidos influye en el alza del crudo.
“El aumento en la demanda de estos países es detonante del aumento, ya que los recursos energéticos son cada vez menores en relación al crecimiento a nivel global”, dice Velásquez.
Para el empresario, los mercados de los combustibles y el crudo son muy sensibles a variables como las crisis económicas, las variaciones de inventarios en los países desarrollados, especialmente Estados Unidos, conflictos geopolíticos, variaciones en la demanda y problemas en las refinerías u oleoductos por sucesos naturales o humanos.
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¿Seguirán subiendo?La coyuntura actual, marcada por todos los factores anteriores, invita a pensar que el petróleo y el precio de los combustibles a nivel nacional se mantendrán en niveles altos en los próximos meses.
Luis Fernández, consultor mexicano experto en temas de hidrocarburos, quien recientemente impartió un seminario sobre el tema dirigido a periodistas, explicó que las previsiones en los precios de las gasolinas son de inestabilidad en el futuro y añadió que mientras haya problemas en el Medio Oriente los precios no se estabilizarán en el mercado internacional. Y el funcionario de Shell también afirma que es muy difícil calcular las alzas y bajas de los precios de los carburantes, pues todo depende de cómo se comporte el mercado a nivel internacional.
Por su parte, autoridades de la Asociación de Expendedores de Combustibles de Guatemala (AECG), explican que debido a la volatilidad en el mercado internacional es difícil saber en cuánto tiempo o a qué precio se cotizarán los combustibles en el país.
Stephen Thornber, de la gestora de fondos de inversión Threadneedle, estima que la industria se está mostrando cada vez más incapaz de hacer frente a la fuerte demanda y al exceso de capacidad productiva de países como Nigeria, Arabia Saudita o Irán, que ahora es limitado. Ello hace pensar que los precios seguirán subiendo, añade.
Por su parte, el departamento de análisis de Merrill Lynch estima que los precios pueden alcanzar 100 dólares el barril en Estados Unidos, en el actual invierno, para el que ya se han registrado temperaturas más frías de las habituales. Otro estudio realizado a nivel internacional por Bankinter también sugiere que el petróleo seguirá caro, tanto por las limitadas reservas como por el fuerte control sobre la oferta que ejerce la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).
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Y ¿quién defiende al consumidor?Pero todas estas razones del sector petrolero y de la industria no convencen al consumidor. Algunos se resignan a pagar cada día más, pero muchos reaccionan con ira cuando cambian los precios. Y es que no se trata solo del aumento de la gasolina y el diésel, también aumentan los precios de la comida, la energía eléctrica y en general el costo de la vida. Todo sucede, según muchos consumidores, ante la mirada pasiva de las autoridades.
Por eso, todos preguntan ¿qué hace el gobierno? “El mercado se regula por la libre oferta y demanda”, dice el ingeniero Ayala, del Ministerio de Energía y Minas. Esto hace que Guatemala tenga los mejores precios de los combustibles en Centroamérica, justifica el funcionario.
Es más, dice, la Dirección General de Hidrocarburos realiza continuamente monitoreos de precios de combustibles, con los que mide las variaciones y las compara con los precio de otros mercados, tanto en Estados Unidos como en México y el resto de países de la región.
Estos controles también le permiten al MEM conocer el inventario de combustibles en depósitos y si es suficiente para satisfacer la demanda de los consumidores, pedidos y tanqueros en tránsito.
No obstante, consumidores como Fernando Grajeda ponen en duda estas acciones, pues el precio de la gasolina sube como espuma, pero baja como globo lleno de helio cuando los precios internacionales del petróleo disminuyen, compara.
“Nosotros los consumidores estamos a merced de lo que deciden las grandes petroleras, que ante cualquier especulación en el mercado aprovechan para subir los precios”, se queja.
