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La Ley de Tránsigo a examen

El día que esta ley entró en vigor, en noviembre de 1996, causó revuelo y expectativa en cientos de pilotos guatemaltecos. Era la primera experiencia para ordenar el tráfico de la ciudad. Sin embargo, nueve años después los expertos aseguran que la Ley de Tránsito es una perfecta desconocida para un 99 por ciento de los automovilistas.

¿Conoce usted cuál es la velocidad máxima a la que puede circular en una autopista?, se le preguntó a varios pilotos al inicio de esta investigación. ³A lo que dé el carro², dijo uno en son de broma. Otros respondieron a 120, 90 y a 80 kilómetros por hora, y así sucesivamente, pero al final nadie acertó con la respuesta.

Otro día, en un área de la Calzada San Juan, donde hay una señalización que prohíbe el cruce en U, varios automovilistas cruzaban sin ningún reparo. Poco después llegó un agente de la Policía Municipal de Tránsito y detuvo a uno de los conductores. ¿Sabe usted que acaba de infringir el artículo 139 del Reglamento de Tránsito? preguntó el agente. El piloto se encogió de hombros y con cara de asombro adujo desconocer la citada norma.

Jorge Hernández es otro automovilista guatemalteco que se jacta de tener mucha destreza como piloto. Esa ³vasta experiencia², según él, la ha adquirido todas las mañanas al llevar a los niños al colegio y estar puntual en el trabajo.

En esa carrera contra el tiempo sortea el peligro con su familia a bordo: dobla a la izquierda sin poner su pidevías ni mucho menos hacer la señal con la mano, habla por teléfono celular durante casi todo el trayecto, acelera ante la luz amarilla del semáforo, cambia de carril sin avisar e intenta adelantarse a cuanto carro obstruya su camino. Y todo esto, sin abrocharse el cinturón de seguridad.

Pero el caso de Jorge no es aislado, corresponde al del 99 por ciento de los pilotos, quienes día tras día violan las reglas de tránsito casi sin darse cuenta, según asegura Marcial Tuy, un instructor de seguridad vial, quien por muchos años ha impartido cursos en esta materia.

Y es que para el Director Operativo de la Policía Municipal de Tránsito, oficial Marvin Mazariegos, existe una cultura de desconocimiento y de irrespeto hacia la Ley de Tránsito y su Reglamento. Y quien más, con tanta autoridad para expresar esta situación, ya que él y todos sus agentes viven más de 12 horas en medio del tráfico de la ciudad.

Mazariegos avala sus declaraciones con las 137,551 infracciones cometidas el año pasado. Pero no sólo ha sido ese año, en 2003 se contabilizaron 219,573 multas por diversas violaciones a la citada Ley.

Entre los artículos más violados se encuentran el 181, numeral 4, del Reglamento, que prohíbe estacionarse en lugares señalizados. Por esta infracción los automovilistas pagaron Q22.866,000. Además, por obstruir el tráfico Q7.198,000 y por virar en lugares prohibidos la comuna recaudó Q1.796,000.

Pero no es sólo eso, irrespetar la señal roja del semáforo dejó a la municipalidad Q3.033,000, y no llevar equipo básico dentro del vehículo, Q1.959,000.

Otras normas que los pilotos guatemaltecos pasan por alto se refieren a no respetar la señal de virar a la derecha o a la izquierda, circular sin cinturones de seguridad y obstaculizar la circulación.

También el artículo 181 del reglamento de Tránsito impone penas de Q200 ³por producir sonidos o ruidos estridentes, exagerados o innecesarios por medio de los propios vehículos: escapes, bocinas u otros aditamentos². Sin embargo, es muy fácil observar en las calles vehículos y autobuses que incumplen esta normativa.

Al tin marín

Tras bambalinas, tanto autoridades gubernamentales como municipales y escuelas de automovilismo, reconocen que la ciudad se ha convertido en una selva, donde cada quien hace lo que quiere y se defiende como puede.

El director de Comunicación Social de la Municipalidad de Guatemala, Enrique Montano, expresa que las reglas de tránsito existen para que los automovilistas puedan convivir en armonía sin conflictos y guardando la seguridad pública, pero su desconocimiento impide que se logre tal armonía.

La gente se queja porque no hay señales en las calles. Pero existen reglas básicas: el giro en U, por ejemplo, está prohibido en todas las avenidas donde exista abertura del paseo central. No se precisa de ningún letrero porque es una disposición para toda la ciudad, advierte el funcionario municipal. No obstante, es necesario un refuerzo de educación vial, expresa.

Pero la buena pregunta es ¿a quién le corresponde iniciar una campaña de esta naturaleza? Mazariegos, de la PMT, asegura que las escuelas de automovilismo deberían cumplir este papel, pero no lo están haciendo.

La mayoría de los exámenes para obtener la licencia de conducir tampoco aportan mucho. Los postulantes se examinan con escasa preparación y apenas hojean el reglamento de tránsito, pero al final de cuentas salen a las calles sin ninguna educación vial y las actitudes descorteses, indolentes o agresivas de esos conductores amenazan la calidad de vida del país.

