Página inicial        |       Archivo de ediciones        |        Contáctenos        |        Directorio        |        pl
logo
Discapacitados al volante

Padecer algún tipo de minusvalía física e incluso moverse en silla de ruedas o con muletas, no supone un impedimento para conducir. En Guatemala, muchos discapacitados físicos circulan diariamente en automóvil, aspirando a una mayor libertad, menor dependencia de los demás y demostrando así que cualquier discapacidad se puede superar.

Para muchas de estas personas, quienes aún no cuentan con una licencia ni mucho menos con un vehículo, conducir un automóvil significa un paso adelante para su calidad de vida, pues así pueden desplazarse por la ciudad con mayor comodidad. Pese a esos beneficios, los discapacitados deben enfrentarse a dos grandes obstáculos: acceder a una autoescuela suficientemente preparada, y adquirir y adaptar su carro.

Viajar con un piloto discapacitado es una experiencia llena de nerviosismo. Más aún cuando el conductor en lugar de brazos tiene dos prótesis. Eso es lo que me tocó vivir al iniciar este reportaje con Raúl Girón, quien iba conduciendo el picop Chevrolet GMC, automático.

Conducir un vehículo, después de la amputación de mi pierna, me da libertad e independencia así como la oportunidad de ayudar a muchas otras personas discapacitadas, expresa Fernando Serrate.

Arrancar el vehículo no fue nada fácil, pero ³es cuestión de práctica², dice. Con los ganchos de la prótesis derecha, Raúl agarra la perilla que le ha adaptado al timón y con ella comienza a maniobrar. Debe mantener su prótesis izquierda tensa para que el arnés, que sostiene ambos aparatos, pueda darle seguridad y firmeza al lado derecho.


En las primeras cuadras en medio del tráfico sentía un poco de temor, pero conforme avanza el piloto transmite confianza, incluso más que algunos conductores que tienen todos sus miembros.


A Raúl Girón la vida le cambió abruptamente a los 29 años. Trabajaba de liniero en la Empresa Eléctrica de Guatemala, cuando al revisar unos cables de alta tensión hizo contacto con uno de ellos y recibió una descarga de más de 7,000 voltios. ³Gracias a Dios, no morí², dice, pero sus dos brazos quedaron con severas lesiones.


Cuando se quiere se puede, parece ser el lema que día a día alimenta el espíritu de estos hombres y mujeres que por diversas circunstancias de la vida han perdido alguna parte de su cuerpo o han quedado con alguna discapacidad.

Después de muchos esfuerzos por rescatarle sus extremidades superiores, los doctores llegaron a la conclusión que ya no se podía hacer nada: tenían que amputarlas. Y así fue.
A Girón le costó aceptar su nueva condición de discapacitado. La depresión y la agresividad fueron la constante en esa época oscura. Pero el apoyo de su madre y de su novia lo ayudaron a superar esa etapa. Aunque antes del accidente ya manejaba, la experiencia de volver a agarrar el timón no ha sido nada fácil. Más ahora que tiene que ingeniárselas con las prótesis.

César Eduardo Narciso es otro ejemplo de perseverancia. Desde el vientre de su madre tuvo una rotura de la médula espinal que le provocó una paraplejía, o sea que sus extremidades inferiores no se desarrollaron por completo. Desde muy pequeño, una silla de ruedas ha sido su compañera inseparable, pero eso no ha minado su espíritu de perseverancia. Logró graduarse de Bachiller en Ciencias y Letras, y ahora labora en la planta de recepción del Ministerio de Comunicaciones y Vivienda.

Hace un par de años ³se me metió la locura de aprender a manejar², afirma. Al principio su familia mostró oposición, pero poco tiempo después lo apoyaron. Logró comprar un automóvil automático y algunos amigos le comenzaron a enseñar. Las primeras clases no fueron nada fáciles y hasta se sintió desanimado, porque aunque podía mantener el control del timón, sus pies no llegaban a los pedales. Creyó que sería imposible, pues un adaptador especial para pedales llega a valer hasta mil dólares.

Un amigo suyo le recomendó a un herrero, quien ya había hecho otras adaptaciones. El artesano adaptó dos barras de hierro en cada pedal y las afianzó al piso del vehículo, del lado de la palanca de cambios, de tal manera que ahora puede frenar y acelerar con la mano derecha.

Para bajarse y subirse del automotor, Eduardo realiza todo un esfuerzo. Siempre desciende por el lado derecho. Para ello tiene que jalar sus piernas y todo su cuerpo al asiento del copiloto. Luego abre la puerta y toma la silla de ruedas que está en el sillón trasero y la baja. Tras una serie de movimientos, por fin logra sentarse. Todo ese proceso es una tarea compleja, pero para Eduardo es algo necesario que le ha dado autonomía y espíritu de superación.

