Museo Petersen: un viaje al pasado y a la fantasía

Elegante Packard de los años '40.

Conjugar los automóviles exóticos, extraños y hasta fantásticos con el aprendizaje, es la más relevante característica de este museo.

En junio de 1994 en el boulevard Wilshire de Los Angeles, California, se inauguró el Petersen Museum. Al ingresar por sus puertas se viaja a un mundo mágico que revive la historia a través del carro, pues en torno a él se establecen los momentos importantes del último siglo.

Los museos más famosos se ubican en Europa, pero sus características más preciadas es que reúnen obras que generalmente tienen un valor de mercado exageradamente alto. De allí que haya colecciones que cuestan varios millones de euros.

El punto de vista europeo del tema auto está dirigido a la tecnología, la historia de la industria, la inventiva y a la protección de bienes que, con el tiempo, corren riesgo de perderse. Si bien esta orientación es interesante para el amante de los autos, es un poco desanimada para el público en general y, especialmente, para los niños.

En cambio el Museo Petersen parte del espíritu hollywoodense del espectáculo: los autos no están apiñados unos con otros, hay interacción entre los visitantes y los escenarios montados, es decir, ofrece un mundo de fantasía accesible.

Por ejemplo, al subir al segundo piso lo primero que ve el visitante es un auto Hot Wheels de escala natural. Luego descubre otros dos de estos vehículos, que son únicos en todo el mundo. Estos tres autos son los primeros que surgen en el sentido inverso al de los autos a escala, de la réplica al modelo a tamaño real.

Batimóvil utilizado en las últimas versiones para cine.

HotWheels ha desarrollado centenares de pequeños autos de fantasía (escala 1:64) y observando la aceptación e importancia de algunos de ellos, procedió a crear los Twin Mill, Deora y Deora II a tamaño natural. El reto mayor fue que los autos funcionaran como cualquier vehículo de calle, agregando la funcionalidad de los elementos que se habían incorporado, es decir, el Twin Mill que tiene dos enormes motores frontales, tales máquinas tenían que estar operando.

En esa área también pueden apreciarse autos cuyo protagonismo los ha hecho merecedores a ser reconocidos a través de ediciones especiales de réplicas. Entre ellos se encuentra un pickup de Richard Petty (mayor campeón de NASCAR a la fecha), un dragster de Don Prudhomme, y otros.

Pero el viaje al mundo del auto se inicia desde el parqueo para el público, donde se puede aparcar al lado de un ³rocket car² que estableció algún récord de velocidad en tierra, o bien, contiguo a una motobomba de principios del siglo XX. Antes de la entrada principal se exhiben, abiertamente, una docena de piezas que anuncian las espectaculares máquinas que se aprecian en el interior del edificio.

Batimóvil de los años '60.

En el primer piso, los dioramas o instalaciones de talleres de antaño, salas de ventas de autos, garajes propios de las casas suburbanas de los años 60, carreteras, y demás, muestran no sólo cómo eran los autos de entonces, sino también cuál era su entorno.

El tercer piso está reservado para los autos especiales y carros de espectáculo. Los dos de los tres batimóviles existentes (el de la serie televisiva de los 60 y el de las películas de los 90) ocupan un lugar especial. Un trabajador del museo indica que se está tratando de conseguir el primer batimóvil, pero que esa tarea ha sido muy difícil. Allí también podrá apreciar a Herbie, el Volkswagen de Cupido Motorizado, y una versión a tamaño natural del auto de Meteoro, el Mach 5, proyecto que ocupó muchos recursos porque ese carro nunca ha existido más que en caricaturas.

Típica escena del policía de tránsito escondido tras una valla publicitaria.

Además pueden verse autos de artistas famosos, como uno perteneciente a Elton John. Los variados diseños Hot Road y la exhibición de más de 20 motocicletas complementan esta área.

Uno de los sectores más interesantes es el cuarto piso, dedicado a la educación infantil. A través de maquetas de motores se enseñan los cuatro tiempos del motor de Otto, la inercia, los frenos, el comportamiento de la suspensión, los tableros de los autos y las cajas de velocidades.

Los recursos pedagógicos son tan extensos que el conocimiento es sumamente digerible, ya que al jugar con estos aparatos, los niños aprenden experimentando directamente con maquetas de las piezas de los autos, así como sintiendo su funcionamiento. En realidad éste es un verdadero tesoro del museo, porque hace accesible el concepto del auto a los futuros conductores.

En resumen, el Petersen Museum ofrece solaz para toda la familia, pero no sólo distrae, sino también fomenta el aprendizaje de la técnica motriz, del urbanismo y de la física aplicada a esta tecnología.

Néstor Larrazábal




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