Ante ese señalamiento Hugo Rustrián, director de la escuela de automovilismo ETYCA, señala que la responsabilidad es de todos y no sólo de un sector, pero aún más de la misma PMT y la de Municipalidad capitalina.

Sin embargo, como muestra de su aporte, Rustrián expresa que ellos promueven un proyecto en el cual cualquier persona que quiera adquirir o renovar su licencia debe presentar, como una condición, un diploma de haber aprobado un curso de educación vial.

Esto, a criterio de Pablo Mérida, subdirector de la Dirección General de Transporte, es urgente, pues apenas un 25 por ciento de todos los conductores ha recibido algún curso de educación vial, señala.

Esas declaraciones tienen concordancia con un estudio realizado por la revista española Consumer.es en 43,000 pilotos, donde un 28 por ciento de los conductores cruzaron un semáforo en rojo o en amarillo, o reanudaron su marcha antes de que se pusiera en verde.

Además, más del 64 por ciento de los automovilistas no cedieron el paso a los peatones que deseaban cruzar la calle y más del 45 por ciento no realizaron correctamente el alto. Otro 62 por ciento no advirtió, mediante luces intermitentes, la maniobra que realizaba y, finalmente, en el 85 por ciento de los vehículos estudiados uno o más ocupantes viajaban sin el obligatorio cinturón de seguridad.

Los datos surgidos del informe demuestran que el grado de cumplimiento de las normas de tráfico es insuficiente y los hábitos incorrectos de algunos conductores explican, en buena medida, la frecuencia y gravedad de los accidentes de tránsito.

Siempre ultrajada

Hugo Mota, un especialista en la Ley de Tránsito, va más allá al señalar que es imprescindible se obligue a respetar las reglas de tránsito, ya sea con multas más drásticas, sanciones penales o con asistencia obligatoria a cursos impartidos por instituciones especializadas.

Con esto está de acuerdo Montano, quien también aboga, junto a Mazariegos de la PMT, por una reforma urgente al Reglamento de Tránsito, pues para muchos es letra muerta.
Hay varias cosas que quedan impunes por falta de una legislación moderna, dicen. Como ejemplo citan: en el actual Reglamento no se tipifican como delitos las acciones o accidentes donde se ven involucrados conductores en estado de ebriedad.

Actualmente, si a un piloto lo sorprenden conduciendo en estado de ebriedad, ³lo más que pueden hacer los agentes es impedir su marcha, llamar a un familiar o amigo para vaya a recogerlo y allí se acaba todo², explica Montano. No existe ninguna sanción ni contra el piloto ni su licencia.

Otra de las reformas es relativa a las multas. Hay sanciones de Q100 no equivalentes a la falta cometida y deberían ser más severas, para sentar precedentes en los pilotos, expresan los expertos.

Además debería elaborarse un banco de datos del conductor, donde se registre todo el historial de una persona al volante, para aplicar puntos a la licencia. Con tres puntos, por ejemplo, debe imponerse una sanción severa a la persona, advierten.

³No se trata de multar por multar ni por obtener ingresos, sino porque es la única forma de ordenar el tránsito en la capital, pues estoy seguro de que la persona multada no vuelve a cometer esa infracción², señala Montano.

Mazariegos, de la PMT, explica que esa dependencia elaboró un documento con una propuesta de más de 30 reformas al Reglamento, el cual fue entregado el año pasado al Ministerio de Gobernación, pero hasta el momento no ha tenido respuesta alguna.

Lo conoce, pero lo incumple

Los expertos reconocen que muchos pilotos conocen algunas de las normas de la Ley de Tránsito, pero no las cumplen. Una investigación realizada por la revista española Luchemos por la Vida muestra los siguientes datos:

Semáforo en rojo

El ciento por ciento de los encuestados conocía el significado del semáforo rojo, pero en una observación sistemática realizada en las calles con semáforo, se comprobó que diariamente los conductores no respetaban el semáforo en ese color.

Alcohol y conducción
El 92 por ciento sabía que ³un par de vasos de vino u otra bebida alcohólica afecta los reflejos al conducir automóviles². Pero en una encuesta sobre hábitos alimentarios y conducción el 83 por ciento reconocía conducir después de haber ingerido alcohol.

Velocidad
El 76 por ciento reconocía que ³la conducción, a mayor velocidad de la estipulada, aumentaba el riesgo de sufrir un accidente de tránsito², pero en una encuesta acerca de su velocidad habitual de conducción en ruta, el 45 por ciento de la población reconocía circular a 130 km/h o más.

Niños en el automóvil
El 71 por ciento reconocía que ³los niños pequeños no están seguros en los asientos delanteros yendo sueltos o aun sostenidos por un mayor². Sin embargo, un 42 por ciento de los padres llevaban a sus hijos en el asiento delantero del automóvil en esas condiciones.

Cinturón de seguridad
El 67 por ciento de la población reconocía que ³el cinturón de seguridad protege a los ocupantes de vehículos en caso de accidente de tránsito², pero solamente el 3 por ciento de esa misma población lo usaba.

Casco
El 65 por ciento de los conductores de motos o ciclomotores reconocían el efecto protector del casco en caso de accidente. No obstante, en observaciones en la vía publica, solamente el 19 por ciento lo usaba.

Jeovany Ibáñez




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