El código de tránsito

Si un extranjero viniera a observar el movimiento vehicular podría pensar en un nuevo orden de conducta tras el volante.  Esa persona hablaría sobre un Código de Tránsito basado en la costumbre, una de las fuentes de la Ley.

Tal Código podría estar conformado por las siguientes leyes:

-Ley de las Dos Ruedas: Este aplica a las personas que manejan una motocicleta o un triciclo, quien seguramente se hará acompañar por una, dos y hasta tres más.  Generalmente, ninguna de ellas utiliza casco protector y el famoso chaleco numerado va debidamente oculto por un sudadero, suéter o cualquier otra prenda de vestir.  Los niños van como jamón de sándwich entre dos adultos, o bien cual exoparásito, fuertemente agarrado de la espalda de su progenitor.

Existe libertad total para transitar en contra de la vía reglamentada para los carros, subirse a las aceras e intimidar a los peatones y tener o no licencia vigente.  La placa puede o no llevarse colocada en cualquier lugar de la moto, tal como la parte interna de la lodera trasera.

Si usted es de los extraños y escasos inadaptados, es decir, es un motorista responsable, hay dos empresas distribuidoras de motos con escuelas de manejo.  Desde luego, no hay obligación de asistir a ellas.

Para el motorista común el mensaje es: no tenga pena, a los policías de todos los cuerpos de seguridad no les interesa absolutamente para nada lo que usted haga con su motocicleta, así que viva su vida sin preocupaciones a bordo de la misma.

-Ley del Transporte Colectivo: En la práctica, los conductores son el mejor ejemplo de la inmunidad, sin ser miembros del cuerpo diplomático.  Si se maneja un bus, un microbús o taxi, pare a recoger pasaje donde quiera y cuando quiera.  No hay límite de carga, igual se pueden llevar cinco o 75 pasajeros, todos caben a bordo, ya que el pago de cada uno de ellos es parte del ingreso del conductor.

Si llega a suceder un accidente, aun cuando haya víctimas fatales, no hay de qué preocuparse, dese a la fuga, escóndase unos meses, renueve su licencia de conducir y busque otra empresa de transporte para seguir trabajando como chofer.  Una vez más, no se preocupe, las policías lo verán como parte normal del paisaje, ¡viva la impunidad!

-Ley del Vehículo Liviano: Si bien no goza de todos los privilegios propios de los motociclistas y transportistas, tampoco puede quejarse: puede pasar luces rojas de semáforos, conducir a la velocidad que quiera, utilizar el carril que le plazca.  Es decir, piense que no hay quien le llamarle la atención, porque en la realidad es casi un hecho.

En resumen, vivimos en el más claro ejemplo del caos, donde la catarsis es diaria, con la complicidad explícita o tácita de las autoridades y, lo más triste, con muy pocas esperanzas de cambio.

Por Néstor A. Larrazábal B.




Otros artículos en esta sección