Las dificultades para aprender a manejar no fueron ningún obstáculo para Raúl, aunque al principio no fue nada fácil, asegura.
Luchando contra todo

Para un discapacitado, aprender a manejar un vehículo es una tarea cuesta arriba. Pero no porque no tenga la voluntad ni la capacidad de asimilar las clases, explica el presidente del Consejo Nacional de Discapacitados, Conadi, Carlos Pérez. Es un veterano de guerra que perdió una pierna en un enfrentamiento armado, pero ha sabido sobreponerse y hoy con una prótesis también maneja un vehículo automático.

La mayoría de sus conocidos que han aprendido a conducir, lo han hecho con familiares o amigos, pues no han encontrado ninguna escuela de automovilismo que cuente con vehículos adaptados a sus necesidades. Esto, para Pérez, refleja la falta de preocupación por este sector de la población.

Y quizá tenga razón, porque Mundo Motor llamó a una de estas autoescuelas para preguntar si enseñaban a manejar a personas discapacitadas. Sin embargo, el instructor que atendió se mostró asombrado, pues nunca le habían pedido ese servicio. Además señaló que no tenían vehículos adecuados.

Colaborar con personas discapacitadas que mantienen un espíritu de superación es gratificante, expresa Cintia Girón, fisioterapista, quien dedica parte de su vida a ayudar a personas que tienen alguna discapacidad.

Dentro del sector sostienen que esta exigua oferta se debe a que es un servicio muy costoso, que las autoescuelas no ven con buenos ojos por la escasa rentabilidad que reporta. Según algunos estudios, el costo para adaptar un vehículo puede ascender a más de 10 mil quetzales.

De acuerdo con Jonathan Vielman, supervisor general de la Escuela de Automovilismo Best, la demanda es poca, ³quizá no llega a un uno por ciento², explica. Debido a ello considera que no se puede invertir demasiado dinero, para mantener un vehículo estacionado.

Pero esa falta de atención hacia este sector se hace evidente en la misma dependencia del estado que controla la emisión de licencias de conducir: el Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil. De acuerdo con su director, Benedicto Pineda, la institución no tiene datos estadísticos sobre cuántas personas con discapacidad circulan por las calles conduciendo un vehículo.




Estamos comprometidos a buscar ayuda para aquellas personas discapacitadas que quieren salir adelante en todos los aspectos de su vida, afirma Carlos Pérez, presidente de Conadi.

Es más, tanto este departamento como las mismas autoescuelas carecen de una ley que regule la forma como deberían realizar los exámenes teórico y práctico, dependiendo el grado de discapacidad.

Pineda se limita a decir que las personas discapacitadas pueden obtener, como cualquier otra persona, las licencias tipo B y C, sin más requisitos que un examen teórico y realizar uno de aptitud con un vehículo convenientemente adaptado a sus necesidades, aunque debidamente aprobado en sus modificaciones. Pero esto último no se cumple.

Lo que sí asegura el Jefe de Tránsito es que el examen no suele ser sencillo. ³Se les pide incluso por encima de la media. Tienen que conducir en la carretera igual que cualquier otro conductor; deben ser pilotos seguros, por eso el nivel de exigencia es alto².




Simuladores para aprender a manejar

Luego que una persona queda discapacitada y quiere volver a conducir, existen simuladores de conducción para comprobar sus aptitudes al volante. En este aparato se mide la fuerza que tiene la persona en los brazos, con el fin de analizar qué tipo de adaptación requiere su auto.

Se comprueba si puede realizar la maniobra del cambio o si es mejor instalar directamente un cambio automático, que no necesite tanta manipulación por parte del conductor.

Para garantizar la seguridad del discapacitado, como del resto de la población, es necesario disponer de dispositivos que reproducen situaciones reales. La transnacional de vehículos Fiat comenzó hace unos años el denominado programa Fiat Autonomy.

Dentro de este programa, la multinacional automovilística ofrece la posibilidad de hacer adaptaciones para personas discapacitadas. Además, anuncia importantes descuentos en la compra de cualquier modelo del grupo automovilístico Alfa Romeo, Fiat o Lancia.

Estos simuladores disponen de elementos electrónicos especiales para medir las reacciones al volante y el campo visual de la persona que los utiliza. Todos los datos de cada usuario son memorizados por una computadora que, después de procesarlos, los ofrece impresos. Con este documento, la persona puede acudir a un taller especializado en adaptaciones y pedir a medida el tipo de vehículo que necesite.

