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Fórmula 1

El estruendo provocado por el choque de la carrocería de los autos Fórmula 1 con el viento, fue la bienvenida. La frenada, compresión y posterior aceleración de cada auto pasando por la recta del Circuit de la Comunitat Valenciana, Ricardo Tormo, fueron la continuación.

Es difícil describir la impresión causada por ese conjunto de sonidos. Más que oírlos, literalmente se sienten en todo el cuerpo. Las ondas se expanden hasta en la parte externa de la instalación deportiva, provocando euforia a quienes están por entrar a observar las prácticas del automovilismo más importante del mundo: la Fórmula 1.

Los trailers estacionados en perfecto orden, son una pequeña muestra del cuidado en todos los detalles del trabajo de los equipos y sus proveedores presentes en la práctica: ADAC, BMW, Bridgestone, Ferrari, Honda, McLaren, Michelin, Renault y Toyota. Trajes pulcros, limpieza total y acero inoxidable pulido dan un ambiente expurgo, más parecido a una clínica que a un área de pruebas.

Frecuentemente los pilotos no saben qué están probando cuando salen a la pista y, en algunas ocasiones, son ellos mismos quienes están a prueba.

La entrada a la calle de fosas (pit lane) se hizo a través de un espacio destinado a las ruedas de los FW27 de BMW-Williams. Apilados en columnas de cuatro ruedas cubiertas por calentadores, así se mantiene la temperatura de los neumáticos por medio de cobertores eléctricos, comandados por una computadora cuyo programa mide la temperatura de la pista, la del ambiente, el setting (acomodo) del auto y otras variables. Al lado está un espectómetro utilizado para medir las cantidades de hierro, aluminio y otras partículas, en las muestras de lubricante utilizado en las pruebas.

Al salir al pit lane y mirar hacia el garaje de BMW-Williams se observa a Nick Heidfeld profundamente concentrado. Su compañero, Mark Webber, espera que le cambien la caja de velocidades de su FW27. Parece casi imposible que gente tan joven tenga la responsabilidad de millones de euros invertidos y la de sus propias vidas. El espectáculo es todo un mundo de cuasi fantasía. Esto invita a pensar ¿cuál será la relación años contra inversión manejado en esto?, ¿habrá otras personas tan jóvenes con tanto compromiso?
El momento de reflexión es roto por el ruido de un bólido tomando la recta a unos 420 Km/hora. Se trata de un Toyota, conducido por Ralf Schumacher. Segundos después entra a la pista su hermano, Michael, seguido por Juan Pablo Montoya.

En medio del entrenamiento de tanta luminaria antes de iniciar la temporada, el acercamiento a los autos, pilotos, equipos y glamour de la Fórmula 1 confirma el espíritu deportivo de los participantes. Más allá de la postura hollywoodense están los seres humanos que saludan, posan para una foto, sonríen y viven su trabajo como cualquier hijo de vecino, al alcance de sus seguidores. Esto hace aún más grande a la máxima categoría.



Por: Néstor A. Lararzábal B.
Reportando desde Cheste, España




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