Lo mismo piensa Gerber Ordóñez, jefe del departamento de verificación y vigilancia de la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor, Diaco, al señalar que en un mercado competitivo se puede esperar que los precios del producto final (gasolina) aumenten y disminuyan con la misma magnitud y al mismo tiempo de ajuste que los precios del crudo.
Sin embargo, Ordóñez reconoce que poco se puede hacer, pues el sector se mueve dentro de un libre mercado, donde el precio lo regula la oferta y la demanda.
Ahora, para Rubén Narciso, analista económico de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies), esta situación puede repercutir en un beneficio para el consumidor. “Si de una u otra forma se incentivara que más personas puedan tener acceso a este tipo de negocios y haya mayor competencia, los precios se acomodarían a los del petróleo”, explica el experto.
En la misma línea, el analista Hugo Maúl Rivas explica que la mejor manera de proteger al consumidor es por medio de una intensa competencia entre los oferentes, o vendedores, dentro de un mercado. “Mientras más competitivo sea un mercado, tarde o temprano mejores tendrán que ser las condiciones que se ofrezcan al consumidor: menores precios y mejor calidad”, asegura.
Otro factor a tener en cuenta, según los analistas, es la especulación con este mercado, como otros sectores de mercados primos. “Las entidades de gobierno deben fiscalizar para que no haya especulación y jugar un papel clave para explicar por qué, si los precios internacionales bajan, ello no se refleja en el país”, expresa Pedro Prado, también analista de Asies.
El representante de Shell, por su parte, niega estos argumentos y se defiende al expresar que “tanto el alza como la baja de precios que siente el bolsillo del consumidor se hace de forma progresiva”. Ante ello, el ingeniero Ayala expresa que para evitar especulación, el ministerio realiza controles internos, los cuales le permiten conocer el precio FOB y CIF de los refinados importados, puestos en tanques de almacenamiento en puerto, así como el costo por galón en depósito de las gasolineras.
El economista Narciso apunta que se habla mucho de la especulación, pero que cuando uno observa el fenómeno el precio local de la gasolina ha reaccionado fielmente al precio del barril en el mercado internacional. “Las personas desean que esta reacción fuese más rápida, pero si se ven los resultados a largo plazo se puede determinar que los precios locales, en efecto, obedecen a los internacionales”.
En fin, puestas las cartas sobre la mesa, la principal conclusión a que puede llegarse es que el panorama resulta más que desafiante para los consumidores, quienes cada vez que llegan a las estaciones de servicio sienten la angustia y desesperanza de tener que pagar más por los combustibles.
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En las estaciones de servicioPero a esos factores mencionados hay que sumar otros que suceden dentro de nuestro país. “Hay que recordar que Guatemala no tiene reservas probadas de petróleo, por lo que todo el producto se importa”, explica el ingeniero Luis Ayala, subdirector de comercialización de la Dirección General de Hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas.
“Nosotros no consumimos petróleo crudo, sino utilizamos derivados de éste, tales como gasolina, diésel y gas propano. De tal manera que este mercado está muy ligado al precio de estos derivados a nivel internacional”, dice el funcionario.
El tipo de cambio es otro factor que influye en el incremento al precio de los combustibles en Guatemala, expresa Ayala. “Durante las últimas semanas el dólar ha mostrado una apreciación frente al quetzal, y a la fecha se cotiza en alrededor de Q8.30 por dólar, según el Banco de Guatemala.
Aunque el aumento de los precios se explica básicamente por el incremento de las cotizaciones en el mercado internacional, hay un efecto multiplicador porque las gasolinas deben transportarse hasta los expendios y los costos aumentados de los fletes también se cargan al consumidor final.
Además, se deben añadir los dos impuestos que gravan a estos productos, como el IVA y el Impuesto a la Distribución de Petróleo Crudo y Combustibles Derivados del Petróleo, IDP, con lo cual por cada galón de la gasolina superior los consumidores pagan al fisco Q4.70, mientras que por la regular Q4.60.
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