Todos los días las personas discapacitadas tratan de mantener ese contacto con la sociedad, para que los tomen en cuenta y no sentirse discriminados.
Librando obstáculos

En medio de esta discusión, a muchos discapacitados y discapacitadas lo que les interesa es vivir una vida independiente que les dé libertad de movimiento, pese a los obstáculos que tienen que derribar. Por ejemplo, doña María Elena Molina sufre de secuelas de la poliomielitis en sus dos piernas. Tras varias intervenciones quirúrgicas su pie derecho quedó inmóvil, obligándola a utilizar dos muletas.

Hace diez años tomó la decisión de aprender a manejar. Como en todos los casos fueron amigos suyos los que le enseñaron. ³Al principio era un manojo de nervios², recuerda. Cada clase tenía su propia experiencia. En esa fecha, un adaptador profesional costaba 800 dólares. Era imposible que lo pudiera comprar, expresa. Al final, por 25 quetzales consiguió que le soldaran una barra de hierro a los pedales.

Si el aprender a conducir fue un tormento, más lo fue un examen de 400 preguntas al que la sometieron, sin entender por qué le hicieron esa evaluación. Posteriormente vino la prueba práctica, dos días después tenía el permiso de conducir en sus manos. Hoy, el vehículo le es indispensable, ya que María Elena se dedica a trabajar con personas discapacitadas para infundirles ánimo y hacerles ver que se puede salir adelante.

Acceder a un aparato especial para adaptarlo al automóvil no es nada fácil, ante esto, las personas discapacitadas tienen que recurrir a algunos improvisados.
Adaptaciones para cada necesidad

La importancia del automóvil, como medio de transporte, resulta vital para lograr un mínimo de libertad para quienes, ya de por sí, tienen limitada su movilidad, asegura el presidente de Conadi.

La compra de un vehículo resulta crucial y por ello es vital asegurarse que permita las modificaciones necesarias, que pueden ir desde la transformación de los mandos de control, hasta la incorporación de plataformas o sillas móviles para situarse al timón.

Para las disfunciones de las extremidades superiores existen dispositivos que van desde la inversión de la palanca del cambio, hasta la del freno de mano, pasando por un joyastick que realiza varias funciones. También para las minusvalías inferiores existen multitud de opciones: embragues electrónicos, juegos de pedales modificados y puños de mando como acelerador, aunque, claro, Guatemala no cuenta con compañías que se dediquen a realizar estas adaptaciones. Los discapacitados tienen que utilizar la creatividad para hacerle las adaptaciones a sus vehículos y son pocos los que tienen la posibilidad de colocar dispositivos adecuados.

Jorge Carrillo, un abogado quien tiene parálisis de la cintura para abajo, ha demostrado tener un espíritu de lucha y de superación únicos, conduciendo únicamente con las manos. Hace dos años, unos delincuentes le acertaron dos balazos en la columna vertebral y le dañaron unas vertebras. Pero eso ha quedado atrás, asegura, y hoy se dedica junto con otros discapacitados a ayudar a muchos minusválidos.

Jorge conduce su camioneta automática, gracias a un mando de control profesional de los pedales que puede maniobrar con su mano izquierda. ³Es muy práctico y seguro, cuando empujo hacia dentro frena y cuando lo bajo acelera², expresa.

Este abogado es de la idea de que sus compañeros discapacitados que conducen tengan adaptadores especiales, pues de esa manera manejan seguros y dan seguridad a los transeúntes.

Lo mismo piensa el gerente del taller Brasilia, Víctor Pereira, quien desde hace varios años se dedica a importar y adaptar dispositivos especiales. Para él, estos aparatos han sido diseñados después de largos estudios y brindan mucha seguridad. ³Instalar unas barras de hierro, soluciona temporalmente el problema, pero son inseguras², explica.

Ante ello, Conadi busca la formulación de políticas públicas, para la ayuda e inserción de las personas con discapacidad a la fuerza de trabajo, accesibilidad en espacios físicos y medios de transporte; fuentes de información y medios de comunicación; participación en los deportes, recreación y cultura, y todas las actividades que requiera el desarrollo de una persona con discapacidad, señala Pérez.

Mientras tanto, para las personas discapacitadas contar con un automóvil y aprender a manejar no es un lujo ni sólo un medio de transporte, sino representa un instrumento para desarrollar una vida más independiente, plena y productiva.


Jeobañi Ibañez

Fotos: Jorge Morales




Otros artículos en esta sección