Página inicial        |       Archivo de ediciones        |        Contáctenos        |        Directorio        |        pl
logo
Las campañas publicitarias no solucionan el problema

Hace unas semanas una conductora se estacionó en uno de los dos carriles de una avenida de la ciudad, en una hora pico en la cual, indiscutiblemente, la lógica y las normas indican que es prohibido hacerlo, provocando un atasco automotriz. Solicité a un agente de la Policía Municipal de Tránsito su intervención, pero amablemente me dijo: ³No hacen caso. Viera, uno puede dejar la vida con los enojos que le da la gente. No hacen caso².

Sus palabras indicaron desesperación, desesperanza y cansancio. Indudablemente, derrotado ante el sistema, al agente no le queda más opción que trabajar por el salario.
Mientras en otros países se establecen políticas de seguridad vial, cimentadas en un sólido marco jurídico, serios programas educativos y proyectos formativos, en el nuestro la carencia de ellos nos marchita la esperanza. Algunas entidades gubernamentales y del sector privado hacen campañas llenas de buenas intenciones, pero de dudosa eficacia, debido a que son acciones golondrinas, fugaces, carentes de una continuidad que permita su evaluación.

Muestra de la debilidad de la administración y ejecución de justicia, es la constante fuga de quienes cometen delitos al volante. La escena se repite: ³Un bus, trailer, camión o automóvil comercial embiste a otro. Varios muertos y otros tanto heridos. El chofer se dio a la fuga². No extraña que antes de que los fallecidos sean enterrados y a los heridos les den de alta en el hospital, el chofer causante de la desgracia ya esté manejando otro bus o camión y que el vehículo comercial ya esté trabajando. Es decir, no hay responsabilidades penal ni civil reales. Y como casi todo en Guatemala, nada pasa, nada pasó.

Como no se ve ninguna luz al final del túnel parece ser que la educación, la alimentación y la justicia son los puntos por lo cuales debe empezarse. Pero cabe preguntarse: ¿se enseña la educación vial en las escuelas y colegios?, ¿cuánta importancia se le da?, ¿cómo se empalma lo aprendido con la actuación diaria del estudiante? Así como, ¿cuál es el nivel mínimo de salud para que una persona tenga condiciones límite para manejar?, ¿qué nutrimentos deben consumir para lograr ese nivel?, ¿saben, quienes manejan, los alcances legales de esa tarea?, ¿qué tan maduros son para realizarla con seguridad?
Mientras sigamos con creativas, bonitas, entretenidas y simpáticas campañas de divulgación, sin hacer cambios estructurales, el problema seguirá agravándose.

Néstor Larrazábal




Otros artículos en esta sección