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Los retos del automovilismo deportivo nacional

Con tomar en cuenta estos cuatro puntos básicos se daría un verdadero salto en la calidad del automovilismo guatemalteco, se edificaría una plataforma para su desarrollo en tiempos más promisorios y, desde luego, se mejoraría el espectáculo y el público llegaría en mayores cantidades.

A varios años de reiniciadas las carreras de carros en pista, esta disciplina se encuentra en una etapa de crecimiento con situaciones específicas por resolver.  La entidad organizadora, el Automóvil Club Guatemala Centro América, es la llamada a tomar cartas en el asunto.

En el inicio de la temporada 2009 se hace evidente tomar en cuenta qué hace falta para hacer carreras más espectaculares, seguras y edificantes.  Luego de platicar con especialistas y participantes, se concluye que estos son los puntos prioritarios:

Incrementar corredores en las categorías mayores: en la GT1 (motores de 3,601 a 7,000 cc de desplazamiento) y GT2 (de 2,000 a 3,600 cc) han arrancado muy pocos autos.  La parrilla de salida podría aumentarse con bólidos de El Salvador, Costa Rica y Panamá.  Para ello, es necesario establecer negociaciones con empresas de transporte, hospedaje y marcas regionales que aprecien la presencia de su publicidad colocada en carros con alta exposición en los cuatro países.  En este sentido, el sector privado centroamericano ha manifestado flexibilidad para mantener su posición en el mercado y fortalecerse ante otras marcas con menor apertura, creatividad y capacidad de adecuarse a las nuevas condiciones imperantes en el ámbito comercial.

El desgrane de la SP: estos carros producidos en California, Estados Unidos, hicieron su primera aparición regional en Costa Rica donde corrieron en 1994 y 1995.  Al inaugurarse el Autódromo Los Volcanes, la SP o Fórmula SP, se estableció como una categoría bien estructurada y regulada.  De Costa Rica llegaron cerca de 25 vehículos, pero ahora no llegan ni a 10 los carros que conforman la parrilla de salida.  Muchos están guardados en garajes y hangares, desperdiciando así un medio de divulgación comercial y, desde luego, desarrollo del automovilismo.  Las sugerencias para incrementar la cantidad de bólidos a participar son:

2.1  Establecer renta de cada carro para cada fecha.  Con especial dedicatoria a quienes ya han corrido en otras categorías, en el presente o pasado, se podría alquilar el auto para una o varias carreras, dando el servicio mecánico, de traslado y soporte para quien así lo contrate.
Es casi seguro que los carros que retornen a la pista no estén en condiciones técnicas similares a los activos.  Entonces se puede hacer una subcategoría, para evitar la diferencia de desempeño entre los que están a punto y los que hay que llevar a ese nivel.
El establecimiento de incentivos para quienes regresen a correr podría incluir descuentos en la primera reinscripción y boletos para invitar a futuros patrocinadores, entre otros.

La Copa Monomarca: con los nuevos Suzuki SX4 se ha estrenado una modalidad de otorgar puntos y designar las posiciones de salida.  La complejidad es tal que da lugar a malas interpretaciones.  Los organizadores deben recurrir a lo más simple, entendible por pilotos, escuderías, público y seguidores.  Aquí vale hacer notar que si se quiere compensar a los nuevos pilotos, quienes se enfrentan a experimentados deportistas, la manera más sencilla es crear el reconocimiento a los novatos.  El orden de parrilla invertida, a partir de las posiciones logradas en el capítulo anterior o dejar al azar dichas posiciones de salida, es mezclar el juego con el deporte, es decir, incluir una variable de injusticia.  Lo óptimo sería: quien mejor tiempo haga, salga antes.  Y a los novatos, quienes difícilmente estarán en el frente, se les premie acorde a la subcategoría establecida para ese fin.

Los semilleros.  Las categorías Súper Sport y Súper Street deben tener especial atención, así como fortalecerlas con un nivel de entrada para casi cualquier persona que quiera probar suerte en el automovilismo deportivo formal.

Sin lugar a dudas, esas dos categorías resultan ser las mejores exponentes del automovilismo guatemalteco, no por el poder de sus máquinas, sino porque a través de ellas se manifiesta la capacidad mecánica y tecnológica del corredor que apela a su astucia, aun con limitados recursos.  Una subcategoría de calle sería el puente ideal para quienes erróneamente creen que corriendo en las calles se hace deporte: se encontrarían nuevos valores y quienes no puedan soportar la presión de correr en un autódromo, indudablemente, tomarían conciencia de sus habilidades y serían mejores conductores cotidianos al reubicarse a su auténtica realidad.

Por Néstor A. Larrazábal B.




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