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Atravezando el Golfo de México

La idea del viaje surgió luego de una visita a la planta de SeaRay en Orlando, Florida, porque en una exposición se ofrece una reducida prueba de manejo, mientras un viaje en alta mar muestra la performance de un bote en el medio para el cual fue diseñado y fabricado.  Fue así que la suerte estaba echada.  Solo había que esperar el momento más adecuado, por el clima, para programar la travesía de Estados Unidos hacia Guatemala.

Sin mayor pérdida de tiempo, el capitán GB y el marinero SB tenían lista a la nave Duna en el muelle de abastecimiento de combustible de la Miami Beach Marina.  En pocos minutos zarpamos.  Si hubo temor de navegar en alta mar, desapareció ante los nítidos acabados del precioso bote Sea Ray 450, de 45 pies (13.72 metros) de eslora (largo total).

Movido por dos motores turbo diésel Cummins 500, de 500 caballos de fuerza cada uno, es un lujoso apartamento flotante.  Sala, comedor, cocineta, área de lavandería, dos baños con regadera y dos camarotes son los ambientes del primer piso.  Además de un área frontal al aire libre para broncearse y el puente para pescar.  En el segundo piso, el espacio para navegar tiene tres lujosas butacas giratorias que se pueden integrar al sillón con mesa para cuatro personas.  El equipamiento incluye televisor plasma, equipo de sonido, refrigerador, horno de microondas, horno convencional, acondicionador de aire para todos los ambientes, lavadora-secadora y plancha.

La grifería es alemana, los mandos electrónicos italianos y la tapicería de ultra leather, un material sintético de alta calidad, cuya sensación al tacto es de piel turgente.

Esta sofisticada máquina tiene seis horas de uso por un viaje de Fort Lauderdale a Miami, es decir, está completamente nueva.

El capitán y su marinero han hecho este viaje un poco más de 100 veces.  Anteriormente, la ruta estaba conformada por puntos establecidos con brújula, reloj y sextante, mientras en la actualidad se han establecido puntos de referencia, denominados way-points, con los cuales se alimenta a la computadora de navegación del bote.  A través de un sistema de posicionamiento global (GPS) el recorrido se hace de uno a otro de tales puntos.

El sistema de navegación es tan complejo que también ofrece una serie de variables a partir del mapping dibujado por el capitán, es decir, ofrece tiempo recorrido, tiempo estimado de llegada, velocidad promedio, deriva de la ruta, entre otros datos.  Un elemento vital es el profundímetro, que muestra el mar por el cual se navega, dibujando a través de colores designados de antemano la profundidad, para evitar lugares donde el calado (fondo del barco) presente peligro de encallar.

Lo más espectacular de estar mar adentro es la distorsión que provoca a la percepción del tiempo y el espacio, generando una profunda tranquilidad y comunión con la naturaleza.

Luego de seis horas se llega a Key West (Cayo Hueso), el punto más oriental del sur de Estados Unidos de América.  Se investigan las condiciones climáticas del Golfo de México y se pronostica una amenaza de mal tiempo, así que el capitán toma la decisión de esperar 24 horas antes de zarpar hacia México.

Esto da tiempo para recorrer Key West, el pueblo donde vivió Ernest Hemingway.  Ir a su casa es una visita obligada, así como conocer a los descendientes de sus famosos gatos de seis dedos, únicos seres vivos con libertad total para transitar por toda la casa, dormir en su cama y gozar de una vida llena de cuidados.

Key West también es refugio de artistas de todo tipo.  O mejor dicho, personas de todo tipo.  Pintores, malabaristas, cocineros, pescadores, turistas quienes forman este pueblo donde el tiempo pasa sin sentirlo, sin ruidos, sin aspaviento.  Tal parece que aquí no hay relojes ni calendarios, solo sol, mar, aves marinas, mariscos y un profundo deseo de vivir en paz.

