| Cibersex, delicias por medio de los ratones |
|
|
 |
Webcam, computadora decente, tiempo libre, micrófono, audífonos y una buena conexión a Internet y estás preparado para emprender un viaje virtual que podría revelarte las profundidades de tu sexualidad, pero que, por encima, te proporcionará un placer de sibaritas de la Red: el cibersexo.
Muchas veces te habrá pasado que navegando te encuentras un anuncio como éste: “Me llamo Andrea, soy de Colombia, tengo poco tiempo en este país, soy muy ardiente y sensual... Busco con quién pasar momentos ardientes, me gusta experimentar y aprender cosas nuevas, soy open mind. Si buscas placer, sólo agrega mi MSN, es andreacolombianitasexy@hotmail.com”. El IP identifica a un servidor mexicano pero, en realidad, ¿a quién le va a importar si es de allí, de Tailandia o de las Antípodas? Al fin de cuentas, claro que nunca te verás con la chica más allá del LCD de tu máquina.
Y exactamente de eso se trata la esencia del cibersexo, de no tocarse, pero sí de ver; de no sentirse, pero sí de comunicarse; de no comprometerse en ningún nivel y hasta de ser partícipe de un engaño porque, ¿de verás será una chica de 18 años la que está en la otra estación de trabajo, no podría ser un anciano pervertido o que sólo se quiere divertir a tus costillas?
Para unos se trata de un espejo de mentiras, para otros es una forma de autocomplacencia compartida y a muchos les despierta una mórbida curiosidad. Algunos lo disfrutan más que a un encuentro real. La opinión de los psicólogos también cuenta. A pesar de que se trata de un entretenimiento, hasta cierto punto inocente, tiene sus implicaciones: por ejemplo, si tienes pareja y mantienes una relación por la Red, sea ficticia o no, ¿se podría considerar infidelidad?
Al cibersexo se le llama también sexo por computadora, sexo de Internet o net sex. Todos hemos oído sobre sexo telefónico y sobre el toothing (promover encuentros por medio del Bluetooth). Algunos son de una vía, escuchas la voz de una operadora que te cuenta una fantasía, o la ves por la Red. El verdadero cibersexo, sin embargo, es el que tiene lugar en un entorno interactivo: se establece comunicación biunívoca, tu dices, ella dice, tu haces, ella hace, o viceversa, según quién tome la delantera.
La psicóloga Yosahandi Alcalá, especializada en sexualidad, lo encuentra “muy interesante” porque permite “explorarse a profundidad sin enfrentar riesgos de infecciones y embarazos”. Además, “porque permite deshinibirse por completo, en especial para la mujer cuando se autocomplace: así puede saber si es voyerista, qué tipo de ropa le gustaría ponerse, cuáles posiciones le resultan estimulantes y otros hallazgos más”. Para el hombre, aparte de las mismas ventajas, está la imposibilidad de embarazar, de infectar o infectarse, pero, también, le da una especie de entrenamiento para acercarse al cuerpo femenino puesto que debe escuchar, para saber luego cómo responder”.
Esta profesional estima que se trata de una actividad popular entre adolescentes muy jóvenes. En su practica clínica no ha encontrado una patología marcada por el cibersexo y afirma que, de presentarse alguna, no sería ésta la causa, sino un síntoma de disfunciones más profundas. “Una adicción al cibersexo sería comparable a la misma situación con la pornografía. Si una persona utiliza una actividad para aislarse debe buscarse la causa y no detenerse en tratar de suprimir el síntoma”, comenta.
Al respecto, la también psicóloga Dagmar Polasek concuerda. El cibersexo no es una parafilia, afirma, es más, tiene ventajas psicohigiénicas porque “es una forma para experimentar las relaciones desde una perspectiva fantasiosa, que desarrollar el órgano mas sexuado de todos: el cerebro. El uso de la fantasía y la imaginación fortalece el deseo y el juego de roles.
Relatar con detalle imágenes para que la otra persona sienta excitación, consolida el autoconocimiento y compartir en pareja. Además evoca fantasías inusuales que traerán sensaciones diferentes, las que tal vez no se llevan a la vida real, y favorece la masturbación, que es sana, recomendada y segura”.
En algunos casos, nos dice Dagmar, “lo recomendaría como medio terapéutico, aunque con reservas: las personas con alguna enfermedad que les impida las relaciones sexuales pueden beneficiarse de esta forma”. Incluso en algunos casos se le ha utilizado como una tarea de la psicoterapia, para ayudar a los muy tímidos, ya que en el cibersexo todo es fantasía. Otro caso sería para parejas “que se ven obligadas a separarse por períodos largos”.
Ahora bien, “si las cosas se salen de la pantalla del computador o van más allá de la fantasía podrían tener consecuencias negativas, como en el caso de un pedófilo, un violador o tantos otros peligros que no tienen por qué ocurrir, si la fantasía se mantiene en su lugar y la realidad está presente”. Concluye que en “parejas ya conformadas existe la posibilidad de infidelidad, que puede empezar como un entretenimiento y hasta parar en divorcio o separación de la pareja”.
 |
Si eres nuevoNunca utilices tu nombre real y usa una dirección de correo electrónico alterna. Si conectas una webcam evita que se te vea el rostro (o usa máscara, si va con la fantasía que intercambias) y nunca transmitas ni comentes tus datos personales. (Licenciada Alcalá.)
TeledildonicsTal vez inspirados en la Máquina Extrema del doctor Duran Duran (sí, de donde el grupo tomó su nombre), de la película Barbarella de 1968, hoy existen varios juguetes eróticos que funcionan dirigidos desde una computadora. Las posibilidades son enormes ya que permiten contacto físico remoto, llevando al cibersexo a un contacto del tercer tipo. La tecnología llamada bluedildonics permite lo mismo por medio de Bluetooth. El término teledildonics fue acuñado por el sociólogo, filósofo y tecnólogo de la información, Ted Nelson. Otros filmes en los que se aprecia la posibilidad de la tecnología aplicada al sexo son Sleeper, Flesh Gordon, Coneheads, Demolition Man y Orgazmo. En la actualidad ya existen algunos de estos juguetes sincronizados con video. ¿Qué hacen? Lo demás lo dejamos a tu imaginación.
Por León Aguilera Radford
| Otros artículos en esta sección |