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Pornografía, sí o no

Desde tiempo inmemorial se han representado, cantado, declamado y narrado las actividades sexuales humanas.  Sin embargo, para los historiadores la pornografía como tal tuvo sus inicios en la Inglaterra Victoriana, donde se le reprimió y se le condenó con vehemencia.

Con el paso del tiempo las sociedades, sobre todo del Primer Mundo, relajaron la represión hasta llegar a nuestros días, cuando la sexualidad explícita campea en cines, anuncios e infesta al ciberespacio.  Pero ¿cuán sano o insano será verla?

Porné y grafeín son los vocablos griegos que forman la palabreja: traducidos con simpleza significan algo así como escribir sobre prostitutas.  Por tanto, no todo lo relativo a sexualidad, como este tema por ejemplo, es pornográfico.  Los calificadores de espectáculos de Estados Unidos, así como los de casi todas las otras naciones del mundo, distinguen entre grado XXX (hardcore o pornografía dura, porque exhibe los órganos genitales sin tapujos), XX (softcore o blanda, porque no se ve penetración ni zonas prohibidas) y erotismo.  En esta última categoría ya se puede hablar de arte.

Entonces, ¿qué define a la pornografía?  La intención, y sólo eso, de excitar sexualmente a quien la mire y la escuche, sin consideraciones estéticas de ninguna clase.  Al respecto, la escritora española Lucía Etxebarría le dedica un capítulo de su novela Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas para criticar a las producciones pornográficas, su mala iluminación y su falta de coherencia.  Por ejemplo, hay películas en las que se puede apreciar cuando un actor recibe instrucciones de alguien que está detrás de cámara, sin edición alguna.  Se filma y se vende.  Por eso la producción es enorme.

El Valle de San Fernando, California, se considera la cuna de la pornografía de cierto presupuesto en Estados Unidos.  Hay productoras capaces de generar un filme diario y se calcula que se trata de una industria que rinde más de cuatro mil millones de dólares al año, y hablamos sólo de ese país.  Es casi imposible determinar una cifra global, ya que gracias a la democratización que implicó la llegada del video, ahora casi cualquiera puede filmar sus propias películas.

Si viste Boogie Nights, una versión  libre de la vida de la estrella pornográfica John Holmes, tendrás una idea del salto que significó dejar atrás al filme por el video.  Antes se filmaba, se revelaba y se editaba con más cuidado.  Con el video el proceso de revelado se omitió y, de allí, a las cámaras handheld, muchos se aventuraron a realizar películas aun sin experiencia.

Los requisitos para participar en la pornografía no son muchos, pero hay uno insoslayable: el tamaño.  En Boogie Nights, Burt Reynolds, quien representa al productor que descubre a Holmes, le dice, “en esta industria el tamaño sí importa”.  Bueno, Holmes medía 30 centímetros de largo y por eso forma parte del The Big Penis Book, de Diane Hanson (existe uno equivalente sobre pechos femeninos, por cierto).  Pero tampoco importa mentir un poco, como sucedió con el monstruo de circo John “Long Dong” Silver (Bruno Vasconcellos): se decía, y se ve en sus películas, que alcanzó los 45 centímetros de largo aunque en sus primeras presentaciones no medía eso.

De acuerdo a una reciente encuesta, un acto sexual en Estados Unidos dura un promedio de 10 a 15 minutos.  En las películas de este género llegan a los 45 minutos.  Por tanto, el público, sobre todo el más joven, se ve expuesto a un mundo de fantasía: hombres superdotados, mujeres perfectas, capaces de resistir y disfrutar desde con uno hasta 20 o más compañeros.  Veamos al caso de Katja Kassin, por ejemplo.

Esta actriz nacida en 1979 en Leipzig, Alemania, fue mesera durante seis años.  Estudió ciencias políticas, alemán y literatura alemana en la universidad de su ciudad natal.  Habla inglés, alemán, ruso y tres lenguas más y obtuvo un grado por sus estudios.  No está claro por qué se dedicó a la pornografía, carrera que ha desarrollado en Estados Unidos donde se le conoce como a la reina del anal.  Es casada y tiene implantes de 350 cc, realizados por el famosos doctor Jacobs, de Nueva York.  Pertenece a un reducido club de famosa de la pornografía, como Jenna Jameson, Silvia Saint, Vanessa Del Río o la inolvidable Tracy Lords, quien llegó al cine comercial después de una carrera pornográfica que empezó antes de los 18 años.

Fantasía, vulgaridad, violencia y degradación contra la mujer son argumentos en contra de la pornografía, a la cual otros consideran un entretenimiento o un estímulo terapéutico.  Ahora, te dejamos con las opiniones de tres expertos.

Una forma de erotización barata
Doctor Felipe de Jesús Ortega, psicólogo
Depende.  Sobre todo para los más jóvenes, la pornografía podría llevarlos a exageraciones que no son convenientes para su edad ni para su desarrollo psicosexual.  Es normal que una persona se erotice pensando en otra, pero el estímulo pornográfico lo despersonaliza.  Sin embargo, puede tener valor terapéutico en parejas con disfunciones sexuales.  Pero siempre va a cargar sobre ella el estigma de que es inmoral y la moral es importante para la salud de los pueblos.  En parte, estamos como estamos por la falta de moralidad.  Además, volviendo a los jóvenes, la pornografía podría asociarse con conductas indeseables o hasta con ciertos vicios.  Por cómo presenta a la mujer, de manera degradante, no es un buen ejemplo para establecer relaciones basadas en el cariño y la comprensión.


El reino del erotismo-ficción
Julissa Martínez, sexóloga
Aparte de sus posibles usos terapéuticos, que sólo tienen valor si la pornografía se ve bajo supervisión profesional, su principal aspecto negativo es que promueve el sexismo, al machismo y presenta a la mujer, en la mayoría de los casos, en situaciones degradantes.  Además estimula la violencia.  Las proezas, como hombres capaces de mantenerse erectos por horas, mujeres ansiosas por sexo y relaciones sin medios de protección, son resultado de trucos.  A los actores se les administran fármacos y algunas escenas de 20 ó 25 minutos tardan días en filmarse.  Algunas personas han llegado a tomarlas como modelos y al no poder emularlas se sienten disminuidas.  Los mensajes negativos llegan a los espectadores en forma inconsciente.  Por tanto, la pornografía es sólo para personas de criterio, nunca para los jóvenes.


Una herramienta para el descubrimiento
Yosahandi Alcalá, sexóloga
Puede servir para que ciertas personas abran sus horizontes a estímulos y posiciones que no conocían.  Su auge se debe a que durante la adolescencia, por la represión de la sexualidad que todavía impera en nuestro medio, es común que muchos jóvenes recurran a ella por falta de una mejor fuente de información.  Pero si la persona sólo viéndola se excita, entonces es de preocuparse y debe buscar terapia.


Por León Aguilera

Fuentes: Doctor Felipe de Jesús Ortega, psicólogo, teléfono 2232-3169.  Licenciada Yosahandi Alcalá, sexóloga, teléfono 2362-0201.  Licenciada Julissa Martínez, psicóloga, teléfono 2211-3396.  Biografía de Katja Kassin en www.meetkatja.com y Katja Kassin, The German Dream por Gene Ross, 2004.  Lucía Etxebarría, Amor, Curiosidad, Prozac y Dudas, Random House Mondadori, 2005.




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