Sacándole el jugo a la caña

Guatemala es considerado el país centroamericano con mayor capacidad instalada para producir biocombustibles, siendo también el tercer exportador mundial.  Pero toda su producción va para México, Estados Unidos y Europa, mientras el país sigue dependiendo del petróleo.

En nuestro país, la idea de mezclar etanol con gasolina súper o regular emociona a muchas personas, sobre todo por el sube y baja que mantienen los precios de los derivados del petróleo.

Ahora cinco grandes ingenios azucareros guatemaltecos compiten para destilar la mayor cantidad de etanol, mientras que a la par de ellos se multiplican las pequeñas empresas que ven en la producción del biodiésel un suculento mercado.

De acuerdo con datos del Ministerio de Energía y Minas, MEM, las cinco destilerías en funcionamiento tienen una capacidad instalada de producción de 54 millones de galones de etanol por año.  En el caso del biodiésel, seis plantas de pequeña escala la tienen para generar unos 4,000 galones por día.

Aunque en este último punto, Erick Estrada, catedrático universitario e investigador de biocombustibles, señala que el biodiésel no es una solución alternativa para el diésel derivado del petróleo, debido a que su producción es muy baja.  “Estimamos que el país produce apenas unos cinco mil galones al mes”, señala; en tanto el consumo anual nacional es de nueve millones de barriles de 42 galones cada uno, según estadísticas del MEM.
Para los analistas, las estadísticas en el caso del etanol demuestran que la producción sobrepasa los 35 millones de galones al año que necesita el país, suficientes para mezclar 10 por ciento de etanol o E10 en toda la flota vehicular de gasolina.

Por otro lado, un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, califica a Guatemala como país idóneo para seguir expandiendo la producción de biocombustibles, por la alta disponibilidad de tierras, amplia experiencia en el procesamiento del azúcar y otras materias primas, así como por su tecnología de punta en el área industrial.

En ese contexto, y con esa capacidad para generar este biocombustible, muchos se preguntan ¿por qué no se aprovecha esa fortaleza para dejar atrás a los combustibles fósiles?

Hay muchos intereses en este negocio, dicen los expertos.  Y como primer punto ponen sobre la mesa el hecho de que el proyecto de ley de Oxigenación de Combustibles, presentada por el diputado Oliverio García Rodas en 2006, duerme el sueño de los justos en el Congreso de la República.  El 26 de noviembre de 2008 se realizaron las últimas modificaciones a esa ley, luego fue aprobada en primera lectura y después de ello nada más se ha hecho.

“El uso de etanol en el país debería ser regulado por una ley o reglamento especial, para que los consumidores reciban el producto con las especificaciones correctas y así evitar un descontrol en la aplicación”, señala la ingeniera Aída Lorenzo, gerente de la Asociación Guatemalteca de Combustibles Renovables, quien a la vez expresa su desconsuelo porque el país pierde al no contar con una ley en esta materia.

Pero mientras las destilerías siguen produciendo y exportando el etanol a otros países, donde el producto es bien recibido al grado de estar libre de impuesto en las naciones europeas, en Guatemala muchos sectores se han enfrascado en discusiones bizantinas, que lejos de dar paso hacia su implementación la han atrasado, dicen los expertos.

Las discusiones van desde que aún no se ha determinado el impacto ambiental que la mezcla produciría en el medio ambiente, hasta el escepticismo sobre el rendimiento o el daño que causaría a los motores.  En este punto, la Asociación Guatemalteca de Combustibles Renovables, quien enarbola la bandera a favor de los biocombustibles, señala que el beneficio para el medio ambiente sería incalculable, toda vez que se estaría eliminando el Metil-Ter-Butil-Eter, o MTBE (C5H120), un componente derivado del petróleo que se utiliza en la actualidad para oxigenar la gasolina, con el objetivo de aumentar el octanaje.

“El etanol carburante es un combustible con octanaje muy alto, cuando se mezcla etanol con la gasolina, el octanaje de ésta aumenta hasta tres unidades, sin usar aditivos dañinos”, señala la ingeniera Lorenzo.

También se habla de que en la iniciativa de ley se pretende otorgar un subsidio estatal, lo cual a criterio de los detractores obligaría a las importadoras a adquirir el etanol con los productores nacionales, aun cuando el mismo se cotice más barato en el mercado internacional.

Por su parte, la Gremial de Energía e Hidrocarburos ha expresado su preocupación.  Por ejemplo, señala que no se ha determinado quién asumiría los costos de crear instalaciones adecuadas para realizar la mezcla, ya que para procesar el producto se requiere de laboratorios, plantas para preparar las mezclas, depósitos especiales y adecuar a la cadena de distribución.

Además, se tendría que contar con una regulación que vele por la calidad del producto y asegurar tanto el suministro de gasolina especial como del alcohol.

Otro punto en discordia es que se permita la importación de alcohol carburante con cero arancel, pues en la actualidad el impuesto de importación es del 40 por ciento y eso hace imposible su compra en el exterior.

También se debería dejar abierta la importación de gasolinas ya mezcladas con alcohol carburante, de manera que permita comercializarlas a precios competitivos, dicen quienes adversan una ley en este sentido.

Quienes están a favor señalan que en el aspecto económico el país se vería altamente beneficiado.  Según el estudio de Biocombustibles en América Central, la producción de etanol significaría un ahorro en la factura petrolera de US$80 millones anuales.

Sin embargo, este punto no convence a muchos analistas.  Por ejemplo, Hugo Maul Rivas, director del Área Económica del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, CIEN, señala que “ese supuesto ahorro se queda corto frente a los más de US$9,000 millones que el país importa al año.  Ese ahorro es menos del uno por ciento del total de divisas que requiere el país”.

Pero aparte de ello, muchos de los analistas no se atreven a hablar de una reducción considerable en los precios de los combustibles, dado que la mezcla es sólo del 10 por ciento.  Prefieren hacerlo mejor sobre otros beneficios, como la generación de fuentes de empleo.  Algunos estudios sostienen que al comenzar a utilizar etanol se crearían por lo menos unos 10,000 empleos directos e indirectos.

Tal es la importancia de los biocombustibles en Guatemala, al grado que el Banco Interamericano de Desarrollo realizó una donación de US$500 mil con el fin de facilitar estudios económicos, técnicos, identificación de áreas potenciales de producción de alcohol, manejo eficiente de los residuos, el aseguramiento de las materias primas para la producción continua y un plan de seguimiento para evaluar la calidad.

En este estira y encoge nadie sabe a ciencia cierta cuando volverá a ser tratado el tema en el Congreso, mientras afuera las discusiones continuarán, impidiendo que el país pueda iniciarse en un experimento que emociona a muchos guatemaltecos.

>> “El uso de etanol en el país debería ser regulado por una ley o reglamento especial, para que los consumidores reciban el producto con las especificaciones correctas y así evitar un descontrol en la aplicación” <<

Por Jeovany Ibañez




Otros artículos en esta sección