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¿Quién da más? Las subastas, una valiosa oportunidad

Comprar un auto que ha sufrido un siniestro tiene connotaciones negativas para el proceso de adquisición. Este término, utilizado por las aseguradoras, invita a pensar que tras uno de estos vehículos hay una aviesa historia la cual puede implicar un accidente, un hurto o un atentado.

Al crecer el número de vehículos asegurados y, por lo tanto, la cantidad de automotores siniestrados, las transacciones directas también se incrementaron, pero la compra directa de un cliente a una aseguradora, o bien, al dueño de un carro asegurado, tiene riesgos como trámites pendientes de solventar ante tribunales, remisiones no pagadas, entre otros inconvenientes.

Por eso se crearon empresas para auxiliar a las aseguradoras en el proceso de conversión o volver efectivo un inventario de lotes de motocicletas, carros, pickups, camiones o camionetas, recogidos como parte del servicio de aseguramiento que dan estas instituciones a sus clientes.

Las empresas que subastan autos siniestrados cumplen una valiosa función, porque son el enlace entre el mercado de autos usados y las aseguradoras. De esa forma son un elemento que justiprecia los vehículos con algún tipo de reparación pequeña o mayor.

El martillero se desplaza por la playa de estacionamiento.

Además de esa función, también son las encargadas de limpiar el historial de un automotor, es decir, los carros que salen a subasta ya tienen toda su documentación en orden, para evitarle desagradables sorpresas a quien lo compre.

En su más pura concepción, las subastas formales son un intermediario que cataliza la negociación entre una aseguradora y un usuario final, permitiendo un flujo mercantil de buena fe, cuyo efecto final será la satisfacción de ambas partes.

Nacida en Estados Unidos, esta categoría de negocio se ha establecido en Guatemala gracias a la atinada decisión de un grupo de conocedores del campo de seguros, los riesgos asegurables, los siniestros, así como del mercado automotriz.

La empresa pionera en el ramo se llama La Subasta y El Remate, fundada hace cuatro años en nuestro país, ya con una sucursal en El Salvador y pronto empezará operaciones en Honduras.

Una mecánica evalúa la mercancía.
Al mejor postor

La almoneda se realiza con periodicidad mensual y pueden asistir quienes adquieran una membresía anual de US$ 100, con los cuales tiene derecho a asistir a todas las subastas para pujar y comprar cualquier cantidad de bienes participantes.

Al llegar se asigna una paleta con un número, con el cual se procede a identificarse en cada puja.

Los vehículos están identificados con número, precio de reserva (valor mínimo aceptado) y alguna indicación especial. En el numeroso lote pueden encontrarse desde vehículos que sólo servirán para aprovechar algunas de sus piezas, hasta carros casi en perfectas condiciones, recuperados luego de haber sido robados o secuestrados.



La cantidad de modelos y posibilidades es inmensa.

Los asistentes tienen libertad total de revisar los autos y, a partir de allí, evaluar el precio de restauración para tener claramente establecido lo máximo a ofrecer.

El martillero es quien viaja en la palangana de un pickup y se dirige a los oferentes dando las indicaciones de cada carro a subastar, la dinámica de puja y asignación final al mejor postor. Al lado de él coordinadores de la subasta, una persona con fe pública y otras más hacen posible la operación con absoluta transparencia.

Cada ganador de una puja tiene que hacer efectivo el pago total acordado, en un plazo establecido por la empresa, posterior a lo cual se hacen los trámites de traspaso y entrega del bien al nuevo dueño.

La oferta no se limita a los automóviles.
Para los que saben

Quienes se dedican a reparar vehículos son los más frecuentes asistentes, ya que luego de arreglar un auto chocado pueden cubrir sus costos de compra en la subasta, repuestos y mano de obra, además de un margen justo por el proceso de trabajo.

Para quienes desean adquirir una ganga la situación puede ser no tan fabulosa, como inicialmente podría pensarse, debido a que el cálculo de las erogaciones de compostura está conformado por datos que sólo los especialistas manejan con exactitud. De cualquier manera, asistir sirve para relacionarse con ese mercado emergente y luego convertirse en un conocedor del tema.

En resumen, este proceso comercial es un eslabón útil para el parque automotriz guatemalteco, porque le da un carácter formal a la reincorporación de carros estropeados, es una fuente de piezas usadas a buen precio y, en último caso, recicla objetos que podrían convertirse en una fuente de contaminación en nuestro medio ambiente.

Néstor Larrazábal




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