Oteke, hecho en Guatemala

Ver la sencilla forma de la estructura metálica de un go-kart fue la chispa que encendió la llama de la creatividad de este artesano de la mecánica automotriz.

Para llegar a desarrollar con éxito varios modelos, Otto René López De Paz pasó por las más variadas experiencias, algo así como la telaraña de las situaciones de la vida.

De profesión maestro de educación primaria urbana, hizo estudios en arquitectura, facultad donde descubrió su habilidad para ejecutar y realizar proyectos.  Sin embargo, llegó a la conclusión de que es más apto para construir y edificar, mientras el estudio de la historia del arte y, en términos generales, las áreas humanísticas, no son su fuerte.

Un día vio funcionar el go-kart de un vecino.  Al analizar el diseño comprobó que era tan sencillo como una puerta de metal, colocada en forma horizontal, con ruedas en los extremos.  Entonces decidió hacer su propio carro.

Desde el principio

El primer reto fue aprender de soldadura, estructuras y herrería.  Su instinto le indicó acercarse a los mejores herreros conocidos por su círculo familiar.  Uno de ellos le enseñó a fabricar un pulpo, o soldador primario.  Con esa herramienta tan básica hizo su primer go-kart y con él vino la primera transacción: lo canjeó por una máquina de escribir.



Bajo la supervisión de un maestro herrero continuó aprendiendo.  Al llegar el Mundial de Fútbol de 1994 se quedó a cargo del taller de su mentor.



Después, al visitar una tienda por departamentos descubrió un carro para playa.  Inmediatamente empezó a copiar las medidas.  Al ser descubierto por los asesores de piso del negocio, le indicaron que copiara todo lo que quisiera, lo cual lo sorprendió agradablemente y de allí surgió el primer go-kart con un motor estacionario de 160 centímetros cúbicos de desplazamiento, con 5.5 caballos de fuerza.  Este sería el Oteke.




Por Néstor A. Larrazábal B.




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