Rumbo a México

Los poderosos Cummins 500 se encienden a las 2:45 horas.  En total oscuridad, el Duna inicia su viaje hacia el sur.  Los motores se ponen a un régimen de 2,000 revoluciones por minuto.  En la torre de mando vamos las tres personas que conformamos la tripulación.  A las 8:00 horas se trasiega diésel de los bidones a los tanques principales, ayudando así al balance de la nave gracias a un mejor ángulo de ataque a la quilla.

Mientras se hace el trasiego, el capitán me deja al mando de este bote tan dinámico, rápido y preciso.  Es una experiencia muy gratificante.  En virtud de que los sistemas de navegación y los indicadores son tan exactos, se requiere mantener el rumbo acorde a la ruta preestablecida, revisar el régimen, la velocidad y el profundímetro.  El barco es muy estable y ofrece una extraordinaria calidad de vida a bordo.

Al ir al mando del Duna, me percato de que la velocidad cambia sin alterar la aceleración de los motores: hay momentos en que baja a unos 13 nudos y luego sube a 24.  Esta situación no me es familiar y procedo a consultar a los expertos: ¿Por qué la SeaRay se desacelera y luego acelera?  La respuesta es un poco perturbadora: “Estamos atacando olas de unos 12 pies de alto (3.66 metros).  Cuando subimos hacia la cresta, el bote desacelera, cuando llegamos a ella se estabiliza y al bajar se incrementa la rapidez”.  Fue hasta ese momento cuando me percaté de que transitábamos por un mar bastante picado.  El movimiento en la parte baja del bote es similar a montar un toro, pero un rodeo dura ocho segundos y en estas condiciones marítimas son más de cuatro horas.

La alimentación, durante la navegación, se reduce a chocolate en barra, panecillos, naranjas y un yogur, porque el movimiento no permite preparar comida formal.

Anclamos en Isla Mujeres a las 19:38 horas, casi 17 horas en alta mar, atravesando el Golfo de México.

A Puerto Aventura

Según se cuenta, esta larga y estrecha franja de tierra, llamada Isla Mujeres, fue utilizada como domicilio de las consortes de un pirata.  En la actualidad, sus ingresos provienen casi todos del turismo.  La pesca artesanal es otra fuente para los lugareños y en esta ocasión una extraordinaria captura de liseta ha causado sensación entre el grupo dedicado a la extracción de pescado.

Al ir bordeando la costa, se observan los grandes complejos turísticos de Cozumel y Cancún.  En ese lugar se inicia el arrecife que finaliza en Guatemala, considerado por algunos como el más grande del mundo.

El suave motor del bote y el magnífico clima invitan a pensar en un plácido paseo por el mar, atrás ha quedado la fuerte marea del Golfo de México.  Los delfines acompañan a la embarcación en algún momento, lo cual genera un ambiente muy agradable.

Cayendo el sol llegamos a Puerto Aventura, un complejo habitacional alejado de cualquier pueblo mexicano; está dotado de apartamentos, casas y bungalows, así como de un pequeño centro comercial donde se puede comprar comida, algunos recuerdos y apreciar un delfinario.  

Llegando a tierra

Al dejar Puerto Aventura, cerca de las 6:00 horas, nos dirigimos hacia Livingston.  En el camino se encuentra la Isla San Pedro.  Perteneciente a Belice también ha sido llamada la Isla Bonita.  A ella le cantó Madonna en su canción homónima.  Su playa parece una enorme piscina con fondo celeste, agua cristalina y arena blanca.

Faltando pocos minutos para las 19:00 horas llegamos a Livingston, donde se hacen los trámites de ingreso aduanal y migratorio en Guatemala.  Anclamos en un lugar del delta de Río Dulce, porque la visibilidad no es la más adecuada.  En el área hay muchos pescadores artesanales y podría ser riesgoso continuar hacia el punto final del viaje, sorteando las pequeñas embarcaciones. En las primeras horas del día, el Duna llega a Río Dulce.




Por Néstor A. Larrazábal B.




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