| El reto diario |
Manejar en nuestro país exige destreza, habilidad y una buena dosis de suerte. Más allá de las capacidades de operación del vehículo manejado, se debe desarrollar un sexto sentido para adivinar o prever los frecuentes abusos, faltas a las leyes de tránsito e insolencias de peatones, motociclistas, taxistas, autobuseros y otros conductores.
Pero antes de ver la paja en el ojo ajeno, es saludable autocuestionarse, es decir, cada conductor debe responder a sí mismo: ¿Siempre respeto las leyes y normas?, ¿manejo sin cometer error alguno?, ¿espero que los demás tengan consideración conmigo, como un acto espontáneo?, ¿soy considerado, cortés y amable con los transeúntes, conductores y motociclistas?, ¿me disculpo al provocar alguna molestia a otra persona?
Otra situación a considerar es que, sin lugar a dudas, los esfuerzos de las autoridades generan resultados aceptables, pero el nivel general de educación vial es malo, de manera que los automovilistas tienen una actitud reactiva en lugar de una conducta natural. De allí que respetan una luz roja si hay un agente de la Policía Municipal de Tránsito cerca del semáforo, de lo contrario, a pesar del riesgo de provocar un accidente, muchos no hacen el alto ante tal indicación.
Es decir, la situación ya es bastante caótica y las soluciones legales o coercitivas no funcionan como deberían, mientras la educación vial es casi una materia olvidada en la mayoría de cátedras.
Para tratar de vivir mejor, cada uno de nosotros debe ser un gestor autónomo del mejoramiento del tránsito. No debemos pensar que toda la responsabilidad la tienen los otros. Empezar por nosotros mismos sería un buen comienzo.
El primer paso es mostrar inteligencia emocional al volante. Con una pequeña colaboración hacia el prójimo se puede mejorar grandemente nuestra pesada carga al conducir. Por eso, le sugiero ponerse como meta darle paso a tres automovilistas que así lo requieran, cada día. Si quiere verlo de una manera egocéntrica, no lo haga por ellos, hágalo porque usted se va a sentir bien, satisfecho, con la solvencia de ser un mejor conductor.
Si usted comparte esta idea con sus parientes, amigos, compañeros de trabajo o de estudio, seguramente lo aplaudirán, porque dará a entender que es una persona civilizada, con ánimos y disposición de generarse una mejor calidad de vida.
Propóngase el reto, de seguro le traerá consecuencias positivas.
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